jueves, 1 de agosto de 2019

Feminismo y salud mental

Tengo el honor de participar en uno de los grupos de wasap más interesantes que hay en mi ciudad. Somos más de cien mujeres, una parte de las cuales hemos creado un grupo paralelo para debatir, compartir y construir experiencias y estrategias en torno a la salud mental. Como somos feministas y no podemos evitarlo, esta perspectiva personal y política va a estar más que presente, al abordar la salud mental. No he dormido mucho, y la pintura de la habitación está a medio terminar, pero siempre queda la siesta y la perspectiva de la reunión de esta tarde, la primera presencial. Tenemos como punto de partida la amistad previa entre algunas de nosotras, que va a enriquecerse con las personas nuevas que seguramente serán también amigas. 

Algunas personas que leéis este blog quizá viváis también por aquí cerca, en A Coruña. Si veis que os interesa, no dudéis en poneros en contacto por aquí mismo, dejándome un comentario y una forma de ponerme en contacto con vosotras. Con la energía y vitalidad que ha demostrado el grupo inicial para crear redes, trasladarlo a la salud mental parece una excelente idea.

Buenos días.


miércoles, 31 de julio de 2019

Relatos

A los trece años escribí una novela romántica. Era un remake de Regreso al futuro, con ambientación rural y nombres en inglés, nada más previsible en la edad del pavo. Tenía ritmo narrativo, una cápsula-caravana modelo prototipo de ciencia ficción y un amor adolescente, cómo no. Ni idea de dónde la tengo.

Tres años más tarde empecé otra, esta vez más densa, más gótica (evolución trágica del estilo). Los diálogos prometían, (me los había currado mucho, todo hay que decirlo), no los entendía ni yo. Corrió la misma suerte.

A los dieciocho vino el primer desamor. Ahí empecé los diarios terapéuticos, que sí conservo. Escribía para consolarme, conocerme y reafirmarme, para ubicar el dolor en algún sitio sobre el que pudiera tener cierto control. El bolígrafo era el mando del control. Y así me peleaba con la adolescencia:   

Si al principio estaba confusa sobre el criterio que iba a seguir para rellenar este cuaderno, ahora no lo estoy menos. Sigo dudando del criterio (al final será el orden de mis pensamientos), pero creo que ya conozco la finalidad: que estas páginas moradas sean testigo de mis reflexiones, de mis logros en las relaciones con los demás, de mis experiencias ( y sobre todo de mis impresiones sobre estas) y en definitiva, de la forma que poco a poco va tomando esta cabeza de serrín que está cambiando de relleno (aunque de momento vaya granito a granito).

Alguna vez han destacado la constancia como una de mis cualidades. Releyendo esto me parece un comentario tierno y halagador.

martes, 30 de julio de 2019

Amor, humor y respeto.

A ver, los poetas locos me tienen un poco aburrida. Cuando escriben sobre infiernos suelen ser eso, infiernos, con abismos, fuego, sangre, grietas, monstruos que devoran por dentro, doctores jekyll y misters hydes que les habitan las entrañas, todo muy gore. Y demasiado romántico, para mi gusto. (Qué gusto decirlo, por fin)

La realidad de las poetas locas es bastante más doméstica, cómo no. Una crisis puede ser ponerte a pintar la habitación sin orden ni concierto, sin poner siquiera un plástico en el suelo, porque te olvidaste de comprarlo y porque lo último que pensabas es que te iba a dar el ataque del rodillo (bendito rodillo) cuando ya están todas las tiendas cerradas. Así que es muy posible que termines fregando el suelo de rodillas con un estropajo, cual cenicienta pasadas las doce, y luego de paso las piernas, también con un estropajo, porque te quedaron finas de los salpicones, y no precisamente de marisco.

Con el trabajo a medias, sin cenar pero con el suelo limpio, le echas un vistazo a las paredes. Ni de lejos se parecen a las de la casa de cualquier persona normal. Vale que está sin terminar y le faltan manos de pintura, bordillos y en realidad casi todo. Pero las locas domésticas no perdemos la más mínima oportunidad para filosofar sobre lo que sea. Era esto o una dosis aumentadita de ansiolíticos. Hasta aquí perfecto, hasta los psiquiatras empiezan a reconocer que el ejercico físico puede ser más beneficioso que la medicación. Pero la cabesa no para, y sigue pensando, a su aire. ¿No será que lo de las paredes perfectamente pintadas es capacitista?

Como anormal que soy, decido rebelarme, al menos de forma cautelar, a la dictadura de las paredes uniformes. Esa pared que ahora luce chorretones soy yo, en construcción permanente del mundo en el que quiero vivir, metiendo la pata y ejerciendo de pringada, si se tercia, con la dignidad y sinceridad bastante intactas a pesar de que el mundo en el que vivo no es ni de lejos el que me gustaría. Ya nos vimos en peores, también es cierto. Así que la pared se va a quedar así, qué remedio a estas horas, y ya veremos hacia dónde sopla el aire mañana. Ya en las últimas, le había metido chorros azules al blanco nuclear que tenía separado en el tupper. Como mañana me de por el amarillo tenemos fiesta seguro. 

Los inquietantes algoritmos del programa de vídeos que utilizo durante la sesión de pintura loca style me ponen flamenco viejuno, a cada cual más a juego con mis emociones atropelladas. ¿Internet también es mi amigo? No se puede tener tanta suerte en la vida. Todo empezó con una bulería de gitana rebotadilla que no sabe si se pena o se celebra, pero que lo canta todo a la vez, divinamente. Ella canta, yo pinto, y juntas parecemos normales, pero a ninguna se nos engaña fácilmente. La anormalidad te da una perspectiva mágica de las cosas que lo mismo te hace un poema, una llorera de cine, o un epicuro como dios manda. Larga vida y a cenar.


Clasicismo

Epicuro, larpeiro.

Feminismo

Ostras, pensé que pintar se me daba mejor...

Nihilismo

domingo, 21 de julio de 2019

Insomnios como primaveras.

Ahora está un poco más clara
la dirección de las flechas.
La tensión exacta,
el mirar situado,
la trampa de las sombras
y las reservas.

Desvergonzada
y cuidadosa,
la mañana
presenta batalla
al miedo que nos da la libertad.









sábado, 13 de julio de 2019

Flor y flecha

Escenas tiernísimas en el búho
(servicio nocturno de autobuses
para noctámbulas tranquilas
de una ciudad pequeña).

Hacia atrás
un capullo
recogido en sus envoltorios
escenifica una promesa
de purpurina dorada
y aerosol.

Lo prometido no es deuda
afortunadamente
si la flor se malogra
por ocultar
la nada
o los gusanitos.

Oh, vida breve.
Que efímera decepción.

domingo, 16 de junio de 2019

Soneto feminista

En esta zona de c@lor difuso
del cuerpo al ritmo siempre viajando
cuestiono seriamente si en el fondo
hablar tan claro no será confuso

no tanto por ausencia de misterio
como por miedo de invocar contrarios,
perderme en esta fiesta de inventarios
y reducirlo a una cuestión de ingenio.

La razón indígena, de tan alto precio
aconseja distancia, espacio y tiempo,
lingüística del texto

y ética del cuidado como faro
de asuntos enredados, como sueños
que venían, a lo tonto, del ritmo al cuerpo. 







martes, 4 de junio de 2019

Traba

Hay un lugar en mar cerca de este, admirable en su amplitud de mirada marítima, en las distancias de arena fina, las dunas, la fauna, la vida vegetal. Traba. Mi amiga B. regalaba su saber innumerables veces, su lugar de preferencia para ausentarse de la ciudad, quizás también de ella misma. Merece una visita, ni muy tarde, parte imprescindible de la idea de recuperar vivir antes que darle más vueltas a fantasmas de cualquier pelaje, seres y estares recurrentes en las fatigas que causan.

De niña sería ese el plan, de adulta hacerme niña, más veces. Se puede descansar después de esta travesura escrita, hundirse en ausencias que revelan detalles entre vigilias. Un hacer y placer sin sustancias ni angustias, plenamente prescindibles. Igual que una clave lúdica agazapada en una vida nueva, descubierta en una librería meses y meses y meses atrás, sin apenas interés justamente hasta aquí. Bienvenidas las sugerencias y las ganas.

domingo, 2 de junio de 2019

Katanazos

Empiezo por el final. Abandoné a mi fantasma en un despiste, una mañana calurosa de pausa entre partituras. Al volver a casa, ningún libro quería saber nada de mí, así que probé, sin más, a preparar una ensalada. Me la comí entera sin pesadillas en el estómago, una ensalada con cuadraditos que juntaban al azar sus caras en el mar de aceite. Tengo siempre la cabeza llena de rimas internas de mercadillo, y la duda en el borde de los barrios. Tengo también las letras en bucle y el ahí afuera en expansión. No se puede tener todo.

Tengo tengo tengo tú no tienes nada. En la tierra de la abundancia una podría guarecerse de las carencias, ja. ¿Ingenua a estas alturas? El arte y la psicología pelean a muerte el pastel político de las emociones. Si tienes la mala suerte de estar en medio, te llaman loca, por eso el orgullo, el amorcito colectivo, y el odiocito individual. Anda que vamos a avanzar mucho, con esta mochila.

Que nadie se engañe porque me planto, me riego y me crezco en los mejores jardines, una que tiene, sobre todo, suerte. Y lágrimas de sobra para aliviar sin miedo. Empiezo yo, y ya verás cómo te animas, que aquí nadie habla pero todo el mundo rabia. Y yo, que hablo, hablo de más. Antes me daba vergüenza y me dolía y me hacía daño y pensaba que por eso estaba loca. Ahora vivo en ese tipo de paz que te multiplica los afectos incluso cuando parece que se te van de las manos. ¿Querrías un poco de esto? Pues mira hay muchas costumbres sanas así por ejemplo llamar a las personas que quieres para las aventuras más tontas como recorrer andando la ciudad de punta a punta para cualquier recado un domingo por la mañana, intentando comprender por el camino si hace frío o calor.

¿Quién es el que esto mira
y precia la bajeza de la tierra,
y no gime y suspira
y rompe lo que encierra
el alma y destos bienes la destierra?


(Luis de León)



martes, 28 de mayo de 2019

Tú lírico

Me llena de sorpresa la playa que es tu ausencia,
sin plásticos ni conchas,
sin fiebre.

Tu distancia sin precio,
sin tiempo,
esa idea clara
de duelo tierno.

(Y si te encuentro,
tomaría dos vinos,
uno de risa,
otro con miedo
de cómo prendes la letra
hecho un incendio).

¿Te reconoces en los pájaros?






















Buda se fue a por tabaco

Cortar de raíz los deseos, a katanazos. ¿Eso cómo se hace?

lunes, 27 de mayo de 2019

Platón como bajón.

Por mucho que se sientan en el cuerpo, los celos no dejan de ser expresión fisiológica culturalmente condicionada de un idealismo nada simpático. Idealizamos a la persona con la que pensamos, erróneamente, que competimos. La pongamos en un pedestal o la demonicemos, no dejamos de idealizarla, en ambos casos. Competición = guerra, Platón en sus horas bajas. (Perfección, superación...bla bla bla) Que no me digan que el platonismo, y más aún el neoplatonismo, no engendran el amor romántico, principio rector de la miseria relacional moderna.

Uno de los mejores profesores que tuve, de crítica literaria, nos contó un día una bonita historia: Somos como cuerpos geométricos multidimensionales flotando por el espacio que es la vida. Como tales, tenemos caras diversas, como las otras, que también flotan. Algunas de nuestras caras coinciden con algunas de las tuyas, de las suyas...y de esas coincidencias nacen amistades, amores, otras amistades. ¿Acaso podríamos pretender que todas y cada una de mis caras coincidiesen con las tuyas, con todas las tuyas, y con las de nadie más? Flotando giramos, y nuestras caras múltiples van encajando entre sí, puntual, caprichosa, intermitente-mente.  Si hay repetición en la intermitencia, si la repetición engrendra encuentros de caras nuevas, tenemos suerte. ¿Qué otra cosa podría hacerse con la suerte, sino cuidarla como un jardín?. Nunca colonizarla.

Otro profesor, al que me gusta llamar Hora (como el maestro de Momo), me vio dibujar un día, en su clase de Bellas Artes (me dejaba ir de oyente, como parte de un viaje existencial). Mi dibujo, inquietante y elocuente, debió de invitarle a hablar. Le hablaba entonces a mi locura desnuda, en aquella clase que recuerdo como un sueño. Hablaba de la ruptura del equilibrio, hablaba de salud mental mucho antes que yo misma. Del ruido interior, de la arquitectura interior, de cuando se volvía fálica (interpretación personal) y entonces algo vertical, muy vertical, lo que quiera que fuese, sobresalía insolente por encima del paisaje. Algo que rompe y ocupa demasiado espacio, que condiciona el mirar como un dogma violento. Sobresale y deja lo demás en sombra. Todas las otras caras del poliedro en sombra. Así hablaba él con mi dibujo, y no me creía capaz de olvidarlo, hasta que lo olvidé, por algún tipo de vulnerabilidad sobrevenida, pasto fácil de resplandores con más ingenio que corazón.

Aún así, siempre hubo jardines que cuidar. Por eso escribo, para cuidarlos y disfrutarlos.

jueves, 23 de mayo de 2019

Gracias

Me traes de Jordania una lámpara maravillosa,
ya no tengo que elegir entre iluminarme y pedir deseos.
Así da gusto cumplir años.



lunes, 20 de mayo de 2019

Asomo

Una empieza situándose en los impedimentos para ser artista, sin voluntad de inventario pero terca. Vuelve a ser por la mañana, llegan recomendaciones que aceleran el tic tac y otra vez aquí con el teclado. Alguien que cuenta al tiempo que se encierra en la emoción, algo difícil. Los afectos revolucionarios lo son por el cuidado, y yo tengo tanto cansancio de las guerras... aunque por supuesto que era una gran manzana sabiendo que no íbamos militarizadas. No, nada de ponerme triste, tengo vicio de la melancolía pero me estoy quitando, por eso esto.

Si el arte fuera tormenta....pensarlo así me da la risa. ¡Yo lo que quiero es reírme! ¿Entonces qué podría ser? Pregunto porque ando fatal de esencialismos.



 

lunes, 13 de mayo de 2019

Por la mañana.

Y aún cando llegaron las iluminaciones siguieron siendo efímeras como tú como yo como cualquiera. Se trata de saber, y nunca es fácil para los hemisferios desencontrados, da igual si hay diagnóstico de loca, funcional o altas capacidades. Ya entrando en el territorio de los afectos la complejidad se multiplica en grumo con las vastas idealizaciones de los cuerpos hambrientos. No hay forma de parar porque hay compromiso con los afectos más o menos estables, aunque ciertos como el olor de cualquier fruta.

No pudiendo parar se intenta en cambio corresponder a expectativas que ya no son propias, o que apuntan cierta firmeza para desahogar a quien sufrió, y mucho, por cualquiera de los desvaríos. En esta encrucijada se negó el cuerpo a abandonar el único anclaje con la indiferencia, la cama con los gatos, no pudiendo ser más imposible la negación por lo anteriormente mencionando.

Muy quieta y con la cabeza en blanco, salí a respirar alguna novedad microcentesimal, alguna letra, algún tipo de ansiedad desbloqueante del miedo al bloqueo que produce la ansiedad. No pasa nada si no la encuentro, qué va a pasar, salvo quedarme quieta, un poco más quieta todavía para encontrar algo parecido a tocar fondo en la parálisis. Parecido también a todo lo que no hice por miedo. Nada ni nadie va a venir a rescatarme, eliminando por fin y para siempre la narrativa perversa de la salvación.

Y ahora, eso. Tampoco el rollo de la consciencia aporta nada excepto la autocomplacencia de la búsqueda espiritual al servicio del rendimiento del proyecto yo-yo.

Desde aquí ya se puede viajar a cualquier sitio donde no haya más verde que el que arde, y mira tú bien a ver si quieres pagar el precio de las quemaduras. Una variante psicológica de la pobreza energética. Ya medirás, amor, ya me dirás. Amor como recuerdo lejano del inventario de euforias descalificadas, no sabiendo muy bien quién ayudó a descalificarlas, ni a quién servía, ni cómo pude permitirlo. Así la crisis. Cumplir años como muescas en el polvo.


viernes, 3 de mayo de 2019

Querida soledad

Gracias por tanto. Por los aprendizajes, por las reconciliaciones, por el placer, por el entusiasmo, por las reflexiones. Gracias por llevarte la euforia, el miedo, la angustia, la dependencia emocional, las malas costumbres, las abnegaciones. Gracias por traerme de vuelta, sana y salva. Nos esperan muchos años juntas, y sé que no tendrás celos de ninguna persona que venga a compartirte, porque estarás ahí para acompañarme cuando esa persona se haya ido, sea para volver, o no.

Gracias por las lecturas, por la música, por los paseos, por las películas, por la playa y los trayectos en tren, por el paisaje tranquilo que dibujas ahora que somos tan buenas amigas. Gracias por la pintura como ritual y exploración segura de las emociones difíciles. Gracias por no dejarme sola. Por ayudarme a mantenerme firme en mis decisiones, por no permitir que me haga daño. Gracias por cuidarme de esta forma tan bonita y tan desconocida.

Prometo no decepcionarte, a pesar de saber que tu confianza en mí es enorme, y que tus expectativas son altas, aunque no urgentes. Gracias también por eso.

lunes, 29 de abril de 2019

La Lupe y yo.

Escuchando a La Lupe, una puede recorrer en buena compañía las emociones más peñazo de eso que han dado en llamar "amor romántico" o "amor de pareja". Por suerte esta cantante es una mujer inteligente y buenhumorada que nos lleva de paseo por sitios oscuros (algunos seguramente basados en sus propias experiencias, como le sucedía a Chavela Vargas) sin olvidar la risa, la autoparodia, el desahogo que supone el des-amor las veces que se consigue, y la advertencia de los peligros que supone para las mujeres caerse en precipicios donde la reciprocidad amorosa y el cuidado brillan por su ausencia.

A este paseo podemos llamarle, por ejemplo, maltrato psicológico, una especie de espiral absorbente que roba espacio para otras cosas. Decía hace unas semanas que necesitaba entrar en el papel de víctima para volver al de superviviente con energías renovadas. Entrar en ese rol como posibilidad o condición para cuidarme y escucharme mejor. Nadie quiere quedarse permanentemente en un rol de víctima, pero no todo el mundo puede sacudírselo con la misma facilidad.

Ahora bien, para salir hace falta tener en cuenta algunas cuestiones:

- La cuestión de la responsabilidad, que implica atribuir a cada cual lo suyo, intentando que el resultado sea lo más justo posible. La justicia y la responsabilidad van juntas. No sería justo no haber escrito esto, por ejemplo, ya que no soy una inocente jovencita a la que han engañado con promesas de color rosa. Tampoco sería justo decir que no ha habido daño, a pesar de eso.

- La cuestión de la construcción social de nuestras emociones, o dicho de otro modo, hasta qué punto se considera normal "sufrir por amor", frase hecha donde las haya que nos remite, de nuevo, a la música de La Lupe. De ese sufrimiento normalizado...¿cuánto se considera patológico, o dicho de otro modo, por encima de nuestras posibilidades? En mi visión actual del asunto, la normalización social opera de una forma extremadamente perversa, que es lo mismo que decir que, por mucho que ciertos grados estén normalizados socialmente (grados muy altos), el horizonte debería ser sufrimiento cero.

- La biografía de cada cual en el terreno afectivo. Como solo hablaré de mi parte, que es la que me concierne, digamos que en mi biografía ha habido de todo, en el mejor y peor de los sentidos. Lo cual dibuja un mapa de complejidad lleno de posibilidades. Con esto quiero decir que el recuerdo de las buenas experiencias es un estupendo faro para hacerme una idea de lo que quiero y de lo que no. Incluidas las buenas experiencias de la relación más reciente, que es sobre la que más necesito reflexionar, porque es la que duele en el aquí y el ahora. La otra parte, si se me permite una rápida alusión constructiva, bien pudiera estar reflexionando en términos parecidos a los míos, lo cual sería un escenario inteligente.

- El horizonte de sufrimiento cero, si bien no deja de ser otra forma de idealización, esta vez desde el feminismo, es bonito, y vale la pena darle unas vueltas, a ver qué posibilidades de realidad tiene. Porque toda utopía tiene vivencias, por más parciales o puntuales que sean, que nos permiten intuir que la elección de esa utopía, y no de cualquier otra, no es capricho o locura, sino un mapa legítimo que dibuja territorios apetecibles, por más lenta que sea su construcción. Ojo que digo construcción, y no conquista. La diferencia es muy radical.

-Y por último, una rectificación importante. No salgo del papel de víctima (ahora que por fin parece que ya puedo hacerlo) para volver al de superviviente. No. La superviviencia se entiende como una especie de estado de alerta constante ante amenazas de todo tipo. "Sufrir por amor" es una de ellas, y para nada insignificante ni menor. Tiene que haber algo parecido al concepto indígena del buen vivir, o quizás también al pensamiento de Epicuro, para alejar dolores innecesarios y atreverse a vivir bien. Por lento que sea llegar, yo ya me estoy haciendo la maleta. 




jueves, 18 de abril de 2019

Preguntas

Algunas veces, una se sorprende gratamente hablándose a sí misma como nos hablan las buenas amigas, como nosotras les hablamos a ellas. Las grandes preguntas que se plantean, entonces, son las siguientes: ¿Por qué solo algunas veces? ¿Cómo podemos hacer para que sea una comunicación habitual, y no solo esporádica? ¿Cómo podemos hacer para que esa comunicación sana se extienda a todas las relaciones, dentro y fuera de nosotras?

Responder a esas preguntas, y ser consecuente con las respuestas, debe ser el objetivo principal de la terapia y, por extensión, no permitir que nadie, nunca más, se vuelva a dirigir a nosotras de ninguna otra forma. En el terreno afectivo, al menos. Fuera de ese territorio, conducirnos con cordialidad y amabilidad, hasta donde se pueda. Sin dejar de luchar por los derechos para todxs, pero poniendo límites donde y cuando sea preciso en las interacciones individuales. No estamos para pedagogías sin fruto, para abnegaciones ni renuncias que salen demasiado caras en términos de salud, vitalidad, proyectos, dignidad, placer y capacidades.

miércoles, 17 de abril de 2019

Placeres de andar por casa

Hay demasiadas cosas simples que a veces no valoramos lo suficiente, enredadas como estamos en misiones imposibles en las que nos embarcamos (y nos embarrancamos), sin saber muy bien cómo empezaron, ni mucho menos cómo permitimos que se nos fueran de las manos y ocupasen tanto espacio, que dieran tantos problemas y, sobre todo, que durasen tanto tiempo.

Es tiempo, pues, de recuperar el inventario de los placeres de andar por casa, la lírica hogareña de los grandes salvavidas. La mirada de los gatos cuando estamos en paz con la vida. Escribir y escribir, siempre por la mañana o por la noche. Bajar a comprar pescado para compartirlo con un buen amigo. Pintar para calmar la ansiedad que nos coloniza a traición, y aprender de las emociones difíciles que se van aclarando, y coloreando, durante horas en las que no existe nada más, ni nada menos. Leer conectándonos emocionalmente con personas lejanas en el espacio y en el tiempo, con las que podemos mantener conversaciones interesantísimas. Tender la ropa de forma ligeramente sistemática, que nos proporciona orden y control sobre los aspectos más insignificantes, que a veces son los más difíciles de mantener cuando parece que nos caemos por precipicios emocionales. Fregar los platos después de haber tenido invitadxs, recordando los buenos momentos compartidos, y el combustible que supone para los próximos días, que no es poco. Encender el ordenador para abordar con ganas algún trabajo pendiente, algún encargo, algún proyecto que hace un poquito más grande la ventana hacia un mundo mejor. Dormir, sin miedo a lo que nos deparará el día siguiente. Y poco a poco, muy poco a poco, sentir que ya no nos ahogamos tanto, que hoy fue un poquito mejor que ayer.

Cuando me sienta libre para viajar a cualquier sitio, improvisando, sabré que me estoy curando, muy en serio. Mientras tanto, me conformo con ampliar el inventario, dentro y fuera de casa, de los pequeños placeres que nunca fallan.

martes, 16 de abril de 2019

Des-amor y cosas.

Anne Carson y la paradoja,
o cuando la filología es punk is not dead
Anne Carson en la encrucijada de los errores.

Agujeros negros en el borde de la vida
pájaros bebé con estómagos muy apretados
y muchas lunas, muchas, indiferentes.

Katie Bouman programa TAC,s de monstruitos límbicos a contraluz,
fotos recientes del núcleo familiar contemporáneo
mientras sonríe tímida como una gran científica,
porque supongo que lo es. 

El calendario se queda quieto
(pero quieto quieto)
y yo me quisiera morir pero no me muero,
exactamente igual que con los otros.

La diferencia.

Entonces caigo, en la cuenta.
Y tengo muchas ganas de romper cosas.
Cosas del amor.
Sin chupito de tequila, a pelo.

O empaquetarlo, el amor,
y enviármelo a mí misma por correo,
a cobro revertido.

También puedo sentir pena,
(ahora se llama empatía,
porque la tristeza está prohibida)
de ti o de cualquiera,
del des-amor de serie
(y su metamorfosis),
de cualquier cosa,
soy muy de penas.

Pero si me pongo seria,
o sincera,
si me cuido
(y aún cuido),
si no rompo
si no estallo
si no me hago daño
será porque valgo
bastante
la pena.

Aunque quisiera estar loca
y mis penas no sentir
porque sintiendo mis penas
mis penas no tienen fin 


Así que me siento y escribo sobre chorradas de las que escribe todo el mundo, y me siento fracasada de una manera prototípica y universal, telenovelesca, cutre, liberadora, ansiolítica, normal y normalizante. Hasta que ya no solo es que no me duela, sino que me dé la risa (que es la mejor forma que conozco de echarle ovarios a la derrota.)

Farfullas gilipolleces...
como si no tuvieras
nada mejor que hacer.

(Aquí iba una estrofa sobre la importancia de la amistad para la salud mental, sobre la posibilidad-o no- de la amistad después del des-amor, pero creo que después de nueve años escribiendo sobre eso, puedo pasar de todo.)

Mi cuerpo es sabio y sueña con muchas noches largas de silencio, gatos, y ausencia, dulce, como un helado de tarta de queso hacia el final de la tarde. Como el abrazo de las buenas amigas, que cuando dan amor siempre es del bueno.

Mi otro cuerpo lee y escribe, por costumbre.

Mi cuerpo bebe agua, rechaza la euforia, lo llevo y lo traigo a terapia, lo pongo y lo expongo por aquí y por allá, de vez en cuando. Me miro en él como en un espejo. Le doy todo el placer que me pide, todo el que puede pedirme.

Mis cuerpos haciéndose amigos.
Paso del mindfullness, ojo.
Prefiero a Simone Weil,
y esos ensayos.













lunes, 15 de abril de 2019

Esta mañana dibujé mi taza del desayuno.

Si queréis saber cuántos amores he tenido preguntadle a Alda Merini, ella os hablará de mi pelo enredado en las trampas del bosque, de amigxs que han comprendido que el verdadero enemigo del hombre es la vida. De hilos adentro.

Empiezo a ser como tierra a lo lejos envuelta en niebla, incolonizable. Como tierra de bienvenida, también.





lunes, 8 de abril de 2019

Épica de la melancolía

Tengo el título y poco más, porque dar cuenta de los descubrimientos interiores es lo más difícil del mundo. La épica habla siempre de viajes heroicos hacia fuera. Cuando cambia la dirección de los viajes le llaman espiritualidad, y nombrar la espiritualidad en cuerpo laico se vuelve directamente imposible.

Ayer fue domingo, día melancólico por excelencia. El capitalismo cristiano proporciona el domingo para detenerse y estar tristes, es el silbido del vapor de la olla a presión. Silbido que necesariamente ha de interrumpirse por falta de espacio, un solo día es del todo insuficiente para recuperarse. Cuando la olla está demasiado llena, empezamos a hablar de bajas laborales por salud mental. Una baja es como un domingo, un espacio un poco más grande para liberar a cuentagotas todo el estrés (laboral, relacional, postraumático...existencial) Un silbido ensordecedor, que paraliza la mayor parte del tiempo y alivia en pequeñas intuiciones de mejoría en las que querríamos tener una fe casi religiosa. Pero el cuerpo es laico, y no va a conformarse con placebos efímeros.  

Durante este domingo que parece interminable, una ha de ocuparse de los asuntos más espinosos. Ha de volver sobre sí misma para reflexionar y cambiar las perspectivas. Se vuelve necesario escuchar el impacto de la biografía sobre el cuerpo, y volver a leer a Virginia Woolf. El "ejército de los erguidos"se contrapone a la poesía de la fiebre. Toda la obra de Virginia fue la crónica de un estrés postraumático: duelos por pérdidas de personas muy cercanas, guerras mundiales, capacitismo y patriarcado.

"Crepúsculo" es una serie de libros y películas para adolescentes, propaganda de la violencia de género. Ella está quieta, todo lo que hace tiene que ver con esperar y sufrir la amenaza explícita de la naturaleza cruel de su vampiro. En la parálisis, la violencia usurpa su palabra: "No me importa, yo te quiero". En mi parálisis particular, aunque es un poco diferente, parece como si se planteara la elección entre el malestar de la sustancia y el malestar de la abstinencia. El primero garantiza la frustración. Sólo el segundo promete cierto heroísmo de andar por casa: que la épica dé paso a la lírica de la calma. Todo esto ya lo he vivido antes, de manera que sólo es una constatación de la circularidad del tiempo. O no tanto, porque se acabó la primavera, desapareció el olor, y con él las fantasías de un vínculo sano. Esto sí es nuevo. Aún sin deseo, la herida es grave.

Por circunstancias de las amistades melancólicas, ayer se formó un club para terminar con la melancolía de los domingos. Un grupo de apoyo mutuo cálido, nervioso, y sincero. Salió música y ajedrez. La primera sin euforia, el segundo más pedagógico que competitivo. La soledad al terminar la reunión me llevó de nuevo al rumiar de los insomnios. Estaba durmiendo bien gracias a la química, pero ayer empezó a fallar. Mis asuntos espinosos se rebelaron contra la química durante unas horas, supongo que cuestión de prioridades. Mi teléfono hizo una llamada al vacío que, como todo el mundo sabe, no tiene voz ni contenido. Es sano y realista saber que llamas al vacío, aporta muchísima perspectiva. Vamos bien, aunque vamos lentas.

Días atrás hubo un baño de cariño, la presentación del documental solo trajo cosas buenas. De cositas buenas se alimentan los corazones heridos, y añaden más sana sana con la ternura radical de los márgenes. La niña desubicada todavía puede disfrutar de los abrazos. Los abrazos son la lírica de la amistad, y la amistad es lo único que nos lame las heridas. A veces me impacienta que tarde en llegar la cicatriz, pero la impaciencia solo es una emoción, una de tantas.

  

martes, 2 de abril de 2019

Nudos radioactivos

Necesitamos espacios de terapia donde poder hablar del dolor sin que nos juzguen, sin que nos den pautas. Que nos escuchen con complicidad y que se pongan de nuestra parte. Es imprescindible para acoger y reparar heridas. La violencia la arrastramos desde que tenemos uso de memoria. Hay cierto pacto social, escalofriante, para normalizarla e insensibilizarnos ante ella. Pero termina saliendo por algún sitio, porque reclama a gritos su espacio y su reparación. Su canal de salida es el cuerpo, a través de emociones que nos controlan y bloquean en los lugares y tiempos más insospechados. El lenguaje del cuerpo sigue siendo el gran desconocido. La razón ilustrada ha pretendido silenciar el cuerpo, y las instituciones reproducen ese silencio, que también es violencia. En un alarde de hipocresía descomunal, se ha querido frenar con leyes y castigos las formas de violencia más evidentes, lo cual puede parecer justo, pero no suficiente. Hace falta una mirada radical, que vaya a la raíz. 

Da igual qué tipo de violencia haya sido. Verbal, psicológica, de control, de abandono o negación de la comunicación, física, sexual, laboral....La arrastras, la normalizas, encuentras excusas para no volver a nombrarla, pensando que quizás, de esta forma, no volverás a sentirla. Podrías incluso enterrarla en el olvido, la negación como estrategia de superviviencia. Pero somos hijas de una dictadura, en el marco geográfico más cercano, y de un siglo, en general, violentísimo, cuyos efectos sobre las emociones no se conocen porque no interesa que se conozcan. No es extraño por eso que se haya generalizado la "pedagogía venenosa" (en palabras de Alice Miller), que no va de no poner límites, sino de hacerlo de una forma que genera, por fuerza, traumas variados, diversos y duraderos. Pegajosos, de muy largo alcance. En diferentes momentos de tu vida. A manos de diferentes personas, más o menos cercanas.

Para que una sociedad entera deje de hablar de los traumas de la violencia, se inventó el biologicismo, que muy resumidamente consiste en decirle a una persona que su dolor legítimo no tiene causas concretas y reconocibles en diferentes grados de violencias sufridas, sino que es un defecto de su cerebro que debe ser reparado con pastillas. Punto y seguido. Lo que sigue es el lenguaje clínico, compuesto de "síntomas" y "diagnósticos", que es de lo único que se hablará a partir de entonces. Y entonces, por seguir el hilo, tenemos a personas diciendo de sí mismas "soy bipolar", "soy esquizofrénicx", "soy TLP", y así con todo.

Encontrar a una buena profesional que escuche sin diagnosticar, que sea capaz de decirte que todo lo que pasó tuvo que hacerte daño a la fuerza, que lo que te sucede son las consecuencias naturales y comprensibles, es un lujo que debemos reivindicar hasta la saciedad en la sanidad pública. Para que deje de ser un lujo y se convierta en un derecho. Si el feminismo tiene o tendrá cierta capacidad para marcar agenda política, sería un grave error que se olvidase de esta reivindicación. Yo personalmente no estoy haciendo terapia en la sanidad pública, y me duele, pero es que uno de mis traumas tiene que ver con ese entorno, y mi cuerpo lo rechaza todavía con fuerza. Con tanta fuerza, que tardé veinte años en aceptar ayuda profesional, fuese pública o privada.

Ahora que por fin conseguí vencer ese miedo, por el bien supremo de cuidarme en serio, me encuentro con una persona que merece mi confianza bloqueada durante tantísimos años. De las sensaciones que rescato durante las sesiones, hay dos muy importantes: Una es el alivio de hablar de lo que duele, y que ese hablar permita ir desbloqueando los nudos emocionales, la mayoría de las veces en forma de llanto y maravilla, como si fuese una novedad absoluta descubrir que llorar ablanda y desbloquea, pero sobre todo la verdad experimentada e intuída de estar en camino de encontrarme cada vez mejor, a medida que se sucedan los alivios. Otra consecuencia, que parece más racional pero que va teniendo efectos emocionales muy necesarios, aunque lentos, es la reconstrucción del rompecabezas vital, desde el punto de vista emocional, la capacidad de comprender las causas y los efectos de comportamientos o sensaciones recurrentes que hasta ahora eran difíciles de controlar, o cuyo control no era más que espejismo paliativo, sin cimientos ni garantía de éxito, a merced de estímulos externos con demasiado poder sobre mí. Entender de dónde viene ese poder para ser yo la que ponga los límites y las condiciones de su alcance era tan necesario y vital, que todavía me encuentro anonadada por el descubrimiento, y desbordada por el alcance de sus consecuencias.

Entre sesión y sesión, intento distinguir la diferencia entre vivir y sobrevivir, y dejo que sea mi cuerpo el que me guíe. No es ningún tipo de terapia mística que niegue o desplace mi inteligencia ni mi capacidad de razonar, al contrario, se trata de no disociarlas, sino de que trabajen en equipo por el bien común. Sí es cierto que se habían descompensado, en detrimento de lo emocional, de manera que, aunque era capaz de verlo todo con la cabeza, mi cuerpo me traicionaba constantemente, reclamando atención.

Ahora tengo una imagen de este proceso, imagino un dibujo: un cuerpo que acoge varias cuerdas internas, bifurcadas pero conectadas, como si fuese un sistema paralelo de circulación. En estas cuerdas hay numerosos nudos, y cada nudo duele y aprieta hasta que el alivio de su reconocimiento lo enciende (como si fuera la radiación que descubrió Marie Curie) y el llanto correspondiente lo moja y lo ablanda. Es todo muy lento, porque no es algo intelectual. A veces tengo que esperar días y días para que otro nudo se ilumine, emocionalmente hablando. Nos ha jodido el cartesianismo, y ahí vamos, arrastrando la teórica jerarquía mente-cuerpo (sí, sí, en ese orden) desde hace unos cuantos siglos. Llevamos el cartesianismo grabado a fuego, porque el cuerpo, ya se sabe, era cosa menor. Comer, placer, dolor, miedo, bloqueo, esas chorradas, ¿no? En esas chorradas, o más bien desde ellas, hay material filosófico para darle la vuelta a la humanidad, en el mejor de los sentidos. De momento me conformo con darme unas vueltas por mi propio interior, continuando con ese empeño de cuidarme sin engañarme, asunto este, el del engaño, que queda en suspenso, a expensas de lo anterior.

Voy consiguiendo algunas horas sin opresión en el estómago, sin bloqueo, algunos atisbos de cómo me gustaría ser cuando mi cuerpo y mi mente caminen juntas, en equipo.


domingo, 24 de marzo de 2019

Carrera solidaria popular

Un fantasma, enemigo imaginario. Establece conmigo una relación de doble vínculo. Expresa demandas contradictorias que no puedo satisfacer. No se me permite hablar de la contradicción. Cuando lo intento, soy culpabilizada por algo, que siempre puede ser medio cierto, porque se alimenta de la ambigüedad. Pasan los años, normalizo el maltrato, termino hablando su idioma, termino aburrida de él y de mí. 

Serenamente harta y emocionalmente bloqueada. Incapaz de ocuparme de cualquier emoción ajena, sino es con el paragüas del distanciamiento. Incapaz también del distanciamiento. Advertencia: muy frágil. Lo que se dice una crisis de las buenas, de las que te convertirán en un ser de otro planeta.

Por delante una playa con muchas amigas. Reímos porque queremos y porque nos queremos. Después de enamorarme hasta las trancas de la amistad apareceré por algún sitio, cuando menos me lo espere. Mientras tanto, existo con cautela en medio de una terapia de tamaño existencial. Le pongo una línea más para romper la monotonía de los párrafos regulares. La monotonía de la lluvia tras los cristales tampoco me entusiasma, es una cuestión de ritmo. Ah, el ritmo. Bueno, dicen que se lleva dentro, que no se olvida, que no tenga prisa. Temperatura exterior, a ojo, 16º por la noche. ¿y qué me decís de la luna? Porque yo paso.

Conservo el dorsal, y calculo mentalmente: treinta y un años sin correr, desde los quince. La zancada, los brazos relajados pero en su sitio, la respiración...y ahora el tabaco, maldito tabaco. Tenía quince años y llegué a entrenar por las tardes, dos a la semana. Ayer al cuerpo le dio por acordarse, y fue un pelín religioso, porque a esa edad la superviviencia era fácil: leer y recordar lo que habías leído. No tenía mérito recordar, todo era sencillo. Le llamaban estudiar y era el centro de mi vida.

viernes, 22 de marzo de 2019

Yo-yo

Cuando no escribo tanto es porque estoy (sobre)viviendo, o demasiado entretenida en algunos oasis, verdaderos o falsos. Los verdaderos son muchos, afortunadamente, y merecen todo el cuidado. Si el trabajo, especialmente algunos contratos que se me quedan en el corazón, es uno de ellos, y no puedo hacerlo debido a los infiernos de mis heridas recurrentes, lo mejor es retirarme temporalmente. Esta última vez fui muy consciente de la necesidad de hacerme a un lado, aunque estoy faltando a la verdad: no fue mi consciencia, sino mi cuerpo, quien me avisó de que debía retirarme. El cuerpo avisa de la necesidad de sanar heridas profundas con la ansiedad, con el bloqueo, con el pánico extraño que no me deja entrar en una clase nueva que se me merece lo mejor de mí.

Cee, Tui, Vigo, Tomiño... fueron algunos de los lugares donde estuve tan bien. Está bien recordarlos para alimentar las ganas de volver a sentirme así, cuando se pueda. La terapia es para eso, para volver con fuerzas y sin miedo.

Leo Primera persona, de Margarita García Robayo. Me cuesta entrar en el libro por los problemas de concentración, no tanto para leer, como para conectar emocionalmente con lo que leo. Cuando por fin lo consigo, más allá de la mitad, me asombra la capacidad de la autora para contarse a ella misma y  a su entorno, para mostrarlo todo con nombres y apellidos, con anécdotas crudas, con el punto de cinismo suficiente para alejar el estereotipo de las mujeres como ángeles ñoños, un poco como yo algunas veces por aquí. O deprimida ñoña. Quizá debería aprender de Margarita, y echarle sal a las heridas, para que chillen y se manifiesten con rabia. Hoy por la mañana me cayeron lagrimones, sobre algunos de los puntos de la línea temporal que dibujó la psicóloga. Ahora tengo una línea temporal, un mapa de golpes escrito sobre un papel. Se retorcerá varias veces hasta hacerse circular, porque cíclico es el tiempo de las mujeres y del mundo, y la línea es sólo la abstracción geométrica que nos da cierta ilusión de control matemático sobre los acontecimientos. Yo quisiera ser creyente en la organización fordista y fabril de la economía y del tiempo, solo estos días, para mirar la línea y hacer cálculos provechosos, hacia adelante y hacia atrás, aunque quizás lo único que consiguiera fuese convertir un círculo en un yo-yo. Pero me muevo, o eso parece.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Alice Miller

Escribo mentalmente frases para dejar aquí, luego abro el escritorio el blog y escribo cualquier otra cosa. Bah, chorradas metaliterarias, me recuerdan a los diarios de la adolescencia. Es todo como un flashback que me impone el cuerpo. El estrés emocional es una experiencia extraña.

Haber convertido las señales de años de heridas diversas en materia de investigación fue otra estrategia de superviviencia, qué remedio. Sirvió de mucho, y todavía sirve, pero no deja de ser el intelecto superponiéndose al lenguaje del cuerpo herido. Tengo en una estima altísima mi capacidad de razonar y filosofar, pero las emociones demandan algún otro tipo de reparación, por eso lo de la terapia. Reparación, como si fuese un vehículo estropeado, es casi modelo médico, qué vergüenza, a estas alturas. Menos mal que nos queda el humor, la autoparodia, incluso lo que tiene de alegre querer cuidarme más que nunca, aunque no sé hasta qué punto "querer es poder", otra chorrada para tomar tierra. De chorrada en chorrada, y podría haber sido muchísimo peor. No me quejo.

Mi primer encuentro con la psicóloga puede calificarse de correcto, por ambas partes. Pusimos sobre la mesa los melones importantes y estuvimos de acuerdo en las prioridades. Está bien no conocernos de nada, y sentar unas bases de simpatía, digamos, profesional. Le doy de buena gana la oportunidad de echarme un cable, y ella me ofrece su experiencia y perspectiva con heridas que son bastante universales, aunque se manifiesten a su aire en cada biografía. Me recomienda un libro de Alice Miller, que me sonaba del lote de psicoanalistas feministas a las que Judith Butler daba algún repasito. Y mira que le tengo manía al psicoanálisis, pero si viene envuelto en crítica desde el feminismo le echo un vistazo, sin acritud y de buen rollo. Ya dije que no estoy para mucho ensayo crítico. Si la escritora Miller me habla del cuerpo que no miente pues hasta le creo, porque estos días lo cierto es que me manda mensajes a tutiplé. Será cuestión de hacerles un poco de caso.

Un avance es haberme sumergido en los mapas locos el año pasado, y aunque se ve que no me sumergí lo suficiente, traballo feito non corre presa, que decimos por aquí. Aquí es Galicia, A Coruña, un sitio como cualquier otro, pero con un extra de mar que sabe a gloria. Pero eso, que de los mapas locos quedaban asuntos pendientes, y tanto. Que además necesitan su intimidad, por supuestísimo.

Hay algo esta temporada que se siente muy bueno, y es la tranquilidad del cuidado, un equilibrio entre lo que me cuido y lo que necesito que me cuiden. Incluso lo que puedo cuidar, aunque evidentemente no va a ser un derroche, ni nadie me lo exige. Tener ansiedad y cierta fobia social es muy molesto, pero no es gravísimo, comparado con otros sustos bastante más paralizantes. Las amigas son un tesoro que crece con los años, en calidad y cantidad. Las que me conocen de hace tiempo saben que no necesitan preguntarme todos los días qué tal estoy. Estamos ahí, y punto. "Yo por ellas, madre, y ellas por mí". 

El lenguaje del trauma es caprichoso, pero empiezo a poder comunicarme con él, aunque sea de forma rudimentaria. Demanda mucha atención, aunque intento que no me absorba. Aún así, me cuesta casi todo, sobre todo fuera de casa. Aún así, intento no quedarme en casa, porque soy bastante terca, espero que para bien. Hoy, por ejemplo, fui a la presentación del colectivo Afrogalegas, y me sentí cómoda, como siempre me pasa en espacios donde se pone en valor la diversidad. Como un pequeño oasis que se disolvió al salir, otra vez los nervios y las ganas de estar en casita. Pero con un regalo: la sensación de dignidad en mi diferencia, la que me tocó, la comunidad de las mujeres que no siempre estamos bien, ni felices, ni disponibles, ni eficientes, ni del todo enteras, a pesar de las apariencias, porque esta diversidad, en general, no se nota, hasta que duele lo suficiente y te obliga a parar.

Mi pensamiento favorito: si saliste de las otras y volviste con energía renovada, de esta también sales, y tanto que sales. Y es que, además, esta vez voy más en serio que nunca.

martes, 19 de marzo de 2019

Días así

Se escurren anodinos los pensamientos importantes, no hay sitio para ellos en esta espera extraña. Al despertar se enmarañan un poco y no permiten dejar la cama, hay que quedarse en ella hasta que vuelva el cuerpo pidiendo desayuno. Luego viene un descafeinado ante el ordenador, pura costumbre de los días sin trabajo. Evitar las redes sociales es un gesto pequeño de salud, pequeño pero importante. Hay cosas que hacer en casa, y hay que elegir primero algo de música que las acompañe. Va a ser de nuevo Vericuetos, no se pierde nada por probar. Ordenar la casa para ordenar el cuerpo, dejar entrar la máxima luz posible, intentarlo. Ponerse a ello. La música es melancólica, aunque tiene allá en el fondo algo repetitivo que parece alegre. Una promesa. Da miedo no poder trabajar, pero no es el momento del miedo. Hemos tenido suficiente, y volveremos a dejar de tenerlo.

lunes, 18 de marzo de 2019

Un horizonte de andar por casa

Puesto que ya no necesito nada excepto recuperarme, todo se ha vuelto muy sencillo. Despertar para hacer algún trámite, pensar en algo sencillo para comer. Descansar, mucho, a veces demasiado, después de comer. Mucha somnolencia. Cero culpa. La tarde, si llega, es para dar un paseo, ver a alguna amiga, un ratito, volver pronto a casa. Leer un poco, siempre menos de lo que pienso que va a apetecerme o que voy a poder, tomar algo para dormir, casi siempre a la misma hora, dormir de forma regular, en horario y duración. Descansar. Descansar mucho.

Mi psicóloga valida mi sufrimiento, en antigüedad e intensidad, señala mis fortalezas, y me da muchos ánimos. Me siento tranquila con ella, sigo descansando entonces, hasta la próxima sesión. Coincide conmigo en el talón de Aquiles, el monstruo, el tema, lo de siempre. La afectividad herida, el desorden, la desconfianza como amenaza, el abuso de estrategias de supervivencia, los abusos a secas, la alerta permanente, lo insoportable a largo plazo, lo que se incrusta y lo que dejo de escuchar, los relatos de negación cuando tocaban. Me recomienda un libro, o dos. Me anima, me tranquiliza, salgo un poco más aliviada, con la conciencia de mucho trabajo por delante, y sobre todo con el deseo, la esperanza y la necesidad de ser una alumna aplicada. Ha sido la mejor decisión en muchísimos años.

La semana pasada descubrí el Marco de Poder, Amenaza y Significado, propuesta de enfoque psicológico muy reciente (2018), de la British Psichological Society,  traducido al castellano por la AEN. Gracias a la AEN (en el enlace podéis consultar el programa de sus próximas jornadas) y a Rosa, por tenerlo aquel día encima de la mesa. De este marco me da confianza leer los nombres de John Read, o de Jaqui Dillon, entre otras autoras, a las que tengo tanto cariño, de esos cariños rápidos y duraderos que nacen de los márgenes luminosos de un mundo demasiado feo.

Poco a poco, después de tantísimos años, recupero lentamente la confianza en la ayuda profesional (no me sirve cualquiera, ojo), y lo hago gracias a que pude confiar, previamente, en personas que eran personas antes que profesionales. No fue nada fácil, la desconfianza se extendió como petróleo pegajoso, cuando no fue directamente pánico. El trauma del maltrato en el hospital proyectó una sombra demasiado alargada. De los otros no tengo ganas de escribir.

Me muero de ganas de sumergirme en la literatura, la poesía, la música, el ensayo, me muero de ganas de terminar la terapia y empezar una vida propia, de estrenarlo todo. No es idealización, no es euforia, es un deseo pequeñito y legítimo. Es un horizonte de andar por casa. Mientras tanto, sí puedo escuchar algo de música, como la que ponen en mi querido Vericuetos (que os recomiendo muchísimo)

domingo, 10 de marzo de 2019

Primera persona

Las narrativas de las mujeres en primera persona son el grito necesario que combate siglos de silencio. Llamémosle de nuevo autorreferencialidad, no pasa nada, es legítimo, es sano.

El día 6 de abril se estrena en Coruña, en el Centro Social a Comuna, el documental Zauriak- Heridas. Maier Irigoien Ulaiar, Isabel Sáez Perez e Iker Otz Elgorriaga son sus creadoras, y ya las siento amigas.

El documental se rodó este verano, o al menos mi entrevista. Fue un día precioso, de nervios, discurso, orgullo loco, viento, y albariño. Lo mejor de estar loca es formar parte de esta red de cariño y pensamiento disidente, que cada vez es más grande, y más tupida. De lana calentita, de seda, de algodón, y también de pinchos y piercings y cuero.

Lo peor de estar loca es el cansancio del trauma, que te obliga a parar de tanto en tanto, porque, a mí por lo menos, ese cansancio me viene en forma de euforias impredecibles (aunque sean productivas en lo intelectual, en lo político..), de agotamiento emocional a veces insoportable, y de tristezas antiquísimas y pendientes de llorar, muchas todavía en lista de espera. Ciclos afortunadamente cortos y manejables, pero aún así injustos, porque nacer en un determinado lugar del reparto de poder te expone a muchísimas más injusticias. Lo peor de estar loca es darte cuenta de que has aguantado un montón de violencia innecesaria porque estabas socializada para aguantarla, incluso para intentar comprenderla hasta cuando ya no podías más. Y si no era comprenderla, era negarla, la versión más frecuente, y más peligrosa, porque negar el daño parece que nos minimiza el daño, cuando lo que hace es ponernos en situación de no reconocer el daño siguiente.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Feminismo y salud mental

Después de décadas haciendo el papel de superviviente, me voy a pasar al de víctima. La gente normal suele hacer el camino a la inversa, pero yo no soy normal, y no es ningún secreto. Tengo la sensación de haber descubierto el truco de haber rechazado hasta ahora el papel de víctima, y no hablo solo a título personal, sino social y político. Asumir el papel de víctima implica reconocer que el daño tiene culpables, además del hecho, del que ya me había dado cuenta, de que asumir que tiene culpables implica que las teorías biologicistas en salud mental no se sostienen ni con un palo.

El biologicismo ha sido la gran estrategia neoliberal para conseguir numerosos beneficios, a saber:

- Se venden un montón de pastillas cuando se hace creer a la sociedad que nuestros "síntomas" son consecuencia de fallos orgánicos en el cerebro, desequilibrios bioquímicos, en su versión más fashion. Muchas más pastillas que si te dicen que el origen del sufrimiento tiene culpables, y que esa verdad debe asumirse y enfrentarse, porque es sano. Y porque, haciéndolo así, terminarás por tomar muchas menos pastillas.

- Se desplaza la responsabilidad de la opresión desde el opresor hacia la víctima. Luego, la opresión deja de ser un problema de salud pública debido a su impacto sobre la salud mental. En su lugar, tenemos un problema de bioquímica individual y neutro, desde el puntode vista político. Desaparecen las relaciones de poder (físico, psicológico, sexual, político, laboral, etc etc etc), y los síntomas quedan completamente desvinculados de cualquier relación de abuso.

- Se crea una imagen social negativa de la víctima como "llorona", "autocompasiva", "demandante de atención", y un largo etcétera, de manera que nadie en su sano juicio querría identificarse con ese rol. Como mi juicio no es sano, y tengo un papel que lo dice, me importa un pimiento salirme del marco para escribir lo que estoy escribiendo. Lo que me importa es parar de pasarlo mal, recuperar mi energía y volver, entonces sí, al papel de superviviente, ese que ejercía con tanto desorden hasta ahora. Lo ejercía con desorden porque no era del todo sólido, pero haber superado los síntomas más graves del estrés postraumático (como delirios y psicosis), hacía parecer de mí, no solo que era una superviviente, sino que era una especie de modelo a seguir en ese campo. Pues no, mi arte o habilidad con la salud mental estuvo solamente en sustituir los síntomas más aparatosos por otros considerados más leves, más normalizados y más fáciles de comprender, acompañar y/o sobrellevar sin ayuda profesional. Es decir, sustituir unos síntomas aparatosos y con muy mala prensa por una versión de mí yo herido (heridísimo) un poco más funcional.

- Se crea un estigma social indecente y cruel sobre las personas con problemas de salud mental, aderezado con violencia instiucional contra los derechos fundamentales. Lo que se llama una revictimización en toda regla. La bata blanca te revictimiza cuando te ata, cuando te encierra, cuando te sobremedica hasta la versión más desubicada de ti misma, cuando te miente sobre el origen de tus síntomas y de tu sufrimiento.

- Se crea un sistema de pensiones miserables para mantenerte viva de milagro, (y aún menos mal, ojo) y que la cuestión del pan de cada día y del miedo a perder la pensión te mantenga calladita, quietecita y asustadita. Mi empeño desordenado por la superviviencia me salvó de esta parte, pero las anteriores me las comí todas.

Pero aún así, voy a probar el papel de víctima. Privilegiada, eso sí, con terapeuta de pago especialista en trauma, a ver qué tal. A ver qué sale, a ver desde dónde estoy rota (presumo que desde bastante lejos), a ver hasta cuándo me va a tocar estarlo, a ver qué herramientas tienen para esperanzarme en relación a abandonar esta semivida, algún día. A ver cuántos culpables aparecen, y en qué grado. A ver por qué me desordeno y me asusto tanto cada vez que me gusta alguien. A ver por qué la autodefensa fue un antes y un después en este camino de piedras, alucinaciones y gilipollas a los que aguantarles casi todo. A ver si cuando termine resulta que descubro que mi deseo estuvo construído sobre la violencia y la manipulación desde antes incluso de saber lo que era tal cosa, lo que era el deseo. Y porque, si no me lo hubieran construido así, contra mi voluntad, a traición, seguramente hubiera sido otro, no sé cuál, porque no me dejaron averiguarlo. Se llama disciplinar el cuerpo y la mente de las mujeres. Le llaman ir de víctima a ponerle nombre al abuso y a sus consecuencias, a diferentes plazos. Porque el abuso lo pagas a plazos, con más abusos. Y aunque consigas detectar los más evidentes y alejarte más o menos a tiempo, de otros más sutiles, más insidiosos, no te alejas, porqe hay algo demasiado familiar en ellos, algo que hasta parece natural. Los pelos de punta, ¿verdad? Saberlo y escribirlo podría evitarme una vez más la terapia, o aplazarla una vez más, pero no me da la gana de aplazar mi salud. Además de saberlo y escribirlo, necesito sacarlo del cuerpo, arrancármelo literalmente, vomitarlo, escupirlo, gritarlo, pisotearlo, hacerle llaves, luxaciones, cortes de manga. Todo menos volver a confundir abuso con amor, con deseo, con interés, o con cualquier fantasía disney de mierda. Porque estoy peor de lo que pensaba, y aún así estoy mejor que antes de saber todo esto.

Una cita de Audre Lorde

"Lo que nos separa no son nuestras diferencias, sino la resistencia a reconocer esas diferencias y enfrentarnos a las distorsiones que resultan de ignorarlas y malinterpretarlas. Cuando nos definimos, cuando yo me defino a mí misma y cuando defino el espacio en el que soy como tú y el espacio en el que no lo soy, no estoy negando el contacto entre nosotrxs, ni te estoy excluyendo del contacto: estoy ampliando el espacio de contacto"

Política autorreferencial

Este blog es muy autorreferencial. ¿Qué esperabas con este título? Dicen por ahí que lo personal es político, y que el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos personas. La primera idea es de Kate Millet, mujer feminista y loca. La segunda es de Ángela Davis, mujer feminista y negra. No es causalidad que las mejores ideas vengan de los márgenes de un mundo dominado por los valores patriarcales.

Son las mejores ideas porque son las que están cambiando el mundo. Así que no hay nada malo en la autorreferencialidad, desde este punto de vista. Cuando empezó este blog, nadie escuchaba a las locas, con la única excepción de Kate Millet, cuya obra "Política sexual" (1970), marcó un antes y un después en la conceptualización del patriarcado como sistema de opresión con características específicas, que se cuelan en el dormitorio, la cocina, los lugares de trabajo, la escuela...

Pero Kate, recientemente fallecida, escribió también un libro centrado en el tema de la locura y el sistema capacitista de opresión contra las personas con discapacidades psíquicas. Su título original, The loony bin trip, acaba de ser maltraducido como Viaje al manicomio, y editado por Seix Barral este mismo año. Recién salido del horno en castellano. Todavía no he tenido la oportunidad de leerlo, pero le tengo ganas. Había intentado conseguirlo en inglés, pero nadie daba noticias de conocerlo. Así que ahora, por fin, ya se puede leer.

Hoy mismo se publica también, en Madinamericahispanohablante (una publicación web dedicada a vincular locura, comunidad y derechos humanos), un artículo de Beatriz Yudich, titulado La rebelión contra la psiquiatría y el patriarcado, enlazando la lucha por los derechos civiles de las personas diagnosticadas con otras luchas contra el patriarcado, el racismo o el extractivismo. La pancarta de la foto que ilustra el artículo está aquí mismo, en la misma habitación donde escribo esto, detrás de mí, pendiente de reparaciones para sacarla de nuevo el día 8 de marzo. Un orgullo que nuestra modesta pancarta, paseada en Lugo el pasado domingo 3 de marzo, dé vueltas por el mundo

Así que me siento orgullosa, de mi locura y de mi pancarta, y no es para menos. Nada hay de vergonzoso en mis experiencias conociendo la locura, ni mucho menos en mi activismo para devolverle un lugar digno a estas experiencias, el lugar de los derechos humanos, cada vez más en peligro.

Para que el feminismo avance necesitamos a los hombres. O quizá lo que quiero decir es que los hombres necesitan el feminismo tanto o más que nosotras. La mayoría de problemas que les aquejan más de forma específica (suicidios, adicciones, accidentes de tráfico...), tienen su origen también en modelos de masculinidad basados en valores que no respetan la vida, entendida como vida digna (sin violencias de ninguna clase, ni físicas, ni psicológicas, ni laborales...) En fin, a ellos les cuesta verlo, y nosotras nos sobrecarga que les cueste. Vamos a pensar que, con algunos por lo menos, hay esperanza.

lunes, 4 de marzo de 2019

Luciérnagas nocturnas

Lo bueno de las vacaciones es poder disponer libremente del tiempo. Lo repito porque es importante: Poder disponer libremente del tiempo. (ejm...dentro de lo que cabe, que estamos en el mundo que estamos)

A cualquier hora. De noche, de día, de madrugada....De siempre me gustó la noche, sus posibilidades y surrealismos. Madrugar de lunes a viernes impide disponer de la noche para otra cosa que no sea dormir. A lo largo del curso escolar, incluso el fin de semana, me tomo muchas precauciones con el horario nocturno, no sea que cambie el horario de sueño y bla bla bla. Estos días son una excepción carnavalesca, una transgresión pagana y saludable, porque tengo eso exactamente: días y noches por delante, con tiempo para variar el horario de sueño y volver a recuperarlo cuando se acerque la vuelta al trabajo.

Así que mi lado luciérnaga se despliega con muchísimo placer. Se puede conocer a otras luciérnagas que quizá no saben (todavía) que lo son. Que no saben todavía que pueden disponer libremente (libre, mente) de su tiempo, de su vida, de sus emociones, a pocos pasos de distancia de unas cuantas preguntas importantes. Tan importantes como ineludibles. Sin prisa, pero sin pausa.

O impedir una pelea entre desconocidos (para mí, que no entre ellos) "Por favor, no os peleéis. Es muy desagradable y muy violento para las personas que están a vuestro alrededor, además de para vosotros mismos. Seguro que luego os alegráis de no haberos peleado, de no estar heridos, de no haber traspasado esa barrera".(No creo que lo haya dicho con tanta floritura discursiva, pero la idea era esa) Uno de ellos, el follonero, me dice una frase que los maltratadores reservan para lxs desconocidxs, para aquellxs que no están en su red de influencia psicológica: "Vale, muy bien, eres muy buena persona, ya te puedes ir" (Y dejarnos con nuestro rollo macho). Esa frase la he oído antes. Pero el otro de ellos me escucha, y se viene conmigo caminando en lugar de pelearse. También luciérnaga, en ese momento.Así que, de camino al taxi, no me canso de darle las gracias por haberme ahorrado una escena de violencia. Era una violencia de rutina, sin muchas ganas.

Calculando las horas que puedo dormir para ver a mis amigas y entrenar por la tarde para la carrera de finales de mes. Un lujo de horas, un lujo de vacaciones. Sin muchos aspavientos, ni falta que hace.

Semana especialmente feminista, 8 de marzo. La cuarta ola, siglo XXI, se centra en combatir la violencia, entre otras reivindicaciones. En ello estamos. También sin pausa, aunque siempre con prisa: En ese terreno, cualquier avance siempre es urgente y sabe a poco, con todo el trabajo que hay. Otro asunto importante es detectar y sanar las heridas de la violencia psicológica. Quizás algún día hasta se sanen las heridas de quien la ejerce (aunque no sea nuestra prioridad, podría venir de rebote). Quién sabe...

Buenas noches


sábado, 2 de marzo de 2019

Abierto para reformas

En el espejo del agua me miro y me peino el pelo.

Remover es un verbo feminista, que se conjuga después de cada clase de autodefensa. A veces lo conjugo yo, otras en cambio es pronominal, alguien me remueve a mí. Alguien o algo, más allá de la capacidad de acción (capacidad de obrar, en la jerga del control social). Me deja muerta remover...

 no te vayas allá al río ay, a bañarte sola,
que mira que los barquillos y las barquillas levantan olas

Gracias a tanto remover, cada vez suena mejor el pequeño cajón flamenco que tengo en casa, aunque solo me sepa los tangos y las rumbas, que además casi nunca comparto con nadie. Es que todavía estoy aprendiendo.

¿Tú vienes vendiendo flores?

Cuatro años atrás leí estos días, dos días exactos y exhaustos. Cuatro años arrastrando un bola de hierro, otros tanto hablándole a la bola, la típica estrategia de loca para no estar loca. Todo lo que aquí escribo es un seguro de vida. Antes era peor, si cabe. Los otros años. En realidad tengo un nudo en la garganta que no puedo con él

el que se ríe conmigo
este es el que ma gustao

Así soy ahora cuando estoy flojita. En cada clase, una compañera me deja de recuerdo una pequeña herida, de terciopelo y literatura. Me sabe a gloria cansarme de esta forma, aunque las alcantarillas sigan supurando violencia. La peor de todas: la psicológica más reciente, el abuso sexual cuando todavía era una cría, la que me volvió literalmente loca unos años más tarde, las resacas que vinieron luego, de diferentes tipos. Hubo de todo, porque en esto consiste ser una mujer, entre otras anécdotas sin importancia. Ahora salen las lágrimas, saladas. Autodefensa para todas.

Tengo que hacer una pancarta para mañana, reivinidicando a las mujeres locas. No se me ocurre nada, pero en un rato pensamos juntas, y nos disfrazamos de feminazis.

Nos enferma el patriarcado.
Menos risperdal y más justicia social.
La cura el feminismo, la locura.
Locas estamos todas, esto no hay cuerpo que lo aguante.
No enloquezco del todo gracias al feminismo.
Con amigas así...¿quién necesita pastillas?

Espero que alguna salga por la tele. O cualquier otra.

Pensé que iba a ser peor.
He escrito peor cuatro veces.
Peor es no escribir nada.









jueves, 28 de febrero de 2019

De los buenos manantiales se forman los buenos ríos

Si quisiera ligar, no sé si tener este blog es buena idea. Aquí con mis desbordes emocionales, una caricatura de mí misma tirando de un carro con pesadas ruedas chirriantes, como un carromato con demasiado equipaje para mi corta vida. Cualquier vida. Ahora estás, ahora no estás. Snoopy, un día nos vamos a morir, pero los otros días no.

Luego veo una película de Tony Gatlif y se me pasa.


Tony Gatlif tiene un tema único en sus películas: la perspectiva gitana de la salud mental. Este es un reduccionismo mío de andar por casa, que me perdone el pueblo gitano, que sabe que le tengo aprecio. Desde el punto de vista de la opresión, lxs gitanxs se llevan la mayoría de los boletos, por lo que no tiene nada de extraño que sus estrategias de superviviencia ante las hostias de la vida sean más que un espejo en el que mirarnos, aquí desde la barrera del pésimamente llamado "abordaje científico" de los problemas de salud mental.

Jamás he visto un psiquiatra en una de sus películas. Locos y locas, unas cuantas. Los personajes de Gatlif enloquecen de desamor, de abandono, de injusticia, de venganza, de violencia...contra ellos, fundamentalmente. Como Don Quijote, la mayoría de sus personajes cinematográficos terminan por regresar de la oscuridad porque siempre hay alguien cerca que les acompàña, que es capaz incluso de entrar en su locura para comprenderles mejor y quererles aún más. Antes de ponerme moñas con el cuidado y el apoyo mutuo, es importante mencionar que en sus películas a menudo se muestran estados límite en lo que a expresión del dolor se refiere: hay adicciones, autolesiones, gritos, bajadas a las profundidades de la soledad y el miedo...expresiones todas ellas que se consideran legítimas, con márgenes de acción muy amplios, hasta un determinado punto en que alguien, desde fuera, intuye cierto peligro, por lo que la protección y su urgencia devienen más importantes que el beneficio de expresarse. Llegados a este punto, la persona que ve desde fuera interviene, ya sea hablando claro, o aliviando una necesidad inmediata que consigue detectar (de compañía, sueño, atención, comida, contención, o incluso un ritual chamánico). Y el loco (o la loca) encuentra freno, luego consuelo, sosiego más adelante y no pocas veces, hacia el final, encuentra renovada su vitalidad, con esa fuerza que da saberse cuidado y comprendido. Salvo excepciones, Gatlif muestra siempre vínculos reforzados a la vuelta de estos procesos, aunque haya separaciones y continúe el nomadismo existencial de sus protagonistas.

Así que lo de menos son las calabazas. Una tribu entera y creciente de brujas brillantes me rodea desde hace años, de forma que la contención ya me la hago yo, para ahorrarles fatigas. En planes y risas, unas manirrotas, eso sí. Ellas y yo.

Si tú quieres o no quieres,
qué se me importará a mí,
si la vista se me alumbra
cuando te veo por ahí.