sábado, 12 de octubre de 2019

Responsabilidad afectiva

El mar acecha con oleadas fuertes,
así se siente la irrealidad.
Pero no te alarmes,
no es más que un mensaje en clave
del cuerpo en resistencia.
Del cuerpo agotado de espejismos,
salvaje y sabiamente
agotado de desiertos.
Así que esta noche volvía a casa
huyendo de la ciudad,
de la noche, de la luna,
de los bares,
de las sorpresas, del último
y más reciente sueño amargo.

Maldito privilegiado
y maldito tu veneno
de trampas baratas.
Ojalá se te abran los ojos a golpe
de lágrimas insumisas,
que te mojen el acero de las tripas
y se hagan caudal hasta el último abismo.
Para que luego puedas,
si aún te atreves,
hablarme de igual a igual.

Aquí terminan sin sobresaltos
el frío y la tormenta.
Yo venía a verme,
sin más,
tranquila,
a cambiar de costumbres,
a quererme.

Porque ya no había monstruos al cruzar la puerta.
Solo gatos, y música, y tabaco y silencio,
silencio del bueno.
Tenía pensado llorar,
pero que lloren ellos.











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