sábado, 13 de octubre de 2018

Renacimiento

Si algún provecho actual y cotidiano se le pudiera sacar al idealismo renacentista, a las ideas neoplatónicas que vinculan la belleza con el bien, sería convertir el estudiar en belleza del sentir del tiempo, ausente e irrelevante frente al placer de las neuronas despertando, por fin, de todas las pesadillas de los últimos años.Y eso, que es bellísimo, es también bueno.

domingo, 16 de septiembre de 2018

El jardín de las puertas abiertas y cerradas

Del discurrir esquizo se me ha quedado la multiplicación de posibilidades. Este perspectivismo recalcitrante es tan útil a veces como difícil otras. Por suerte o por lo que sea, la mayoría de mis amigas no están en la misma frecuencia de pluriinterpretación, lo cual suele resultarme extremadamente esclarecedor...a veces. 

Hace poco, hablando con un amigo de la tribu loca sobre este tema, sobre los contratiempos de la fantasía perspectivista, terminaba preguntándole: ¿Qué hacemos entonces con eso? ¿Nos curamos? ¿O lo reivindicamos? Lo que venía siendo preguntarle si, ante la duda, normalidad o Mad Pride. Se echó a reír, pero se la quedó puesta. La pregunta, digo.

Si mi mente fuese un jardín (y anda que no...), tendría un buen laberinto, lleno de puertas. Este fin de semana se cerró una, y la evidencia lo llenó todo de una tristeza antigua e importante, muy poco fantasiosa, y bastante amarga. Con esa puerta he tenido problemas más de una vez, demasiados años entreabierta, demasiadas corrientes de aire, demasiados catarros y portazos. Hubo lágrimas como garbanzos cayendo sin permiso, lentas y gordas, de las buenas. Ya era hora de llorar por esta puerta, por mí estaría llorando unos cuantos días más, si no tuviera otras cosas que hacer. Y anda que no estuve ociosa en verano, pero nada, no salían. Las lágrimas son un lujo cuando te las has tragado mucho tiempo por eso del perspectivismo, que venga, ala, a buscar visiones y versiones que le arreglen a una el día (y la cara de tonta que se me queda cuando me equivoco de perspectiva). La realidad es terca como una mula, hasta para mí, que tengo fama de paciente, y no precisamente psiquiátrica.

No os dejéis engañar por la frivolidad de una vedette, ya que es tan falsa como sus plumas. Con el rimmel corrido podría hacer brotar manantiales de las mismísimas piedras.

Me corté el pelo, un montón.


viernes, 14 de septiembre de 2018

Relaciones epistolares

"Deseo que al recibo de la presente te encuentres bien de salud..."
"Hola". "Buenos días". "¿Qué tal estás?". "Buenas noches, que descanses".

¡Y el hipertexto! Un documental, un vídeo, una foto, un enlace a una noticia....

Quizá lo que se haya acelerado, con estos últimos formatos digitales, sea el tiempo. Quizá lo que no soportamos sea la inmediatez, por pura saturación ambiental. Recuerdo que lo pasé fatal las primeras semanas con guasap, pensé que me volvía loca. Quería responder a todo al momento, como se solía hacer con las llamadas.

Ahora, ni siquiera respondo a las llamadas al momento, desde hace años vivo con el móvil silenciado, permanentemente., salvo preocupaciones puntuales. De las que me llegan perdidas, elijo el momento para devolverlas, y a veces se me olvida. Si es un número desconocido, me da mucha pereza (suficiente con el compromiso de devolver los conocidos, aunque sea tarde). Me acuerdo del cuento de Cortázar, sobre un hombre al que regalan un reloj, o más bien sobre un reloj al que regalan un hombre. No queremos ser un regalo para nuestros complejos aparatitos, es lógico no querer que decidan sobre nuestro tiempo, nuestras emociones, nuestras prioridades comunicativas...claro que no queremos eso.

Desconectarse es una palabra trampa, cuando la usamos nos pensamos como prolongación de la máquina, como si también nosotras tuviésemos cables para enchufarnos, como si fuésemos un complemento más del conjunto electrónico. En lo que se refiere a la relación con estos trastos, mejor la libertad de mirarlos, o no, cuando nos de la gana. Qué menos.

Canal. Mero canal. Como el lápiz y el papel. Canal.

Código.

Materia, eso sí. Y sin embargo, cualquier canal, aún siendo materia, facilita un espacio para el placer de la comunicación, que es pura metafísica. Siempre que la comunicación sea deseada, claro. ¿Es grave escribir muchas cartas sin respuesta? La escritura, también materia, es un juguete sin fin. Mensaje. Contenido. Implicaciones. La pragmática es la rama de la lingüística que se ocupa de las intenciones de la comunicación, que relaciona mensaje y contexto con la actitud de las hablantes (o escribientes), y por lo tanto con los efectos de la comunicación bajo variadas influencias. Aún cuando la palabra "pragmática", en el contexto filosófico, evoca cuestiones prácticas y objetivas, lo cierto es que su hermana lingüística se adhiere como la hiedra en los muros emocionales. La simpatía, el miedo, los recuerdos, los deseos (o su ausencia), la persuasión, el orgullo...

Epicuro, amigo, ¿cómo hubieras reflexionado sobre el placer en estos tiempos que corren? ¿Habrías hecho un grupo de guasap con tus amigxs del Jardín?

El placer de la escritura es como un bicho que le pica a algunas personas, una inclinación irresistible hacia las posibilidades de las palabras para darle sentido al mundo, por pequeño que sea (el sentido, o la parcela de mundo susceptible de ser interpelada por ellas), una adicción como otra cualquiera. Lo bonito es compartirlo, porque si no, pierde la gracia. El chat ofrece la posibilidad de mantener relaciones epistolares interactivas. Los textos se acortan, evitando grandes monólogos, en favor de la fluidez comunicativa, de la comodidad de la interacción, casi como en una conversación cara a cara. Casi. A diferencia de estas últimas, las conversaciones por chat carecen de tono, de expresión no verbal, y podría parecer por tanto que carecen de emotividad. Sin embargo, todas intuimos, incluso sin muñequitos, puntos de inflexión emocional. Puede suceder también que releamos las conversaciones, para darle una oportunidad de reposo a la inmediatez de la conversación en tiempo real. Como toda relectura, los matices de significado se van transformando en función del tiempo transcurrido, del estado de ánimo, o de la teoría o perspectiva con que queramos iluminar cada nueva relectura. ¿Es eso grave? ¿Contraproducente? ¿Interesante? Supongo que depende del nivel de perspectivismo se maneje, de la actitud abierta o cerrada ante la posible multiplicidad de los matices implicados. Placeres filosóficos, en muchos casos.

La mayoría de la obra de Epicuro que se conserva son cartas a sus amigos:

Es asimismo verdad que el universo está compuesto de cuerpos y de vacío. De la existencia de los cuerpos nos da testimonio la sensación, en la que es necesario apoyar el razonamiento al conjeturar acerca de lo desconocido... (Carta a Heródoto)

Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es ni demasiado viejo ni demasiado joven.
(Carta a Meneceo)


...Por este motivo afirmamos que el placer es el principio y el fin de una vida feliz, porque lo hemos reconocido como un bien primero, a partir del cual iniciamos cualquier elección o aversión y a él nos referimos al juzgar los bienes según la norma del placer y del dolor (Carta a Meneceo)








domingo, 26 de agosto de 2018

Epicuro contra el amor

Vamos allá, cojo un cd cualquiera de los que tengo por casa, uno al azar, y sale The Wall, de Pink Floyd. Maldito pensamiento mágico. Mi aguja de marear se mueve convulsamente de un lado al otro del eje, del centro. Cuando hice la serie de entradas "Mapas locos" me mantuve alrededor del centro con un pudor casi reverencial. Ahora sé que era miedo, y que el miedo siempre es un estorbo, excepto cuando es un seguro de vida.

El monstruo discursivo, por entonces innombrable, era claramente el amor. Mi apuesta por la amistad en detrimento del amor sigue firme, pero no termina de protegerme de sus peligros. El amor, como idea, práctica o sospecha, me provoca una inseguridad molesta que amenaza mi salud mental. Molesta es un término suave, demasiado suave. La inseguridad es insoportable.

La Crítica del pensamiento amoroso de Mariluz Esteban me ayuda a ponerle palabras, y sobre todo razones, a esta inseguridad insoportable. Con ella voy encontrando argumentos fundamentados a la constatación evidente de que la centralidad del amor, especialmente para las mujeres, es un asunto ideológico que se desparrama por la cultura con la inercia imparable de una especie invasora. Apunta a la insuficiente problematización de este asunto dentro del feminismo, cuyos esfuerzos han ido más orientados a la crítica del sexo: la división sexo-género, la genitalidad del sexo heteropatriarcal, el orgasmo femenino, y bla bla bla.

Hay dos aspectos de esta obra que me han hecho clic: la naturalización de la mística amorosa, y la autoexigencia por parte de las mujeres del control de las emociones. En relación al primero, parece ser la razón principal de la ausencia general de crítica al pensamiento amoroso, como si el mantra subyacente fuese "no se puede hacer crítica del misterio". En la mayoría de productos culturales dirigidos a propagar la ideología amorosa (canciones, novelas, películas, etc), la mística amorosa se despliega con todo lujo de detalles: el amor como misterio, el amor como fuerza que todo lo puede o como sufrimiento que todo lo destruye, y más aún, el amor como paradoja que puede provocar ambos resultados: destrucción y salvación.

Si el amor es una ideología o sistema de pensamiento, entonces sí es posible deconstruirlo y confrontarlo con otros sistemas de valores, de ideas, de proyectos. Como a Mari Luz Esteban, a mí también me cae muy bien Epicuro, con su defensa del placer, la amistad y la conversación como ingredientes de primerísima calidad para la tortilla de la vida.

El segundo aspecto que me fascina del libro es la autoexigencia del control de las emociones. Sinceramente, creo que va mejor cuando se descontrolan, por lo menos sale todo para afuera y una se queda a gusto. Últimamente intento controlarme de una forma global, como si no tuviera edad para andar por ahí haciendo la loca, cuando, paradójicamente, lo primero que pongo sobre el tapete es que estoy como una cabra. De esta forma, entro en un bucle extraño, resultado de hacer explícito mi diagnóstico al tiempo que intento comportarme como la persona más normal, racional y serena del universo. Como tiendo a enamorarme de personas inteligentes, no cuela, pero mientras no me conocen un poco, lo perciben como una distorsión subterránea, más bien inconsciente, que a veces les atrae, y otras les aturde. Lo que se percibe, aunque no sea fácil ponerle palabras, es un sesgo en la expresión emocional. Supongo que es cuestión de ganas decidirse a ir más allá de la distorsión, pero eso no es del todo asunto mío

El control de las emociones tiene que ver con asumir, a priori, que el amor descontrola emocionalmente. Ahora bien, también me pregunto hasta qué punto es cierto, o simplemente es una indefensión aprendida, inoculada cual virus maligno en el lote de la ideología amorosa. Sea como sea, me manejo mal en la lentitud, y esto tiene todo el sentido en la experiencia: las mejores relaciones que he tenido han ido como un cohete. Y el amor ha venido como consecuencia, no como fabulación previa. Epicuro, no pasan los años por ti.

La reflexión sobre lo refrescante que resulta el placer como antídoto o contrapeso del enamoramiento me lleva de nuevo a uno de mis libros preferidos, Orlando, de Virginia Woolf. Atravesando los siglos a veces como hombre, otras como mujer, siempre recuerdo la diferencia cualitativa entre el siglo XVIII y el XIX. En el primero de ellos, siendo mujer, Orlando se mueve en la tradición libertina: su universo gira, básicamente, alrededor de buenos amantes y mejores conversaciones. En cambio llega al siglo siguiente y le da bajón: la preponderancia de lo romántico sobre lo placentero avanza paralela a la cantidad de visillos y figuritas que se esparcen por las casas burguesas, una mezcla de clausura espacial y horror vacui doméstico, justo en el momento histórico en que al capitalismo le da por mistificar a las mujeres como "ángeles del hogar", para mayor aprovechamiento de sus funciones reproductivas (y decorativas) al servicio de la expansión económica. Lo que le sucede a Orlando en el siglo XIX es para echarse a llorar.


domingo, 5 de agosto de 2018

Ola de calor

Nos merecemos días espléndidos, bonitos de principio a fin, de la mañana a la noche. Comer a gusto con amigas en una terraza a la sombra, con vistas al mar. Visitar y apoyar un proyecto interesante para la ciudad, Proxecto Cárcere, asentado sobre las bases de la libertad para usar, cuidar y disfrutar un espacio común. Abrazar y compartir buenos momentos con más amigas. Celebrar cumpleaños con vino rico y horas de baile, en noches de calor y música excelente.

No vamos a elegir caminos difíciles cuando lo fácil es estar bien, así sin más.

Oh, sí, taaaanto amor, taaan doloroooso, taaanta devoción, poesía eres tú, tu ru rú, mira mi pecho ardiendo en llamas que llegan al cielo, mira mis ojos de bruja inventando tus mejores cualidades, mira qué extraño sentir del tiempo, mira tú qué tontería.


viernes, 27 de julio de 2018

La inconsistencia

Leyendo La actualidad innombrable, de Roberto Calasso, me suceden varias cosas al mismo tiempo.

La primera es un placer intelectual que echaba de menos, y que se deriva directamente del hecho de leer ensayo, sin más, porque últimamente los problemas de concentración me impidieron leer cualquier cosa primero, y cualquier cosa densa después. La narrativa se lee con fluidez, aunque a medida que me alejo de la narrativa sencilla para meterme en la compleja, me meto al mismo tiempo en profundidades psicológicas que son como un tornillo dando vueltas en el centro de la herida, o más bien una aguja esterilizada cosiendo un corte profundo: necesaria en cierto modo, pero dolorosa.

La segunda, y tiene que ver con la aguja cosiendo el corte, es poder reflexionar, ya de una forma más intelectual que emocional, sobre cómo algunos males generales que acechan el mundo en el que vivo pueden de alguna manera explicar también qué es lo que acecha y vuelve inconsistente mi pequeño mundo, el de la herida.

"Homo saecularis es inevitablemente un turista. No solo cuando viaja. Zapping y link forman una gran parte de su vida mental. Son operaciones preexistentes que un día asumieron la configuración indicada por esos dos términos"

Entre esto y los amores líquidos de Zigmut Baugman, se va entendiendo algo más. Claro que las personas no somos máquinas, aunque utilicemos las máquinas para comunicarnos de una forma que nos deshumaniza bastante. Pero no somos máquinas, así que preguntarnos qué nos diferencia de una máquina podría ser un camino posible contra la inconsistencia.

"El mundo secular y democrático se funda enteramente sobre el libre albedrío y sobre la fe en la ciencia. La ciencia no da ninguna señal de creer en la existencia del libre albedrío. Se diría, más bien, que lo niega, sobre la base de argumentos y experimentos diversos. La vida pública, al mismo tiempo, avanza como si eso no existiera. De otro modo los sistemas judicial, administrativo, político y económico se bloquearían al instante. El dilema es tan grave que ni siquiera es reconocido"

La necesidad de afecto y experiencias íntimas sinceras choca frontalmente contra el miedo al compromiso, ese ente abstracto empeñado, al igual que las entidades anteriores, en robarnos el libre albedrío. Para terminar de complicarlo, el mismo mundo que acoge el dilema esparce sin piedad una idea del amor como cárcel, sufrimiento, dependencia, autodestrucción, entrega, fidelidad, abnegación (esto último más bien para las mujeres). El amor entonces, así entendido, sería una de las sectas más poderosas. Huyendo de la inconsistencia secular, caemos en sectas de todo tipo.

El amor que vale la pena podría ser el que permite reflexionar juntxs sobre el peligro de la secta, al mismo tiempo que se regala, con responsabilidad sobre las heridas ajenas, afecto e intimidad, sin que sean un mero zapping para días en los que no hay un plan mejor.

lunes, 23 de julio de 2018

Verano

Hace tiempo que los veranos se me hacen largos, pero ya no difíciles. Lo fueron, y tanto que lo fueron, largos y difíciles, con esa responsabilidad de llenar días y días sin rutinas específicas marcadas desde fuera, responsabilidad agravada por el hecho de no encontrarme del todo bien. Me centré demasiado en las emociones de un amor imposible. Oh, sí, hubo muchísimo amor, y muy imposible.

"La masculinidad es un tapón a tus emociones.
Porque los hombres no lloran, no escuchan, no hablan de sí mismos ni de lo que sienten y llegan a los cuarenta años y todo eso les estalla en la cara porque no saben quiénes son y son incapaces de ponerse en el lugar de nadie. Hombres que se comportan como niños de diez años en sus relaciones, a los que parece que siempre se les echa la bronca porque han hecho algo mal, que delegan responsabilidades, que no se comprometen con lo que están haciendo y que huyen cuando alguien les reclama algo legítimo.
La masculinidad es una guerra al afecto" (Roy Galán)

Mi estrella del norte se llama Manuela, y siempre pienso que nunca le agradeceré lo suficiente todo lo que me cuida, desde hace años. Con ella los días malos se transforman en regulares, y luego en buenos, despacito, así como a lo tonto, sin grandes palabras ni falta que hace. Poquito a poco salgo de mi ensimismamiento, poquito a poco hablamos de otras cosas y planteamos horizontes sencillos, de andar por casa. Nos vamos un par de días a la playa, lo propio del verano.

Es bueno no estar cerca de quien me frustra, de quien me obliga a estar permanentemente alerta, de quien me provoca insomnio, me plantea fantasías descabelladas y me regala decepciones continuas. Oh, sí, hubo muchísimo amor, y muy imposible.

El feminismo es un mural de registro, en donde anoto cada día que transcurre sin que la idea del amor romántico me secuestre la vida, me imponga compasiones innecesarias y me robe claridad mental para ir haciendo lo que de verdad es importante.

Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte (F.G. lorca)

domingo, 22 de julio de 2018

Huida del amor oscuro

Este alacrán que por mi pecho mora
tendría que marcharse justo ahora
al conjurarlo con palabras que desean
quedarse como el agua en la memoria







miércoles, 18 de julio de 2018

Green girl

¿Qué es lo que no le perdonas?
- "Que menospreciara y se burlara de la intensidad de mis sentimientos, pero hay algo más, más importante, menos romántico si quieres, pero mucho más importante: que no quisiera aprender a cuidarme. Yo necesitaba que supiera cuidarme, por si alguna vez se me olvidaba hacerlo. Tenía mucho miedo de volver a estar demasiado cansada o demasiado intensa, o demasiado asustada, tanto que se me olvidara cómo cuidarme. No le perdono que no quisiera entender eso, por más que le di instrucciones precisas sobre cómo hacerlo".

1999

En el medio de lo que debería ser el salón había una mesa alargada, desordenada y llena de herramientas para pintar objetos pequeños. Una chica está sentada en el centro, observando el desfile de personas desconocidas, en lo que parece una extraña fiesta. Lleva un suéter de punto, de manga corta, ajustado, de un color verde brillante. Le llamábamos verde marujita. Le sienta un poco como a las actrices de las películas italianas, anacrónico alrededor de una delgadez intensa que agranda los ojos, los ojos muy abiertos por estar siempre descifrando sospechas aterradoras, de las que roban las palabras. No suelta los pinceles, no deja de pintar, pintar es agarrarse a la materia, los pinceles son pequeños como el hilo de Ariadna que quizás algún día la lleve de vuelta a casa.

Entra Lucía, que es poeta y tiene también los ojos grandes. Los suyos son grandes de asombro, brillan descubriendo gominolas, colores, y palabras. "¡Green Girl! ¡Green Girl!" La chica de verde se siente agradecida por el reconocimiento, se siente solamente una chica vestida de verde, algo tangible y fácil de comprender, solo una chica vestida de verde. Debajo de la ventana está la Plaza del Humor, llena de voces, todo el rato.

En aquella película de terror, Green Girl se siente fugazmente cuidada, y deja de tener miedo durante un ratito. Muchísimos años después, todavía le hace feliz encontrarse a Lucía, saber que siempre es poeta, que le va bien, que sus ojos grandes siguen viendo gominolas, colores y palabras.

domingo, 15 de julio de 2018

Desear otro deseo

Hambre (Rosane Gay) es un libro desolador, que sin embargo transpira dignidad en cada página. Leyéndolo entiendo por qué a las mujeres dañadas (¿conocéis a alguna mujer no dañada?) nos cuesta tanto tomarnos con tranquilidad ese "paraíso publicitario" en que se ha convertido el amor romántico. Una mentira de las grandes.

No vayamos tan lejos. porque aunque no aspires a ninguna de las fantasías románticas más comunes, relacionarse con intimidad erótica parece siempre un deporte de riesgo. ¿Cuánto voy a tardar en sentirme decepcionada, o decepcionar? ¿Cuánto voy a tardar en mostrarme demandante y enfadarme conmigo misma por eso? ¿Cuánto voy a tardar en perdonarme de ese enfado y aceptar que demandar que se cubran ciertas mínimas necesidades afectivas es un cuidado mínimo al que tengo, o debería tener, derecho? ¿Cuándo voy a dejar de observar si la otra persona está bien antes de observarlo en mí misma, o cuándo va a ser la otra persona la que me observará a mí con ese criterio? ¿Cuándo voy a dejar de sentir ansiedad ante el miedo de que se cancele una cita a última hora? (Quizá cuando deje de relacionarme con quien ya desde el principio ves que hace eso de forma sistemática) Y la peor...¿cuántas veces más las heridas se harán más grandes?

Para responder a estas y muchísimas otras preguntas sobre por qué este tipo de relaciones nunca son cuentos de hadas, simplemente he decidido no tener este tipo de relaciones, durante un tiempo indefinido. Intento dar un giro de timón y dedicar todo ese tiempo y esfuerzo a cuidarme, primero para tener la certeza de que eso es posible, y después para poder comparar todo lo que sea capaz de cuidarme con lo que puedan cuidarme otras personas. Si mi forma de cuidarme me da más alegrías que los cuidados (o ausencia de ellos) que vengan de fuera, entonces quizás no sea para nada una mala idea.

Si mis mejores amigxs lo son durante años y años, y lo han sido por el cariño, admiración y cuidado mutuo... ¿para qué quiero relaciones que no les llegan ni a la suela de los zapatos, sólo porque está presente el ingrediente físico? Otra cuestión pendiente, como mujer dañada, es la naturaleza de mi deseo...¿qué se ha ido erotizando, aún a mi pesar? ¿Cómo puedo deserotizarlo? ¿Cómo puedo hacer que mi cuerpo, y mi mente, aprendan a desear de otra forma? Si no pensase que el erotismo es otra construcción social, heteropatriarcal hasta la náusea, estas preguntas serían gritos en el desierto. Pero no lo son. No son gritos en el desierto. Son, en sí mismas, deseos nuevos. Son pruebas de que se puede desear otro deseo.

sábado, 14 de julio de 2018

Ensayo sobre el ensayo.

Esquizoqué es un ensayo gordo, de más de setecientas páginas, escrito a lo largo de ocho años. Es un ensayo autoetnográfico en el que exploro, de una forma completamente subjetiva, las distintas tribus en las que me muevo. La tribu esquizo, la tribu racionalista, la tribu de las escritoras malditas, la tribu de los corazones rotos y su arsenal de tiritas y mejunges, la tribu de las envenenadas por la música, y la de las que no saben muy bien qué hacer con la rabia, es decir, la tribu feminista.

La tribu de las que se deprimen, de las que ya no se autolesionan a la manera clásica, pero que siguen autolesionándose de formas sutiles, psicológicas, relacionales. Yo solo quiero estar en la tribu de las alegres, pero estaría en la tribu de las ingenuas si pensase que la alegría va a durar más que unos cuantos fogonazos por aquí y por allá.

El primer año de esquizoqué quería derribar el mito de la esquizofrenia como enfermedad crónica e incurable, quería devolver la dignidad a las experiencias y sensaciones que llevan a la psiquiatría a catalogarnos como locas. Si quería demostrar que la esquizofrenia no era incurable, tenía que curarme. Pero curarme sería demostrar que tenía "algo" de lo que curarme. Así que no se trataba de eso, sino de recuperar el control de mi mente, neutralizar las profecías, externas e internas, que decían que era algo fuera de mi control. Quería abofetear el biologicismo, saber qué hacer con la rabia de que nos reduzcan a impulsos bioquímicos ajenos a nuestra voluntad. Quería ser feminista con la locura y sus relatos, igual que ya lo era con la feminidad y sus relatos.

La "esquizofrenia" se fue con el rabo entre las piernas, con todos sus relatos puestos del revés. De alguna forma, sus regalos de intensidad vitalista, a la vez extremos y desordenados, dejaron un vacío que quise llenar con experiencias interpersonales. Y al fracasar algunas de ellas, vino otro vacío, con otra forma, la más terrible de todas: lo que llaman depresión, o tristeza pegajosa. Peligrosísima, porque te lo quita todo, durante mucho tiempo. Pueden pasar años pensando que estás algo cansada o algo aburrida, o algo triste, alternando una justificación con otra. Hasta que abres el melón y la miras de frente, sin excusas pero también sin patologizaciones, pueden pasar años. Años...años...da muchísimo pánico pensarlo. Quizá por eso cuesta tanto abrir ese melón.

Cuando abres el melón, ves un mapa lleno de pantanos, con playas minúsculas que pasan desapercibidas si no pones una lupa de aumento. Despegarse la tristeza es localizar con lupa las playas en el mapa, buscar playas nuevas, centrarse en todas ellas y regarlas como si fueran un jardín absolutamente frágil. Regar puede ser una actividad monótona y cansada, repetida en su cotidianeidad, pero absolutamente necesaria si quieres mantener vivo ese jardín. Soy un jardín extremadamente frágil, con todo por hacer, y ese es el punto de partida.

Regando se oye
el burbujear del agua
al hacerse barro.

Me hago barro cuando el riego consigue formar una pasta modelable, y entonces me felicito con alivio por estar siempre del lado del constructivismo social. Saber que puedo hacer algo con mis relatos y mis circunstancias, y que ese algo se construye con las demás, es la herramienta central para construir un mapa nuevo. "Convalecer" de la tristeza pegajosa es hacer este trabajo. El ensayo sobre la tristeza, el cansancio, la apatía, la decepción y el aburrimiento tiene ya unas cuantas páginas.

Termino con una frase de Amparo Tomé, que quiero llevar puesta todo el rato: "Casi nada me da igual porque yo estoy comprometida con la vida"


viernes, 6 de julio de 2018

Fobia social escaqueante

Hay personas que padecen fobia social porque les han hecho muchísimo daño, y esta actitud defensiva tiene todo su sentido. Nace del miedo, y el miedo nace del trauma. En la medida en que puedan hacer trabajo sobre el trauma y lo sobrevivan (aunque no sea un camino lineal), la fobia social irá desapareciendo.

Pero hay otro tipo de fobia social, la que nace de la pereza ante la responsabilidad afectiva. A esta la llamo escaqueante. La ejercen personas con dificultades para ponerse en el lugar de los demás, porque saben que eso puede implicar compromisos, reconocimiento de fallos propios, cambios de perspectiva. Las personas con fobia social escaqueante solo se relacionan con un grupo muy reducido de personas, aquellas que ya no les suponen ningún esfuerzo, bien porque son relaciones familiares con dinámicas conocidas, bien porque han conseguido conocer a personas que se lo aguanten todo, sin más. Es una "patología" muy neoliberal, que hace a estas personas inclinarse socialmente hacia el beneficio y el utilitarismo, con cero responsabilidad hacia el sufrimiento ajeno, ya no digamos si ese sufrimiento tiene algo que ver con su falta de responsabilidad afectiva. La teoría de las "personas tóxicas" (esa que consiste en alejarse de las que se quejan de lo suyo y pretenden que las escuches sin mandarlas a hacérselo mirar) es también muy neoliberal. Es una teoría muy complementaria de la fobia social escaqueante: "la gente es un peñazo, yo paso". Las personas con fobia social escaqueante se van quedando bastante solas, perdiendo habilidades sociales y, por lo tanto, retroalimentando el chiringuito. Llegados a ese punto, te puede estar observando Óscar Wilde e inspirarse en ti para escribir "El gigante egoísta".

Es que claro, si eres sociable y abierta, puedes llegar a conocer a muchas personas, y en lote irá también conocer sus problemas, dolores, y tener que tomar partido ante ellos. Si la actitud es de cuidado, y ese cuidado se ve correspondido, la red social se ensancha y se fortalece. Vale muchísimo la pena, anímense. Eso sí, no es un proceso apto para impacientes ni personas con baja tolerancia a la frustración, porque ya voy avisando de que no todo son alegres ni justas correspondencias. Ni todo el monte es orgasmo.


jueves, 5 de julio de 2018

Pánico en el cuento de hadas (Amanecer, de F.W. Murnau)

Amanecer, de F.W. Murnau, es una joya cinematográfica que acaban de poner en un cine terraza. El coloquio empieza invitándonos a responder a la siguiente pregunta: ¿Por qué creéis que está en la lista de las diez mejores películas de la historia del cine?

Las respuestas son tantas, y desde tantos puntos de vista, que mejor me centro. Yo no entiendo de cine pero me fijo.

Desde el punto de vista narrativo, es un cuento de hadas, perfecto, con princesa sufriente, bruja mala, metamorfosis del príncipe (rana, monstruo, de nuevo príncipe, lo típico) y final feliz.

Desde el punto de vista estético, lo tiene todo bien colocado, magistralmente colocado: la imagen, la música, la interpretación, la fotografía, el ritmo. Buena de llorar.

Desde el punto de vista simbólico, agárrate y da gracias que no haya cogido el micro, porque lo hubiera monopalizado, y era algo tarde. A partir de ahora va un spoiler. A ver, hay un señor casado que vive la vida campestre y sencilla con su dulce, rubia y angelical mujer. Todo locus amoenus hasta que llega una pérfida mujer liberada de la ciudad: sofisticada, moderna (y morena), con iniciativa, con deseos propios, y con capricho de tener una aventura con el señor de la aldea. Lo que hace aquella mujer en el pueblo es una incógnita, pero da igual, se lleva al huerto al mozalbete, lo engatusa, lo cela y le insinúa que se lleve a su mujer rubia en una barquita y la ahogue en el río para poder estar los dos más a gustito. Y el tipo va y se lo piensa. Gente maja.

Una perra feminista intenta impedir el asesinato, pero como es perra, la llevan de vuelta al corral y empieza la película de terror. El príncipe se animaliza en gorila inyectado en sangre (expresionismo del bueno), y la pobre chavala pone ojitos para zafarse, porque clases de autodefensa feminista no le han dado.

No solo no la mata, sino que se arrepiente mucho muchísimo por haberlo intentado, se agobia y le pone ojitos él a ella para que le perdone. A todo esto ella había conseguido escapar en un tranvía, camino de la ciudad, pero él se le cuela en el tranvía. Sea para intentar matarla o darle la brasa, él dale que te pego detrás de la muchacha.

La ciudad. Atención. La ciudad es el mal, o venía siéndolo hasta ahora en la historia, asociación extraña para las vanguardias, pero es que los genios son así, le dan la vuelta a todo y tú te quedas dándole más vueltas. En la ciudad se está celebrando la exposición universal, o una feria parecida, con sus casetas de tiro, sus avances tecnológicos, sus bailes de salón y sus peluquerías. De vez en cuando vuelan cosas, tipo drones pero no, porque son los años veinte. Ah, bueno, los de antes de luna de miel, ya se sabe cómo es el ciclo de la violencia de género. De la perra feminista no se sabe nada, pero el monstruo se pone guapo y vuelve a pasar por príncipe, con sus flores y sus bizcochos para la merienda, súper romántico. En la ciudad, la parejita reivindica los valores del noviazgo rural, la tradición encarnada en lo sencillo, la risa cómplice, una foto con besito y los bailes regionales, que dejan a los del casino libertino con la boca abierta.

Al acabar la feria en la ciudad están de vuelta en una barquita, otra vez. Casi mueren juntos, debido a la tormenta, un dramón, que si ella muere, que si no muere, así todo el rato. El príncipe se encuentra con la bruja morena y la intenta matar por mala, que se ve que él tiene un sentido de la justicia muy en su sitio, como se venía demostrando (que si te pongo los cuernos, que si te intento asesinar, que si te compro con florecitas y bizcochos, la banca gana siempre). Bueno, pues se salva la morena mala (ahí se ve la vanguardia otra vez, como el Guadiana), se vuelve a su hábitat natural y aquí paz y después gloria. Se restablece el orden, acaba la peli y empieza el coloquio. Yo ya no cogí el micro por lo que os comentaba antes, ya veis que era largo.

Ah, también se emborracha un cerdito que les había tocado en la feria. Un genio.




Diseña tu propia secta


Que no te vendan la moto, adelántate a la competencia. Aquí unos conceptos que no deben faltar en tu estrategia de márketing:

1- Auto lo que sea: autoconocimiento, autotransformación, autoayuda, autoconsciencia (generan ilusión de Independencia)

2- Conexión Universal (genera ilusión de Comunidad. Aunque pudiera parecer que entra en contradicción con el punto anterior, en marear la perdiz está la gracia, recordemos que se trata de despersonalizar, no de lo contrario)

3- Verbo SER: "SÉ tu mismo", "encontrar el SER verdadero", "aprender a SER"... (generan ilusión de Autenticidad)

4- Energías (lo explican TODO)

5- Camino, senda (aseguran Ingresos Continuados)

6- Crecimiento (marcan un objetivo para justificar que no cesen los ingresos)

7- Evolución (Concepto clave para celebrar que vamos dejando atrás a la chusma racionalista)

8- Bio lo que sea (genera ilusión de Salud y Eterna Juventud)

9- Aura (genera ilusión de Santidad y Artes Adivinatorias)

10- Pureza (ahí ya vas metiendo, sutilmente, las ideas supremacistas blancas de la Teosofía)

11- Consciencia del Presente (Cortoplacismo en bucle, genera además ilusiones momentáneas de Equilibrio y Armonía)

 12- Rechazo de la Racionalidad: "Tú eres más emocional que mental, reconéctate con tu intuición" Frase comodín para impedir que cualquier persona a quien quieras manipular intente pensar por sí misma, hacer sus propios análisis o llegar a sus propias conclusiones

12- Victimismo (La chusma racionalista y materialista nos odia, quién se creen que son para JUZGARNOS?)

13- Añade algo original de tu cosecha (No debes descuidar el factor "Innovación" en tu negocio)


Por supuesto que muchos de los conceptos anteriores están sacados de tradiciones milenarias, el neocolonialismo no tiene límites, el mundo de las ideas es un supermercado para que le saquen partido los listos. Es decir, TÚ ¿Vas a conformarte con ser mero discípulo pudiendo SER el que corta el bacalao? Deja de gastar dinero en talleres, retiros y constelaciones, y empieza a GANAR

lunes, 2 de julio de 2018

La semilla del trigo

El free jazz abre la mente, me lleva de viaje hacia una libertad sólida y sincera. La soledad elegida es un lujo que conviene saborear despacio. Que el resto del mundo siga buscando sus fórmulas secretas, a mí me vale ver crecer esta semilla, con admiración, un rato largo.












El insecto de la ira

Por suerte no me ha picado.

El insecto de la ira inyecta miedos permanentes basados en prejuicios morales inamovibles sobre un determinado concepto de la normalidad. El esfuerzo para protegerlos y no querer mirar más allá de ellos choca con un mundo cambiante que mueve los marcos sin pedir permiso ni pedir perdón. El choque es violentísimo y su estrategia tiende a la autoconservación. La consecuencia es el desprecio hacia quien es diferente, desprecio difícil de separar del odio. No ajeno tampoco a los sentimientos humanos más universales, estos sentimientos pueden vivirse con un nivel de angustia paralizante y desequilibrado, autodestructivo en algunas de sus manifestaciones. En otras, simplemente, se tiende a querer destruir aquello que se teme, aquello que no se entiende, aunque sea lo mismo que parece, en ciertas ocasiones, querer amarse. Inconscientemente, aquello que se envidia. Nada más lejos de la calma y la alegría. Cuidado, mucho cuidado con el insecto de la ira. El antídoto para su picadura es la voluntad de empatía, que a menudo es difícil de adquirir en solitario. Cuestión espinosa, teniendo en cuenta que el afectado desarrolla un panorama que lo empuja al aislamiento, durante el cual no es de extrañar que se produzca la retroalimentación de lo inflamado por la picadura.

domingo, 1 de julio de 2018

El insecto de la rabia

Caminey caminé
Caminey caminé

Ahuyenta la serpiente

Caminey caminé, dentro de mí, durante siglos. Mi cama llena de flores, flores rosas sobre rojo, tela pesada y brillante, barroca, oriental. A sus pies dos gatos queridos, respiran confiados, estamos donde siempre, nada que temer. Solo dormir. Mañana no será desagradable, mañana tendrá una mañana y una tarde, será radiante por momentos, soplaré y soplaré y el fantasma se irá lejos. Nunca más el lenguaje terapéutico para suplantar la vida. Mejor palabras fuertes para conjurar, para armarse. De valor. Tengo 27 años y no distingo la realidad de las ficciones terroríficas que me amenazan, permanentemente.

Caminey caminé

Tengo 28 años y mi cerebro está acolchado por una cantidad indecente de psicofármacos que no me dejan ser nadie, así que parto de la nada. Desde la nada no es difícil avanzar, cualquier paso conduce a cualquier sitio, cualquier sitio es diferente a nada. Empiezo un proyecto de investigación que va a durar diez, doce, trece años...para concluir que eso que llaman esquizofrenia es un puñado de miedos desorganizados. Hay que organizarse. Hay que escribir, hay que pensar, hay que hablar, hay que debatir, hay que enfrentarse, cuidarse. Por encima de todo, hay que confiar.

Si la psicosis es pérdida de referencias por desconfianza, y si los afectos son las referencias principales, hay que confiar en las personas que forman nuestra red afectiva. Tengo 28 años y tengo que encontrar el modo, el tiempo y el espacio de la confianza.

Caminey caminé
Caminey caminé

Tengo 45 años y el proyecto se transforma. Le llaman depresión y es mucho más frecuente, luego los resultados serán más generalizables, y más personas podrían sufrir menos. Conclusiones: Eso que llaman depresión es una crisis existencial caracterizada por la falta de vitalidad, cuyas causas van del arrebato del pasado al arrebato del futuro, sin que el presente sea tampoco ninguna fiesta, salvo esporádicas excepciones de luz que filtran las cortinas. Una vida acortinada.

Tengo cuarenta y cinco años, un mes y dieciséis días. No nos movemos ahora en el registro del destello ni de la revelación. Mejor así, porque lo que se atisba, sin ser falso, tampoco está garantizado, ni mucho menos será definitivo. Relación extraña con las pastillas: No quiero tomarlas, pero las necesito, así que las tomo. No quiero crear una adicción, así que tomo dosis muy pequeñas, y voy tirando. No es el fin del mundo. Lo importante es seguir investigando dónde se encuentra la vida que merece ser vivida.

Caminey caminé

Necesitamos proyectarnos un poco hacia adelante, siempre que ese proyecto, sea el que sea, nos de placer en el corto plazo, en el terreno omnipresente de lo cotidiano, ese discurrir de tonterías y repeticiones de todo tipo. Con un pie en la profundidad, y otro enterrado en barro, que no es lo mismo, eh? No es lo mismo. Epicuro dice que a veces que las recompensas de un proyecto a largo plazo que implique sufrimiento pueden ser más satisfactorias que la mera búsqueda inmediata de placer, aunque el placer esté siempre asociado al bien.

Caminey caminé y caminé, por un sueño poblado de criterios y puntos de inflexión. Recibí la picadura del insecto de la rabia, que se inflama cuando me tocan los ovarios sin ningún respeto hacia los tesoros del desván de los dolores, como una broma que en realidad es provocación. Es duro provocar cuando no tienes las de ganar, porque entonces te dan en los morros con un espejo del callejón del gato, las luces de la bohemia atacan oblicuas, y el perfil malo te hace parecer un vampiro de serie B, que bien mirado, podría ser peor, podría ser que me hubiera picado el insecto de la ira, y entonces vete a saber. Caminey caminé y caminé. Te digo palabras fuertes para librarnos de que te pongas condescendiente, para que puedas entender que la igualdad también es esto.

jueves, 24 de mayo de 2018

Campeones (Mapas locos VII)

"Campeones" es la película del orgullo emocional. Combatir la opresión con el cine. Tiene tantísimos zascas contra el capacitismo, que me parece imprescindible, obligatoria si queremos pensar seriamente que otros valores son posibles, y sobre todo urgentes y necesarios. La personas con diagnósticos de la llamada discapacidad intelectual están tan fuera del sistema, que sus voces solo pueden aportar lucidez, lucidez, y más lucidez contra la barbarie. Recuerdo que las ganas intensas de verla me vinieron al leer una crítica personal en las redes sociales: una persona con "discapacidad intelectual" había ido a verla y, al salir, dijo algo así como: después de ver esta película me siento orgulloso de ser como soy. Pues eso, corriendo al cine.

Y yo corriendo a dormir. Primera clase de percusión: estoy oxidada pero viva. Efectivamente, estas clases van a devolverme concentración y alegría, todo a la vez. Una depresión es una crisis existencial. Si consigues reorientarte hacia lo que te hace vivir, y no solo sobrevivir, tienes la mitad del camino hecho. Un poquito de disciplina hacia el cuidado y otro poquito de esperanza sin impacienia hacen el resto.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Mapas locos (VI)

Por las mañanas intento concentrarme, aunque solo sea un ratito, en preparar una charla para principios del mes que viene. Una hora es todo lo que consigo, pero una hora es más que nada.

Vuelvo a clases de percusión, después de dos años. Tengo mucha esperanza en esas clases, creo que van a ser buenas para devolverme, al mismo tiempo, concentración y alegría. El sábado, un amigo me invita al ensayo de su grupo de música, para escuchar y jugar un poco con los instrumentos que pueda haber por allí. Y con eso ya tengo suficiente para darle sentido a la semana, además de caminar dos horas cada día, comer bien, y estar con amigas. Actividades sencillas, vividas con tranquilidad, ni más ni menos.

Estoy leyendo, a ratos, un monográfico de la revista feminista La Madeja, titulado "Amores". Me lo regaló una amiga que desde hace mucho tiempo cuida mis amores, o más bien el efecto de los desamores. Hay un artículo en concreto lleno de preguntas, por ejemplo:

¿Qué es tu amor: río, isla, pantano? ¿Qué orillas baña: las de un mundo o las de una isla?
 Quien va contigo ¿es compañía en la ruta o es ruta en sí?
¿Cuánto hay de ti en lo que atribuyes a quienes amas? (Te lo pregunto para bien, te lo pregunto para mal)
¿Con qué derecho amoldas a quien contigo va? ¿Con qué derecho te amoldas a quien contigo va?
¿Te das cuenta de cómo cada paso prueba que los caminos que elegimos, por distintos que puedan parecer en un principio, convergen siempre en similares puntos, parecidos miedos?
¿Por qué conviertes en dogma palabras volanderas?
¿A qué temes cuando supones en vez de preguntar? ¿No te ocurre a veces que la otra persona ni ha empezado a sangrar y ya estás amputando, ya te estás amputando?

Parece hasta posible desincrustar al monstruo a base de preguntas, el monstruo discursivo acelerador de partículas. Y la filosofía como mapa: ¿con qué valores estoy juzgando lo que me pasa?

viernes, 18 de mayo de 2018

Mapas locos (V)

Hacer un mapa loco invoca fantasmas, y eso puede generar inestablilidad. También puede generar euforia, sentirse demasiado liviana a medida que van saliendo opresiones hacia afuera, y confundir esa sensación momentánea de bienestar con algo más duradero. Es lo que me está pasando hoy, además del calor, que me baja la tensión. El realismo puede llegar a ser terapéutico para personas como yo, que nos alimentamos demasiado de la fantasía para sostener ilusiones contra el vacío existencial. Y tampoco pasa nada.

Me salté el yoga como posible herramienta para luchar contra la opresión, algo lógico, porque yo no hago yoga, ni me interesa hacerlo (cada vez menos, de hecho). Pero bueno, hay algo en las disciplinas de conciencia del cuerpo que puede llegar a ser interesante. Ayer caminaba al final de la tarde, pensando en la omnipresente ansiedad estomacal, porque ahí estaba, como siempre estos días. ¿Puede hacerse algo corporal para combatir algo corporal de origen mental o emocional? ¿Desperezar el estómago? ¿Hacerlo bostezar, como si dijésemos? Probé a hacerlo mientras caminaba, y ni tan mal. Me puse tan contenta...pero hoy ya está aquí de nuevo.

A eso me refería, avanzas un poco, llega una pequeña recompensa, y la confundes con algo duradero. En fin, nadie dijo que fuese cosa de un día. Impacientarse también es opresivo. Si por casualidad me veo repitiendo conductas relacionadas con la impaciencia, tenemos fantasma asegurado. Sacar los fantasmas para afuera y mirarles a la cara también es combatir la opresión, y nadie dijo nunca que no fuese a doler.

Si me estanco con esto, será que estoy cerca del centro, y en el centro vive un monstruo lo suficientemente vivo todavía como para alcanzar la categoría de fantasma. Tiene pinta de monstruo discursivo, con un poder pegajoso que ha echado raíces en ese centro al que me estoy acercando. Seguramente despegarlo llevará tiempo, y en ese tiempo convivirán las tareas de limpieza y desincrustación con otras más amables.

Ahora bien, por el camino tengo que tener mucho cuidado de no confundir la necesidad de paciencia con ninguna religión oriental de esas que, al fin y al cabo, aconsejan resignación en lugar de lucha. Hoy tengo la sensación de ir demasiado rápido con los mapas, de que no se asienta casi nada, son más de las diez y tengo que cenar.




jueves, 17 de mayo de 2018

Mapas locos (IV)

¿Me sirve la expresión creativa para enfrentar la opresión?

Depende.

Por ejemplo, pintar puede darme tanto placer y relajación como vértigo. Hay placer en mezclar los colores, mover las manos, conectar lo que pinto con la música que escucho, alejarse y mirar...a ver qué se ve. Tiene mucho de mente en blanco, una parte. La otra es lo que se desvela, como si yo apenas tuviera control sobre lo que pinto, y fuese la pintura la que me lleva a mí. Otro asunto ambiguo es que siempre tiene que haber una motivación emocional para empezar el proceso, algún tipo de confusión que necesita esclarecerse, y eso puede provocarme reacciones emocionales imprevistas: por más dolorosas que sean, si lo son, hay que hacerles sitio y darles sentido.

Bueno, sí, no puede negarse que pintar es una herramienta de reajuste importante, pero hay que ir con cuidado con ella, porque, no siendo yo religiosa, es lo más parecido a un ritual, con un potencial catártico del registro de lo serio, aunque solo sea conmigo misma. Proyectarlo hacia fuera, enseñar el resultado, también es complejo. A veces no sé muy bien qué estoy enseñando, qué están viendo los demás, cómo de transparente o de vulnerable se me está viendo, así que...más riesgo de vértigo.

Conmoción, un lío.

Y claro, que de vez en cuando consiga desenmarañarme revoltijos emocionales es un prodigio de autocuidado. Otro tanto puede decirse de la expresión creativa cuando estoy del otro lado, cuando soy receptora/espectadora, porque puede también tener efectos fuertes. Si total, es todo comunicación, y para nada un asunto sencillo.

Fuera de la pintura está la música, que hoy no toca.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Mapas locos (III)

Hoy cumplo años. Los mensajes de tanta gente linda a la que quiero con todas mis fuerzas abren la mañana. En este ejercicio doloroso y necesario de organizar lo que duele, vamos avanzando. Hoy toca la mejor parte: ¿Cómo enfrentar la opresión?

Amigas, qué sería yo sin las amigas...gracias, gracias, gracias, gracias.

No hago mucho ejercicio, pero me gusta caminar. Estos días siento ansiedad en el estómago en cuanto piso la calle, así que, inconscientemente, intento reducir las horas que paso fuera de casa. Pero aún así salgo, y camino, intento enfrentarme a esa sensación de semiagorafobia, a la que no termino de acostumbrarme. Me encanta bailar, pero no tengo mucho ánimo, y además las horas a las que se baila son prohibitivas para mí estos días. Podría bailar en casa, pero bailar es social, así que será cuestión de paciencia que pueda volver a hacerlo.

Alimentación saludable, sugiere alguien. Siempre disfruté de la comida, pero ahora me cuesta verla  como un placer, así que acabo comiendo cualquier cosa, sobre todo si estoy sola. Me alimento un poco mejor cuando estoy con otras personas, consigo disfrutar un poco de los sabores, porque están asociados a la compañía. Recuerdo que, cuando me cuido de forma natural o decido hacerlo como necesidad imperiosa (como ahora), la comida pasa a un primer plano. Que en el supermercado estos días mi imaginación no vaya más allá de unos huevos o unos botes de tomate para hacer pasta es bastante significativo. Miro la hora y decido parar de escribir y bajar al supermercado. Escribir todo esto no sirve de nada si no desencadena pequeños pasos hacia donde quiero ir.

De vuelta de la tienda de barrio, estoy contenta de haber evitado el supermercado (hubiera comprado porquerías en lata). Tengo comida para hoy y para mañana. Compré setas pensando en hacer mañana arroz para una invitada muy querida que vendrá hoy, que me llama normal con tantísimo cariño. Se merece algo mucho más rico, pero el arroz no me sale mal, y como paso hacia adelante, no es pequeño. Mientras pongo patatas a cocer, descubro en la nevera unas pocas fresas, no en muy buen estado. Decido reciclarlas gracias a mi ritual casi infalible para cocinar cuando no tengo ganas: Buena Vista Social Club, el disco entero. Pero pienso, qué raro que yo deje estropear unas fresas, con lo que me gustan. ¿Cuándo las compré?, no lo recuerdo muy bien...buff. Necesito que me cambien el cerebro actual por el mío de siempre. Mapas locos, compas, tenemos mucho trabajo por delante.

La comida de hoy, un ejemplo de microavance: me senté a la mesa (no comí en el sofá), sin teléfono, sin tele, solo con un poco de música de fondo. Me lo comí despacio, estaba rico, separé las espinas del pescado con calma, me bebí el vaso agua entero (estaba hasta bebiendo poca agua), me tomé el postre. Es raro cuando necesitas energía extra para hacer lo más básico. Pienso en los llamados trastornos de la alimentación, pienso en las compañeras diagnosticadas en ese rango de comportamientos. Me importa un bledo mi peso y, en general, mi imagen física. Los llamados trastornos de la alimentación, obviamente, no tienen que ver con eso, hay océanos de fondo en alimentarse raro, sea poco, mucho, rápido, distraído, o mal. La comida es una forma de relacionarnos con nosotras mismas, y con el mundo también.

Cuidarse es resistir, es luchar contra la opresión de sentir que no puedes, o que ni siquiera te importa. Voy a beber otro vaso de agua. Las fresas estaban pasables, pero comestibles. Ahora me voy un ratito al sofá. Creo que por hoy es suficiente. 

martes, 15 de mayo de 2018

Mapas locos (II)

Me quedé ayer en la autoimagen.

Rebobino: estas entradas, bajo el título "mapas locos", corresponden con un plan serio de autocuidado que quiero hacer público, una decisión consciente que tiene que ver con socializar el sufrimiento. Socializar el sufrimiento permite hacer visibles sentimientos y conductas que no me pasan solo a mí, y que quizás pueda servir a otras personas para identificar su propio sufimiento, la raíz del mismo, y sobre todo las herramientas posibles para manejarlo. Como dijo un grandísimo amigo del activismo en salud mental, el objetivo de nuestra lucha es "que la gente sufra menos", ahí es ná.

Como en la entrada anterior, sigo el mismo proceso. Voy leyendo la imprescindible guía Locura y opresión y, de una forma más libre e impresionista que rigurosa, me va sugiriendo rutas para elaborar mi mapa.

Autoimagen: cuestiono, estos días, mi capacidad para alcanzar metas, porque me siento distante de mí misma, con incertidumbre respecto al futuro. Cada vez que esto pasa, necesito reiniciar la relación conmigo misma. Ayer me sentía incapaz de gestionar heridas del pasado, de evitar el eterno retorno de estas heridas, no solo en forma de recuerdos, sino de adelantarme a heridas futuras, lo cual forma parte del mismo centro de gravitación. (Ayer incapaz, hoy menos incapaz, esto es bueno, significa que el plan, tímidamente, empieza a tener efecto.)

En cuanto a las consecuencias sociales, me preocupan especialmente ciertas reacciones impulsivas que rozan la mala educación, una especie de paranoias emocionales súbitas que me hacen reaccionar con un nivel de franqueza desagradable del que me arrepiento al momento. Las he tenido sobre todo esta última semana. Hay en esto algo bueno, y es esta segunda parte, la del darme cuenta y pedir disculpas a la mayor brevedad posible. Probablemente exagero el impacto hacia el exterior debido, precisamente, a una mayor inseguridad estos días, en general. Las personas con las que me sucede, amigas o familiares de muchísima confianza, le dan muchísima menos importancia que yo misma. No me gusta que me pase esto, porque no es justo para estas personas. Cuidar a los demás es autocuidado también. Con algunas personas, me cuesta sentirme comprendida, quizás por interiorizar su posible capacitismo, lo que hace que me autocensure a la hora de expresar cómo me siento en realidad, doy por supuesto que no van a comprenderme por no haber compartido experiencias de problemas de salud mental. Por otro lado, y esto es tristísimo, cada vez es más difícil que haya personas ajenas a estos problemas, en el grado que sea.

Relacionado también con las consecuencias sociales, y en el terreno concreto de la sexoafectividad, tiendo a poner por delante mi vulnerabilidad, es un mecanismo de defensa, como si quisiera comprobar cuanto antes el grado de capacitismo de la persona con la que estoy hablando. Es confusa esta cuestión, despierta miedos e inseguridades en la otra persona. También es cierto que, cuando del otro lado se percibe aceptación natural, la complicidad se produce rápido, y eso es bueno para cualquier relación, del tipo que sea. Y también puede pasar que, si se produce rechazo, lo asocie inconscientemente a capacitismo, aunque no sea cierto. Es decir, se produce un exceso de percepción aumentada de estar siendo oprimida por el capacitismo. Es molesto, pero también comprensible, afortunadamente recoloco la situación en cuanto puedo, hacia una lectura más justa de la misma.

Hay un apartado en la guía que tiene que ver con la comunidad extendida, es decir, aquella en la que se incluyen tanto otras personas locas como personas no diagnosticadas. Sí que me ha pasado, y más de una vez, tener la necesidad de estar en la comunidad segura. Sin embargo, dependiendo del momento y de lo que necesite expresar, comunidad segura puede ser una o la otra. Es decir, hay veces que necesito estar solo con personas diagnosticadas, o que siento más complicidad, en un grupo, con esas personas que con las otras. Tengo que decir aquí que en general soy una persona muy sociable, sin mayores problemas para relacionarme, hacer nuevas amistades, etc. Estas restricciones en la sociabilidad las noto más cuando estoy en periodos bajos, evidentemente.

En el mundo laboral, al principio sentía pánico de que "me descubriesen", lo cual era un estrés añadido a la novedad y exigencias del propio trabajo. Muy poco a poco, por diversas circunstancias y en diversos momentos, conseguí "salir del armario" con algunas personas, cuya humanidad y sensibilidad me invitaba a hacerlo. Cuando lo hacía, el efecto psicológico era de liberación, de sentirme más segura, de no tener que esconderme (al menos con esas personas), y eso repercutía, para bien, en el desempeño del trabajo, puesto que tenía más energía, y sobre todo la sensación de que el entorno se volvía seguro con esas complicidades. Desde aquí quiero dar las gracias, de todo corazón, a todas y cada una de esas personas, algunas también lectoras de este blog. La liberación tenía que ver también con la visibilización, al menos parcial, de nuestro colectivo en la profesión. Por supuesto, me preocupaba muchísimo, en relación a "ser descubierta", que, si eso sucedía, percibiese en los demás una mirada de suspicacia, como si dijésemos, a la caza del "síntoma". Tengo que decir que esa mirada de suspicacia nunca la percibí, lo cual me dió más confianza en que visibilizar es una apuesta que, aunque dé miedo al principio, vale mucho la pena.

Hasta aquí los efectos de la opresión en diferentes áreas (salud, autoimagen, relaciones sociales, entorno laboral). Aquí me viene perfecto un recordatorio, y es que la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad promueve un desplazamiento conceptual de la discapacidad. Hasta ese momento, la discapacidad se consideraba a la luz del llamado modelo médico-rehabilitador, según el cual las personas con discapacidad (ahora nos gusta más diversidad funcional) teníamos un "defecto" susceptible de ser "reparado" por la tecnología médica. Con el modelo social, la discapacidad se organiza no en torno a la "limitación" individual de la persona, sino a cómo se percibe socialmente, cuáles son las barreras, visibles o invisibles, que la sociedad nos pone. Estas barreras se organizan alrededor del concepto de opresión, que opera, como hemos visto, a muchos niveles (personal, social, laboral, de oportunidades, de relatos, y también de discriminación y violencia).




Mapas locos (I)

Hoy, por fin, me puse con la guía "Locura y opresión", con la intención firme de construir mi propio mapa loco, con toda la calma que me permite mi crisis actual, y con todo el rigor que merece el autocuidado cuando vemos que nos vamos abajo, y cuando sentimos que aquello que tira de nosotros más y más en esa dirección necesita un enfrentamiento sin demoras ni disculpas.

"La opresión son puertas cerradas. Ya sea que yo las cierre porque no puedo lidiar con la circunstancia, o porque alguien o algo más me las cierra a mí"

Partiendo de esta definición tan sencilla, y a la vez tan completa, me propongo hacer primero una lista de lo que ahora mismo me da miedo:

- Escribir una lista pública de lo que me da miedo, sabiendo que este blog puede leerlo cualquiera, incluidas personas de mi entorno laboral. ¿Por qué tengo ese temor? Porque en la sociedad en la que vivo, se considera que una persona con mi diagnóstico no es de fiar. Así de simple, así de terrible, así de opresivo. Sin embargo, mi blog es público desde hace años, cualquiera puede leerlo, cualquiera puede encontrar mi nombre asociado en cualquier búsqueda de internet. He dado charlas sobre el tema, identificándome públicamente con el diagnóstico. ¿Por qué a veces ese temor me paraliza, cuando la mayoría de las veces considero que mis experiencias son un orgullo, por motivos que he explicado más de una vez en este mismo blog? Porque el miedo va y viene, tiene su propia trayectoria, sus momentos, y no siempre tenemos la misma fuerza para enfrentar aquello que tememos. Estos días me siento infinitamente vulnerable, así que abro una sublista para intentar exponer los motivos:

- Estoy de baja laboral. A pesar de que está más que justificada, y de que cualquier otra opción hubera sido un riesgo de empeoramiento de la salud, siento impotencia. Da igual que lleve tres años desempeñando uno de los trabajos considerados más estresantes (lo que quiere decir que, en todo este tiempo, he demostrado que podía), y que en todo ese tiempo haya trabajado con ganas, ilusión, e incluso reconocimiento. Ahora no puedo, así que siento impotencia. Y sobre todo, y ya sé que esto es muy habitual en este tipo de bajas, tengo miedo a no volver a poder.

- No puedo concentrarme para estudiar, habiendo sido siempre buena estudiante, habiendo recurrido al estudio precisamente como terapia en épocas bajas. Estudiar me ha salvado de tantas catástrofes emocionales, que hasta ahora mismo, escribiendo esto, no me había parado a pensar lo catastrófico que me resulta no poder hacerlo en estos momentos.

- Me cuesta muchísimo conciliar el sueño sin pastillas. Hasta ahora, las pastillas eran el comodín de los días difíciles, muy rara vez necesitaba tomarlas más de tres noches seguidas. Esta última temporada, todos los días, y además anda por ahí la idea de que podría necesitarlas también durante el día. Hoy por ejemplo tuve un pico de angustia bastante fuerte, y aunque conseguí no recurrir a ellas, no tengo nada claro que lo consiga otros días.

- Me emociono de forma intensa, sea en forma de euforia o de lágrimas, por los motivos más variados. Al principio hasta era agradable, porque lo asociaba con emociones buenas, de esas que parece que vienen como un clic de sensiblidad extra, y te hacen sentir que no eres una piedra. Pero al mantenerse en el tiempo, empiezo a verlo como algo irregular, que no es propio de mí.

- Me siento sola, aunque sé que no lo estoy. Creo que tiene que ver con la ausencia, esta temporada, de sexoafectividad. Valoro muchísimo la intimidad erótica, y he pagado precios no siempre justos para cuidarla, mantenerla, enriquecerla, para generar en torno a ella vínculos fuertes, bonitos, intensos. Que luego algunos de esos vínculos se desvanezcan o se intoxiquen porque se termina una parte de la relación es algo a lo que no termino de acostumbrarme. Sé que forma parte de la construcción social de la sexoafectividad, pero eso no hace que duela menos. Estos días, en particular, duele muchísimo.

- Me siento cansada, existencialmente hablando. Aunque la baja laboral me permite disponer de tiempo extra, se me escurre sin mayor aprovechamiento, los días pasan rápido y anodinos, otras veces lentos y cargados.

- A lo largo del día, siento ansiedad en el estómago. No en el pecho, porque respiro bien y sé controlar una crisis, así que esa herramienta me permite no tener "crisis de hospital", pero igualmente la ansiedad está ahí, como una inquilina permanente de mi cuerpo. Se me pasa si me río, si me tomo una copa de vino en la tarde-noche, o si hay algún plan que me ilusione.

- Me resuena la palabra "loca", usada contra mí en el pasado de forma activa o pasiva para censurarme, cuestionarme, no cuidarme, ningunearme. Me resuena de forma especialmente dolorosa cuando ha venido de personas que me gustaban, de esa forma sexoafectiva, y con las que siempre he sido clara, honesta y valiente en relación a esa parte de mí. Esto provoca, actualmente, que me autosabotee posibles relaciones, porque, al estar vulnerable, me retraigo enseguida de comportamientos que antes hubiera tenido con alegría. Ahora, esos mismos comportamientos me generan autoestigma, por lo que, o los evito, o pido disculpas si los tengo, generando en la otra persona una sensación de confusión, de dificultad.

- Tengo miedo a empeorar, y tengo pánico absoluto a que ese empeoramiento me lleve a la consulta de un psiquiatra. Ese miedo tiene que ver con el miedo a represalias por mi activismo en favor de los derechos de las personas con diagnósticos. Es un miedo absurdo que a veces tengo ganas de enfrentar haciendo precisamente lo que me da miedo. Pero al mismo tiempo es un miedo legítimo porque he sido  maltratada en la insitución psiquiátrica, y eso deja secuelas, es necesario decirlo. Pero quiero agotar antes todos los demás recursos, y por eso me he decidido a escribir esta entrada.

- Tengo miedo de preocupar a mis amigas y familiares, lo que ha hecho que muchas veces oculte cómo me siento en realidad. Ocultarlo lo agrava, con lo cual no tiene sentido si el objetivo es no preocupar. Creo que es mejor hablarlo con naturalidad. Me gusta muchísimo hablar con una amiga reciente, porque tiene un don especial en su manera de decirme: "es normal que eso te haga sentir mal". Nunca pensé que me gustase tanto que me llamasen"normal".

- Como mujer, me duele todo lo que pasa, lo que me ha pasado a mí, lo que le ha pasado a amigas, lo que pasa cada día a mujeres desconocidas, cuyo dolor se siente escalofriantemente cerca. El impulso actual del movimiento feminista da fuerzas, pero la reacción fascista a nuestros avances da miedo.

- Leo en la guía: "Cumplidos ofensivos reafirman estereotipos sobre mi identidad". A veces, pensando que me hacen un cumplido, alguna persona me ha dicho: "pero si tú no tienes nada, si tú no estás loca, nadie lo diría" Este punto es complejo. Entiendo la buena intención, pero se me transmite el mensaje de que valgo en la medida en que aquello que me hace diferente permanezca oculto a la percepción de los "capaces". En cambio, que se valore la creatividad o el ingenio producto de la "euforia" como algo positivo, pone en valor la diferencia, en lugar de rechazarla como un "síntoma".

- Sigo avanzando en la guía, llego a un apartado titulado "¿De qué forma afecta la opresión a tus sentimientos?", así que me toca un listado de emociones: inquietud, fatiga emocional, tristeza, frustración, impotencia, preocupación, ansiedad, decepción, confusión, rabia, tensión, impaciencia, desilusión, estar a la defensiva.

- Conductas derivadas de la opresión: aislamiento (no siempre quiero estar con gente cuando me pesa todo lo anterior), insomnio, sumisión a los consejos (cuando detecto que no puedo usar mis propias herramientas), colapso emocional, me abandono en el autocuidado, tengo dificultades para expresar mis emociones con personas "no diagnosticadas", búsqueda de cuidado y, al mismo tiempo, rechazo del mismo, sensación de que algunas personas se han agotado de cuidarme, por lo que tiendo a no dar demasiados detalles sobre cómo me encuentro.

Aquí voy a hacer una pausa. Todo lo que estoy escribiendo tiene que ver con lo que he llamado alguna vez el "estrés de las minorías". En otras ocasiones, sobre todo desde que trabajo como profesora, he desplazado todos estos síntomas, me los he negado, me he hecho la fuerte, y los he reservado para los períodos vacacionales. Que tuviera que usar las vacaciones, o al menos una buena parte de ellas para dejar salir la presión, me ha provocado, al mismo tiempo, otros problemas. Uno de esos problemas tuvo que ver con relaciones sentimentales que me resultaron (nos resultaron) muy difíciles: al necesitar el tiempo libre para vivir toda la emoción negativa que no podía permitirme durante el periodo escolar, necesitaba que quien estuviera a mi lado pudiese hacer sitio para esas emociones negativas. El hecho de que no pudieran, o no supieran, o no quisieran, lo hizo más difícil. En lugar de acompañar ese estrés para que pudiera salir y desvanecerse, el estrés aumentaba. Como consecuencia de eso, no descansaba lo necesario en las vacaciones, y la olla seguía cogiendo presión. A veces, el trabajo ha sido la disculpa perfecta para performarme como normal y descansar del estrés vacacional. Así contado parece un galimatías, pero tiene, infelizmente, demasiado sentido.

- ¿De qué forma este estrés de las minorías ha afectado a mi salud y bienestar? A lo largo de todos los años que han pasado desde que tengo el diagnóstico, y siendo más fuertes unos sentimientos que otros según la época, puedo recordar: vergüenza de necesitar tantos cuidados, miedo a necesitar un ingreso (quizás el miedo más grande, que ha condicionado la vivencia de todo este proceso), avalancha de recuerdos tristes, distracción y pérdida de concentración, cambios bruscos de estados de ánimo, dependencia emocional, autonarrativas de excesiva vulnerabilidad, insomnio, angustia súbita (breve pero con picos muy fuertes), abnegación por un concepto equivocado del apoyo mutuo, cansancio existencial con ideas suicidas (suicidio y tentativas descartadas por consideración a todas las personas que amo, que son muchísimas), estado de alerta por tener que vigilar la duración e intensidad de todos y cada uno de estos sentimientos. Cuando empecé a escribir este blog, el miedo a las consecuencias de cuestionar el sistema psiquiátrico y el discurso biologicista me provocó periodos de ideas delirantes, sobre todo los dos primeros años. Ese miedo se fue diluyendo a medida que el activismo tomaba fuerza, y que íbamos encontrando aliadxs entre los propios profesionales, pero nunca se fue del todo.

- Autoimagen: aunque se me ve a menudo como una persona alegre y con la autoestima alta, en realidad esta imagen solo es cierta parcialmente. Es cierto que tengo motivos para estar alegre, y aspectos de mí que me enorgullecen, pero a veces necesito una dosis demasiado alta de egocentrismo para mantener todo eso a flote, demasiada autovigilancia. He desarrollado, por necesidad, una inmunidad tan grande al qué dirán, que a veces me paso de espontánea, confiada, abierta en relación a mis opiniones o modos de vida. La consecuencia es que, cuando pasa un tiempo y a veces las relaciones cambian, toda esa espontaneidad se vuelve contra mí, en forma de críticas, chismorreos, envidias, bla bla bla. Los enfados conmigo misma son ahora menos frecuentes, por suerte, pero tuvieron muchísimo peso en el pasado, llegando a la autolesión. La experiencia dolorosa con estas conductas, la reflexión y el trabajo de autocuidado me han permitido minimizar completamente las autolesiones, aunque es cierto que se han visto sustituidas por una tolerancia demasiado alta a la agresión psicológica que viene de fuera, especialmente en el terreno de la intimidad sexoafectiva. La tolerancia es literal, las permito conscientemente porque entiendo que vienen del dolor y la frustración más que de la maldad. Sin embargo, estos días me estoy dando cuenta de que pesan más de lo que pensaba.

Voy poco a poco, diseñar un mapa loco general no es cosa de un día. 


 




domingo, 13 de mayo de 2018

Pausa y diferencia

A veces me enciendo,
como un fósforo.
Como un fósforo,
puedo encender algo más grande,
o no.
Una vela,
un horno,
un incendio,
hasta un infierno,
con un fósforo,
como cualquiera.

Sólo quería escaparme un poco,
en la pausa,
hacia la diferencia.
Una vela llega lejos con buen viento,
la otra vela.




sábado, 12 de mayo de 2018

La comunicación

En las clases de lengua se nos dice que la comunicación tiene varias funciones:

- La función expresiva: tiene que ver sobre todo con la primera persona gramatical, dicho de otra forma, con el YO (ahí es nada). En épocas de narcisismo e individualismo desenfrenado, no es extraño que se hayan puesto de moda las emociones como centro de todo. Quien quiere pasar desapercibido en este desparrame, oculta sus emociones, mantiene un perfil, digamos, discreto. Claro que ese perfil bajo, en el fondo, no deja de ser un privilegio, y voy adelantando que, como tal, es masculino. La función emotiva, como también se le llama, es central en la poesía. El yo poético es, a todas luces, una categoría literaria presente en la mayor parte de la literatura occidental, no digamos ya a partir del Romanticismo, donde el desparrame emocional alcanza su punto álgido. Pero la poesía es otra cosa, luego vamos con ella.

- La función apelativa, omnipresente en la publicidad, se centra en la segunda persona: TÚ. En el código publicitario (o político), la interpelación despliega todos sus matices. Es la función del poder: ¿Qué quiero de ti? ¿Qué quiero que hagas para mí? ¿De qué forma puedo influir en tu voluntad para mi beneficio? Son maestros de la apelación los líderes de todo tipo de sectas.

- La función representativa, o referencial, sería aquella que se centra en el mensaje, en el contenido. Podríamos decir que, en términos de objetividad, entendida como ausencia de emoción, es la más neutra, la menos personal. Mediante esta función, de lo que se habla es de lo Otro, de lo que no está presente, ni aquí conmigo ni aquí contigo. Se desplaza (al menos en intención) la intersubjetividad en favor de la transmisión de información.

- La función fática asegura la calidad del canal, su perfecto funcionamiento para garantizar que la comunicación se produce sin interferencias ajenas a ella misma. La cobertura, las rayitas azules del guasap, las caras de extrañeza ante la audición deficiente en lugares con ruido, la forma en que miras (o desvías la vista) a alguien que te habla, el lenguaje no verbal, la actitud distraída, todo ello está dando información sobre la calidad del intercambio comunicativo. La mala calidad del canal influye en la elección del mensaje, o en la forma en que va a transmitirse, que al final viene siendo lo mismo, porque a ver quién es el valiente que separa forma y contenido, aspiración tan vana como la de pretender separar la mente del cuerpo. 

- La función poética, o cómo hacer de la comunicación un arte.

- La función metalingüística, o cuando el lenguaje habla de sí mismo. "La paciencia es una virtud, ¡y un sustantivo!" (Bob Esponja).

Hasta aquí, unas pinceladas lingüísticas nada inocentes. Más allá de intereses particulares en las asociaciones y ejemplos que elegí para explicarlas, así nos organizan los libros de texto, a grandes rasgos, el meollo comunicativo.

¿Es posible desentrañar una perspectiva profundamente androcéntrica en el uso y valoración social de estas funciones? Por supuesto, las histéricas somos lo máximo.

¿A qué grupo social se atribuye la centralidad de la emoción y la subjetividad en los procesos comunicativos? ¿Qué grupo social se estereotipa hablando por teléfono? Como si hablar mucho, o hablar mucho de emociones, fuese algo esencialmente femenino, y por supuesto menor, a falta de otros recursos.

¿Qué grupo social se atribuye valor en base a la "reivindicación científica" de la objetividad? Es decir, de la función representativa, es decir, de hablar de lo Otro (de las Otras, de los Otros)?

Probemos con el sexismo de la interpelación: un hombre que interpela convenientemente a las masas es un líder. Una mujer que interpela convenientemente, por ejemplo en el terreno emocional, es una manipuladora.

Se salva la función poética. Lo que no me conmueve no es arte, y allá cada cual con sus cosas.

La reivindicación de la subjetividad libre de comparaciones es feminista hasta la médula. El feminismo que me reconforta defiende la interrelación y la interdependencia, de las personas, pero también de los procesos, de la comunicación, de la forma de hacer política o de la forma de hacer ciencia. Si el cuerpo y la mente no pueden separarse (pese a que el dualismo androcéntrico lleve siglos diciendo lo contrario), ¿cómo va a poder separarse la forma del contenido? ¿o el mensaje del canal? ¿acaso es lo mismo dejar una relación por guasap que hacerlo en persona? Si el canal influye en el mensaje, ¿cómo no influirá en la intersubjetividad, en la calidad de las relaciones entre las personas gramaticales implicadas? ¿en lo que se expresa, y en la forma en que nos sentimos interpeladas?

En el capitalismo de las habilidades sociales, las mujeres ganamos terreno, obviamente. Lástima que el desarrollo de este capitalismo crepuscular haya coincidido con la desvalorización generalizada de la fuerza de trabajo, y con ella, de las trabajadoras. O quizá no es coincidencia. Si no necesitas poner los afectos a trabajar, eres un privilegiado. Pero si lo necesitas, verás hasta que punto estas "habilidades sociales" (que no son otra cosa que un conocimiento elevadísimo de la  interrelación de las funciones del lenguaje, fundamentalmente aplicadas al cuidado, perfiles comerciales a comisión y funciones educativas, remuneradas o no)...cotizan a la baja, cuando cotizan. La cantidad de trabajo que no termina con la jornada laboral asociada a estas habilidades es incalculable, llevarse a casa el peso de cien mil microconflictos intersubjetivos para gestionarlos a velocidades imposibles entre una y otra jornada pesa, y pesa mucho. La relación entre esta variable y el increíble aumento de la depresión en las mujeres es tan cristalina como opaco es su reconocimiento público.

La comunicación, más allá de las clases de lengua, es un asunto de salud pública. A medida que el feminismo siga avanzando, iremos viendo cómo se revaloriza la emoción, ya no asociada a la persuasión de masas o al narcisismo individualista (que es como ahora se lee y se produce, en términos neoliberales)  sino a la cuestión complejísima de la intersubjetividad que lucha por un concepto de interdependencia e interdisciplinaridad libre de objetividades deshumanizadoras ("la objetividad es el nombre que le han puesto los hombres a su propia subjetividad", leí una vez).

Epistemología feminista: Donna Haraway, Carme Adán
Intersubjetividades e interdependencia: Judith Butler
Capitalismo emocional: podemos empezar por aquí