domingo, 5 de agosto de 2018

Ola de calor

Nos merecemos días espléndidos, bonitos de principio a fin, de la mañana a la noche. Comer a gusto con amigas en una terraza a la sombra, con vistas al mar. Visitar y apoyar un proyecto interesante para la ciudad, Proxecto Cárcere, asentado sobre las bases de la libertad para usar, cuidar y disfrutar un espacio común. Abrazar y compartir buenos momentos con más amigas. Celebrar cumpleaños con vino rico y horas de baile, en noches de calor y música excelente.

No vamos a elegir caminos difíciles cuando lo fácil es estar bien, así sin más.

Oh, sí, taaaanto amor, taaan doloroooso, taaanta devoción, poesía eres tú, tu ru rú, mira mi pecho ardiendo en llamas que llegan al cielo, mira mis ojos de bruja inventando tus mejores cualidades, mira qué extraño sentir del tiempo, mira tú qué tontería.


viernes, 27 de julio de 2018

La inconsistencia

Leyendo La actualidad innombrable, de Roberto Calasso, me suceden varias cosas al mismo tiempo.

La primera es un placer intelectual que echaba de menos, y que se deriva directamente del hecho de leer ensayo, sin más, porque últimamente los problemas de concentración me impidieron leer cualquier cosa primero, y cualquier cosa densa después. La narrativa se lee con fluidez, aunque a medida que me alejo de la narrativa sencilla para meterme en la compleja, me meto al mismo tiempo en profundidades psicológicas que son como un tornillo dando vueltas en el centro de la herida, o más bien una aguja esterilizada cosiendo un corte profundo: necesaria en cierto modo, pero dolorosa.

La segunda, y tiene que ver con la aguja cosiendo el corte, es poder reflexionar, ya de una forma más intelectual que emocional, sobre cómo algunos males generales que acechan el mundo en el que vivo pueden de alguna manera explicar también qué es lo que acecha y vuelve inconsistente mi pequeño mundo, el de la herida.

"Homo saecularis es inevitablemente un turista. No solo cuando viaja. Zapping y link forman una gran parte de su vida mental. Son operaciones preexistentes que un día asumieron la configuración indicada por esos dos términos"

Entre esto y los amores líquidos de Zigmut Baugman, se va entendiendo algo más. Claro que las personas no somos máquinas, aunque utilicemos las máquinas para comunicarnos de una forma que nos deshumaniza bastante. Pero no somos máquinas, así que preguntarnos qué nos diferencia de una máquina podría ser un camino posible contra la inconsistencia.

"El mundo secular y democrático se funda enteramente sobre el libre albedrío y sobre la fe en la ciencia. La ciencia no da ninguna señal de creer en la existencia del libre albedrío. Se diría, más bien, que lo niega, sobre la base de argumentos y experimentos diversos. La vida pública, al mismo tiempo, avanza como si eso no existiera. De otro modo los sistemas judicial, administrativo, político y económico se bloquearían al instante. El dilema es tan grave que ni siquiera es reconocido"

La necesidad de afecto y experiencias íntimas sinceras choca frontalmente contra el miedo al compromiso, ese ente abstracto empeñado, al igual que las entidades anteriores, en robarnos el libre albedrío. Para terminar de complicarlo, el mismo mundo que acoge el dilema esparce sin piedad una idea del amor como cárcel, sufrimiento, dependencia, autodestrucción, entrega, fidelidad, abnegación (esto último más bien para las mujeres). El amor entonces, así entendido, sería una de las sectas más poderosas. Huyendo de la inconsistencia secular, caemos en sectas de todo tipo.

El amor que vale la pena podría ser el que permite reflexionar juntxs sobre el peligro de la secta, al mismo tiempo que se regala, con responsabilidad sobre las heridas ajenas, afecto e intimidad, sin que sean un mero zapping para días en los que no hay un plan mejor.

lunes, 23 de julio de 2018

Verano

Hace tiempo que los veranos se me hacen largos, pero ya no difíciles. Lo fueron, y tanto que lo fueron, largos y difíciles, con esa responsabilidad de llenar días y días sin rutinas específicas marcadas desde fuera, responsabilidad agravada por el hecho de no encontrarme del todo bien. Me centré demasiado en las emociones de un amor imposible. Oh, sí, hubo muchísimo amor, y muy imposible.

"La masculinidad es un tapón a tus emociones.
Porque los hombres no lloran, no escuchan, no hablan de sí mismos ni de lo que sienten y llegan a los cuarenta años y todo eso les estalla en la cara porque no saben quiénes son y son incapaces de ponerse en el lugar de nadie. Hombres que se comportan como niños de diez años en sus relaciones, a los que parece que siempre se les echa la bronca porque han hecho algo mal, que delegan responsabilidades, que no se comprometen con lo que están haciendo y que huyen cuando alguien les reclama algo legítimo.
La masculinidad es una guerra al afecto" (Roy Galán)

Mi estrella del norte se llama Manuela, y siempre pienso que nunca le agradeceré lo suficiente todo lo que me cuida, desde hace años. Con ella los días malos se transforman en regulares, y luego en buenos, despacito, así como a lo tonto, sin grandes palabras ni falta que hace. Poquito a poco salgo de mi ensimismamiento, poquito a poco hablamos de otras cosas y planteamos horizontes sencillos, de andar por casa. Nos vamos un par de días a la playa, lo propio del verano.

Es bueno no estar cerca de quien me frustra, de quien me obliga a estar permanentemente alerta, de quien me provoca insomnio, me plantea fantasías descabelladas y me regala decepciones continuas. Oh, sí, hubo muchísimo amor, y muy imposible.

El feminismo es un mural de registro, en donde anoto cada día que transcurre sin que la idea del amor romántico me secuestre la vida, me imponga compasiones innecesarias y me robe claridad mental para ir haciendo lo que de verdad es importante.

Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte (F.G. lorca)

domingo, 22 de julio de 2018

Huida del amor oscuro

Este alacrán que por mi pecho mora
tendría que marcharse justo ahora
al conjurarlo con palabras que desean
quedarse como el agua en la memoria







miércoles, 18 de julio de 2018

Green girl

¿Qué es lo que no le perdonas?
- "Que menospreciara y se burlara de la intensidad de mis sentimientos, pero hay algo más, más importante, menos romántico si quieres, pero mucho más importante: que no quisiera aprender a cuidarme. Yo necesitaba que supiera cuidarme, por si alguna vez se me olvidaba hacerlo. Tenía mucho miedo de volver a estar demasiado cansada o demasiado intensa, o demasiado asustada, tanto que se me olvidara cómo cuidarme. No le perdono que no quisiera entender eso, por más que le di instrucciones precisas sobre cómo hacerlo".

1999

En el medio de lo que debería ser el salón había una mesa alargada, desordenada y llena de herramientas para pintar objetos pequeños. Una chica está sentada en el centro, observando el desfile de personas desconocidas, en lo que parece una extraña fiesta. Lleva un suéter de punto, de manga corta, ajustado, de un color verde brillante. Le llamábamos verde marujita. Le sienta un poco como a las actrices de las películas italianas, anacrónico alrededor de una delgadez intensa que agranda los ojos, los ojos muy abiertos por estar siempre descifrando sospechas aterradoras, de las que roban las palabras. No suelta los pinceles, no deja de pintar, pintar es agarrarse a la materia, los pinceles son pequeños como el hilo de Ariadna que quizás algún día la lleve de vuelta a casa.

Entra Lucía, que es poeta y tiene también los ojos grandes. Los suyos son grandes de asombro, brillan descubriendo gominolas, colores, y palabras. "¡Green Girl! ¡Green Girl!" La chica de verde se siente agradecida por el reconocimiento, se siente solamente una chica vestida de verde, algo tangible y fácil de comprender, solo una chica vestida de verde. Debajo de la ventana está la Plaza del Humor, llena de voces, todo el rato.

En aquella película de terror, Green Girl se siente fugazmente cuidada, y deja de tener miedo durante un ratito. Muchísimos años después, todavía le hace feliz encontrarse a Lucía, saber que siempre es poeta, que le va bien, que sus ojos grandes siguen viendo gominolas, colores y palabras.