sábado, 13 de octubre de 2018

Renacimiento

Si algún provecho actual y cotidiano se le pudiera sacar al idealismo renacentista, a las ideas neoplatónicas que vinculan la belleza con el bien, sería convertir el estudiar en belleza del sentir del tiempo, ausente e irrelevante frente al placer de las neuronas despertando, por fin, de todas las pesadillas de los últimos años.Y eso, que es bellísimo, es también bueno.

domingo, 16 de septiembre de 2018

El jardín de las puertas abiertas y cerradas

Del discurrir esquizo se me ha quedado la multiplicación de posibilidades. Este perspectivismo recalcitrante es tan útil a veces como difícil otras. Por suerte o por lo que sea, la mayoría de mis amigas no están en la misma frecuencia de pluriinterpretación, lo cual suele resultarme extremadamente esclarecedor...a veces. 

Hace poco, hablando con un amigo de la tribu loca sobre este tema, sobre los contratiempos de la fantasía perspectivista, terminaba preguntándole: ¿Qué hacemos entonces con eso? ¿Nos curamos? ¿O lo reivindicamos? Lo que venía siendo preguntarle si, ante la duda, normalidad o Mad Pride. Se echó a reír, pero se la quedó puesta. La pregunta, digo.

Si mi mente fuese un jardín (y anda que no...), tendría un buen laberinto, lleno de puertas. Este fin de semana se cerró una, y la evidencia lo llenó todo de una tristeza antigua e importante, muy poco fantasiosa, y bastante amarga. Con esa puerta he tenido problemas más de una vez, demasiados años entreabierta, demasiadas corrientes de aire, demasiados catarros y portazos. Hubo lágrimas como garbanzos cayendo sin permiso, lentas y gordas, de las buenas. Ya era hora de llorar por esta puerta, por mí estaría llorando unos cuantos días más, si no tuviera otras cosas que hacer. Y anda que no estuve ociosa en verano, pero nada, no salían. Las lágrimas son un lujo cuando te las has tragado mucho tiempo por eso del perspectivismo, que venga, ala, a buscar visiones y versiones que le arreglen a una el día (y la cara de tonta que se me queda cuando me equivoco de perspectiva). La realidad es terca como una mula, hasta para mí, que tengo fama de paciente, y no precisamente psiquiátrica.

No os dejéis engañar por la frivolidad de una vedette, ya que es tan falsa como sus plumas. Con el rimmel corrido podría hacer brotar manantiales de las mismísimas piedras.

Me corté el pelo, un montón.


viernes, 14 de septiembre de 2018

Relaciones epistolares

"Deseo que al recibo de la presente te encuentres bien de salud..."
"Hola". "Buenos días". "¿Qué tal estás?". "Buenas noches, que descanses".

¡Y el hipertexto! Un documental, un vídeo, una foto, un enlace a una noticia....

Quizá lo que se haya acelerado, con estos últimos formatos digitales, sea el tiempo. Quizá lo que no soportamos sea la inmediatez, por pura saturación ambiental. Recuerdo que lo pasé fatal las primeras semanas con guasap, pensé que me volvía loca. Quería responder a todo al momento, como se solía hacer con las llamadas.

Ahora, ni siquiera respondo a las llamadas al momento, desde hace años vivo con el móvil silenciado, permanentemente., salvo preocupaciones puntuales. De las que me llegan perdidas, elijo el momento para devolverlas, y a veces se me olvida. Si es un número desconocido, me da mucha pereza (suficiente con el compromiso de devolver los conocidos, aunque sea tarde). Me acuerdo del cuento de Cortázar, sobre un hombre al que regalan un reloj, o más bien sobre un reloj al que regalan un hombre. No queremos ser un regalo para nuestros complejos aparatitos, es lógico no querer que decidan sobre nuestro tiempo, nuestras emociones, nuestras prioridades comunicativas...claro que no queremos eso.

Desconectarse es una palabra trampa, cuando la usamos nos pensamos como prolongación de la máquina, como si también nosotras tuviésemos cables para enchufarnos, como si fuésemos un complemento más del conjunto electrónico. En lo que se refiere a la relación con estos trastos, mejor la libertad de mirarlos, o no, cuando nos de la gana. Qué menos.

Canal. Mero canal. Como el lápiz y el papel. Canal.

Código.

Materia, eso sí. Y sin embargo, cualquier canal, aún siendo materia, facilita un espacio para el placer de la comunicación, que es pura metafísica. Siempre que la comunicación sea deseada, claro. ¿Es grave escribir muchas cartas sin respuesta? La escritura, también materia, es un juguete sin fin. Mensaje. Contenido. Implicaciones. La pragmática es la rama de la lingüística que se ocupa de las intenciones de la comunicación, que relaciona mensaje y contexto con la actitud de las hablantes (o escribientes), y por lo tanto con los efectos de la comunicación bajo variadas influencias. Aún cuando la palabra "pragmática", en el contexto filosófico, evoca cuestiones prácticas y objetivas, lo cierto es que su hermana lingüística se adhiere como la hiedra en los muros emocionales. La simpatía, el miedo, los recuerdos, los deseos (o su ausencia), la persuasión, el orgullo...

Epicuro, amigo, ¿cómo hubieras reflexionado sobre el placer en estos tiempos que corren? ¿Habrías hecho un grupo de guasap con tus amigxs del Jardín?

El placer de la escritura es como un bicho que le pica a algunas personas, una inclinación irresistible hacia las posibilidades de las palabras para darle sentido al mundo, por pequeño que sea (el sentido, o la parcela de mundo susceptible de ser interpelada por ellas), una adicción como otra cualquiera. Lo bonito es compartirlo, porque si no, pierde la gracia. El chat ofrece la posibilidad de mantener relaciones epistolares interactivas. Los textos se acortan, evitando grandes monólogos, en favor de la fluidez comunicativa, de la comodidad de la interacción, casi como en una conversación cara a cara. Casi. A diferencia de estas últimas, las conversaciones por chat carecen de tono, de expresión no verbal, y podría parecer por tanto que carecen de emotividad. Sin embargo, todas intuimos, incluso sin muñequitos, puntos de inflexión emocional. Puede suceder también que releamos las conversaciones, para darle una oportunidad de reposo a la inmediatez de la conversación en tiempo real. Como toda relectura, los matices de significado se van transformando en función del tiempo transcurrido, del estado de ánimo, o de la teoría o perspectiva con que queramos iluminar cada nueva relectura. ¿Es eso grave? ¿Contraproducente? ¿Interesante? Supongo que depende del nivel de perspectivismo se maneje, de la actitud abierta o cerrada ante la posible multiplicidad de los matices implicados. Placeres filosóficos, en muchos casos.

La mayoría de la obra de Epicuro que se conserva son cartas a sus amigos:

Es asimismo verdad que el universo está compuesto de cuerpos y de vacío. De la existencia de los cuerpos nos da testimonio la sensación, en la que es necesario apoyar el razonamiento al conjeturar acerca de lo desconocido... (Carta a Heródoto)

Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es ni demasiado viejo ni demasiado joven.
(Carta a Meneceo)


...Por este motivo afirmamos que el placer es el principio y el fin de una vida feliz, porque lo hemos reconocido como un bien primero, a partir del cual iniciamos cualquier elección o aversión y a él nos referimos al juzgar los bienes según la norma del placer y del dolor (Carta a Meneceo)








domingo, 26 de agosto de 2018

Epicuro contra el amor

Vamos allá, cojo un cd cualquiera de los que tengo por casa, uno al azar, y sale The Wall, de Pink Floyd. Maldito pensamiento mágico. Mi aguja de marear se mueve convulsamente de un lado al otro del eje, del centro. Cuando hice la serie de entradas "Mapas locos" me mantuve alrededor del centro con un pudor casi reverencial. Ahora sé que era miedo, y que el miedo siempre es un estorbo, excepto cuando es un seguro de vida.

El monstruo discursivo, por entonces innombrable, era claramente el amor. Mi apuesta por la amistad en detrimento del amor sigue firme, pero no termina de protegerme de sus peligros. El amor, como idea, práctica o sospecha, me provoca una inseguridad molesta que amenaza mi salud mental. Molesta es un término suave, demasiado suave. La inseguridad es insoportable.

La Crítica del pensamiento amoroso de Mariluz Esteban me ayuda a ponerle palabras, y sobre todo razones, a esta inseguridad insoportable. Con ella voy encontrando argumentos fundamentados a la constatación evidente de que la centralidad del amor, especialmente para las mujeres, es un asunto ideológico que se desparrama por la cultura con la inercia imparable de una especie invasora. Apunta a la insuficiente problematización de este asunto dentro del feminismo, cuyos esfuerzos han ido más orientados a la crítica del sexo: la división sexo-género, la genitalidad del sexo heteropatriarcal, el orgasmo femenino, y bla bla bla.

Hay dos aspectos de esta obra que me han hecho clic: la naturalización de la mística amorosa, y la autoexigencia por parte de las mujeres del control de las emociones. En relación al primero, parece ser la razón principal de la ausencia general de crítica al pensamiento amoroso, como si el mantra subyacente fuese "no se puede hacer crítica del misterio". En la mayoría de productos culturales dirigidos a propagar la ideología amorosa (canciones, novelas, películas, etc), la mística amorosa se despliega con todo lujo de detalles: el amor como misterio, el amor como fuerza que todo lo puede o como sufrimiento que todo lo destruye, y más aún, el amor como paradoja que puede provocar ambos resultados: destrucción y salvación.

Si el amor es una ideología o sistema de pensamiento, entonces sí es posible deconstruirlo y confrontarlo con otros sistemas de valores, de ideas, de proyectos. Como a Mari Luz Esteban, a mí también me cae muy bien Epicuro, con su defensa del placer, la amistad y la conversación como ingredientes de primerísima calidad para la tortilla de la vida.

El segundo aspecto que me fascina del libro es la autoexigencia del control de las emociones. Sinceramente, creo que va mejor cuando se descontrolan, por lo menos sale todo para afuera y una se queda a gusto. Últimamente intento controlarme de una forma global, como si no tuviera edad para andar por ahí haciendo la loca, cuando, paradójicamente, lo primero que pongo sobre el tapete es que estoy como una cabra. De esta forma, entro en un bucle extraño, resultado de hacer explícito mi diagnóstico al tiempo que intento comportarme como la persona más normal, racional y serena del universo. Como tiendo a enamorarme de personas inteligentes, no cuela, pero mientras no me conocen un poco, lo perciben como una distorsión subterránea, más bien inconsciente, que a veces les atrae, y otras les aturde. Lo que se percibe, aunque no sea fácil ponerle palabras, es un sesgo en la expresión emocional. Supongo que es cuestión de ganas decidirse a ir más allá de la distorsión, pero eso no es del todo asunto mío

El control de las emociones tiene que ver con asumir, a priori, que el amor descontrola emocionalmente. Ahora bien, también me pregunto hasta qué punto es cierto, o simplemente es una indefensión aprendida, inoculada cual virus maligno en el lote de la ideología amorosa. Sea como sea, me manejo mal en la lentitud, y esto tiene todo el sentido en la experiencia: las mejores relaciones que he tenido han ido como un cohete. Y el amor ha venido como consecuencia, no como fabulación previa. Epicuro, no pasan los años por ti.

La reflexión sobre lo refrescante que resulta el placer como antídoto o contrapeso del enamoramiento me lleva de nuevo a uno de mis libros preferidos, Orlando, de Virginia Woolf. Atravesando los siglos a veces como hombre, otras como mujer, siempre recuerdo la diferencia cualitativa entre el siglo XVIII y el XIX. En el primero de ellos, siendo mujer, Orlando se mueve en la tradición libertina: su universo gira, básicamente, alrededor de buenos amantes y mejores conversaciones. En cambio llega al siglo siguiente y le da bajón: la preponderancia de lo romántico sobre lo placentero avanza paralela a la cantidad de visillos y figuritas que se esparcen por las casas burguesas, una mezcla de clausura espacial y horror vacui doméstico, justo en el momento histórico en que al capitalismo le da por mistificar a las mujeres como "ángeles del hogar", para mayor aprovechamiento de sus funciones reproductivas (y decorativas) al servicio de la expansión económica. Lo que le sucede a Orlando en el siglo XIX es para echarse a llorar.


domingo, 5 de agosto de 2018

Ola de calor

Nos merecemos días espléndidos, bonitos de principio a fin, de la mañana a la noche. Comer a gusto con amigas en una terraza a la sombra, con vistas al mar. Visitar y apoyar un proyecto interesante para la ciudad, Proxecto Cárcere, asentado sobre las bases de la libertad para usar, cuidar y disfrutar un espacio común. Abrazar y compartir buenos momentos con más amigas. Celebrar cumpleaños con vino rico y horas de baile, en noches de calor y música excelente.

No vamos a elegir caminos difíciles cuando lo fácil es estar bien, así sin más.

Oh, sí, taaaanto amor, taaan doloroooso, taaanta devoción, poesía eres tú, tu ru rú, mira mi pecho ardiendo en llamas que llegan al cielo, mira mis ojos de bruja inventando tus mejores cualidades, mira qué extraño sentir del tiempo, mira tú qué tontería.