domingo, 6 de septiembre de 2020

Tener a mano algo para escribir

Nada humano me es ajeno, o algo así. Pero qué cuesta arriba a veces. Me cuesta un mundo escribir, últimamente. Por momentos parece que el tiempo del blog se terminó, o tantos otros. Luego respiro hondo y vuelvo a varios sitios. Mucho empeño, mucho esfuerzo en el cuidarse. Quizás es tiempo de fotos, más que de palabras. Solo para que descansen, nada más. Las palabras vuelven siempre. Lo que duele es ambiental, así que por favor... tengamos paciencia. Teníamos el corazón lleno de mundos nuevos, ¿te acuerdas?  Hasta podemos bucear otra vez entre los clásicos, ponerles la linterna en los puntos de sutura, y aprender de las viejas cicatrices. Contra el vacío, lo que sea. Aquí mis relatos, el de hoy en domingo todavía de sol.

martes, 1 de septiembre de 2020

Buenas compañías para el proyecto de este curso:

Placer

Constancia

Curiosidad intelectual

Paciencia

Capacidad de síntesis

Amplitud de miras

Perspectiva

Concentración

Estrategia

Organización

Amor propio

Ilusión

Chispazos

Amor al arte

Escritura

Lectura

Discursividad

Planificación

Contextualización

Banco de ideas, tareas y materiales

 


lunes, 17 de agosto de 2020

Interdependencia


Si cuidas a quien quieres y te quiere, te quieres más, mejor y más bonito.

Si quien quieres no te quiere, no sirve cuidarle, no vas a quererte más por eso. Ni van a quererte más por  eso. Querer mucho rato a quien no te quiere es irse queriendo menos, y teniendo menos energía también para querer a quien sí nos quiere. 

No vamos a esperar a querernos mucho a nosotras mismas para querer a otrxs.

Si nos cuidan y nos quieren, nos queremos más, mejor, y más bonito. 

 

 






lunes, 20 de julio de 2020

Un día nos vamos a morir, pero los otros días no.

Los huesos de las articulaciones, además de estar diseñados para funcionar como bisagras, lo están también para amortiguar caídas, en sus partes planas. La parte plana del hueso proporciona una plataforma de apoyo, por más pequeña que sea, que permite abrsober el impacto del peso del cuerpo, aunque sea al precio de un bonito moratón.

Así también el propio pensamiento sobre el cuerpo está diseñado para llevarnos mejor con él, para amortiguar caídas, y evitar un tipo de dolor, o más bien un grado, que viene sobre todo de la tensión nerviosa ante la idea del dolor. El dolor intenso pero breve de un resbalón en la cocina puede no ir a más si durante la caída somos capaces de ralentizar la escena, y por lo tanto volvernos solamente un cuerpo que quiere caer bien, en esos segundos preciosos en los que podría traicionarnos el pánico y hacer que la experiencia física y psicológica de la caída fuese todavía más traumática.

Una vez en el suelo, conviene no levantarse demasiado rápido, sino permanecer abajo, respirando con tranquilidad, escuchando qué nos está diciendo el dolor sobre el tipo de daño que podamos haber sufrido. Generalmente la agudeza del dolor inicial remite relativamente pronto (si no se ha roto nada) con ese ejercicio de respiración, al que podemos sumar otro ejercicio filosófico sobre el significado de poder decir: "pa habernos matao". Buena señal cuando se puede decir eso, buen analgésico también.


domingo, 19 de julio de 2020

Elogio veraniego de la pereza

Hoy domingo, la programación de radio clásica es deliciosa. Tanto, que me quedo tirada, literalmente, toooda la tarde. Como una gata sin culpa, horas y horas de languidez interior, tan tranquila como intensa. Sí es posible. 

No sé del todo de dónde me viene esta libertad, y aunque tengo mis hipótesis, esta vez me las reservo, por aquello de no hacer un altar del ateísmo. (Bonita paradoja que sería). Así que no pienso, ni leo, ni produzco. De vez en cuando miro algo como al azar, distraída, satisfecha. Quizás me levanto a ordenar cualquier rincón de la casa, un ratito muy pequeño, disfruto del resultado, me vuelvo al sofá, sonrío como una idiota, me desperezo, doy media vuelta, me prendo en cualquier nota, viene al azar, en la voz lejana y elegantísima de la locutora, un nombre que no voy a recordar (conscientemente).

Estos días tengo una cita, voy a conocer a alguien. Es muy joven, es amable y tranquilo, tiene tantas ganas como yo de esa sorpresa que será ponernos cara. Apenas sabemos nada el uno del otro, pero ya hemos vivido juntos un viaje y una hospitalización. Nada del otro mundo, todo queda en la tierra de la cotidianeidad, en esas pequeñas pantallas capaces de vida propia.

Pero no es la cita lo que me vuelve perezosa, sino la indiferencia ante el mundo, tan extraña de repente. Tan efímera, también (veréis lo poco que tarda en sacudirme, el mundo). Algo sabemos ahora del placer solitario de la pereza, al calor de las tardes de verano. Como la armonía perfecta de las suites para cello de Bach. Escuchar música como nunca, estrenando autorretrato.

Y allá lejos, quizás demasiado, la idea literaria de un amor inaudito (que no un enamoramiento), lleno de generosidad, me anima a construirme de a poquitos, se atreve a acercarse sin asomo de hipocresía, ni de miedo. Le pone palabras a algún rincón secreto, y yo viajo sin querer de su estar sentipensante al mío, marcando con besitos amarillos el camino de vuelta. Hay algo extrañamente sólido en esta ausencia del cuerpo, algo sin lobos, que no duele.

Me toco incrédula el mapa de los fantasmas, desierto. 


jueves, 6 de febrero de 2020

Del enamoramiento como fórmula magistral.

Entonces, estaba diciendo en Tudela, hace unas semanas, que la psicosis no es verdad ni mentira, sino ficción. Metáfora de lo que aún es pronto para nombrar, porque se derrama. "La ficción da forma a lo que se derrama en nosotras" (Anne Carson)

De los diez años de estudio sobre el delirio (estudio situado, encarnado, poniendo algo más que el cuerpo en la batalla), más otros diez de distancia y reflexión a posteriori, me queda una sensación, casi anodina, de que es tan solo un recurso, uno de tantos, para tiempos difíciles. Pero ay, la escritura, la escritura es vicio de la mente en llamas. Con toda la serenidad que me acompaña de un tiempo a esta parte, la escritura sigue provocando incendios, cuando no es agua de lluvia contra esa misma fiebre. Entonces toda escritura es también ficción, en el acto de recoger inundaciones en redes de palabras que le hablan siempre a alguien, a quien sea. A quien viene a leer con franqueza o alevosía, con el cuerpo en búsqueda o con la indiferencia maquillándole los ojos, con hambre de ficción o dudas tormentosas. A quien seas, bienvenidx.

Por ejemplo podrías ser una buena amiga en la distancia, comprobando si vuelvo a estar enamorada. O un amante confundido con los nombres del cariño, sosteniendo la calavera que vino a sustituir a la aburrida margarita, preguntándote si eres o no eres. Podrías ser incluso un enemigo, queriendo descubrir algún novedoso talón de aquiles, por si no tuvieras suficiente, en estas tierras tan poco heroicas. A veces quien lee y relee soy yo misma, por si acaso no me reconozco, o me reconozco demasiado. Para esto y mucho más el vicio de la escritura, que calma y sana porque es un juego casi musical, de máxima concentración, fuente de salud obligatoria a poco que se piense un poquito, en estos tiempos de estímulos tan feroces como intermitentes.

En esta carta de hoy te cuento que he aprendido a desenamorarme rapidísimo, no por frivolidad ni confusión emocional, sino porque el enamoramiento es un tipo de ficción que he conseguido iluminar sin drama ni tormento, viéndose que era sustancia juguetona para amenizar rincones del alma en trance nómada. Y viéndose también que no aprovecha si se juega en solitario, por ser asunto sociable, y divertido. Así que las personas fantasiosas, que por tal me tengo sin rubor alguno, hemos de tener localizado cierto tipo de interruptor bioquímico, por si hubera que apagarlo para ahorrar combustible en un planeta tan dañado como este. De esta forma, sabiendo de antemano dónde está el botoncito, podremos activarlo si, y solo si, los vientos son favorables, respons-hábiles, y tentaculares. On/Of. En caso contrario, se aconseja el método de conservación en frío de la sustancia, en espera de tiempos más propicios para la lírica y el esparcimiento de los sentidos.

Como amores hay tantos, propongo dejar el enamoramiento solamente para casos de emergencia emocional (nunca mejor dicho), y ocuparnos alegres de cultivar otros jardines, como el de la amistad, el compañerismo, la familia que viene de camino, el amor al arte, o el amor propio. El quererse (con se recíproco, y también reflexivo), un clásico contemporáneo.

domingo, 2 de febrero de 2020

Domingo

¿Qué vamos a hacer ahora?
Nos tenemos las unas a las otras.

La psicosis no es verdad ni mentira, es ficción. Como el enamoramiento.