lunes, 5 de abril de 2010

Tocando el bajo a mis espaldas

Mientras pienso en lo que dijo Bolaño del exilio:
"Exiliarse no es desaparecer sino empequeñecerse, ir reduciéndose lentamente o de manera vertiginosa hasta alcanzar la altura verdadera, la altura del ser"

Si resulta que no hace falta moverse para exiliarse,como no sea hacia adentro, será otro descubrimiento estéril, ya que nadie nos va a conceder la condición de refugiados de la piel para adentro, y allá donde vayas serás un prófugo, o una prófuga o una miembra, o serás flexible como un mimbre, o una mimbra, y total pa qué.
Por que ahí adentro te perdiste un día, y lo vieron, y con la disculpa de encontrarte proclamaron a los cuatro vientos que estabas perdida, no, que eras una perdida, que nunca más ibas ibas a ser sino perdida. Entonces que me expliquen ¿me exilié o me exiliaron? ¿a quién debo entonces el honor de desparecerme? Porque ya hace tiempo que no existo para el tiempo ni el espacio, que sólo existo en mi mente y en la de aquellos que me aman. Y en esta tierra mía que me acompaña dondequiera, en mi condición líquida de rarita ma non tropo, me permito todos los caprichos que pretenderán negarme en cuanto me asome a la frontera como indocumentada, porque hay papeles que es mejor quemar, a ser posible en las llamas del infierno.

2 comentarios:

  1. Raritos exiliados por muy parecidas razones somos unos cuantos, y con esto de los blogs nos vamos encontrando. Un abrazo.

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