lunes, 20 de enero de 2014

INMMUNITY (John Hopkins)

(El título es la música que escucho mientras escribo lo que viene a continuación)

Pero está claro que no somos inmunes, a nada en absoluto. Por más años que cumplas, por más que creas conocerte, todo vuelve a romperse en cualquier momento, por cualquier tontería. Y entonces es posible que te enfades contigo misma, ¿por no ser inmune?. Menuda tontería, claro que no somos inmunes. Pero jode verte descontrolada, diferente a ti misma, autoextrañada, sin recursos para volver, aunque sólo sea durante un rato. Todo tiempo así, por más breve que sea en realidad (¿una hora es mucho?, ¿una hora y media?), se vive como un fracaso, sobre todo si implicas a otras personas, si de alguna manera pretendes repartir ese fracaso entre las personas a las que más quieres, obligarles a que sepan que estás fracasando, y en cierta forma ellas contigo, porque no puedes contigo, porque no te entiendes, porque no sabes lo que quieres ni lo que te pasa. Pero te mueres de dolor, el dolor que produce que vuelvan dolores antiguos, sin haberlos convocado, no conscientemente al menos.

Y es peor si parece la ira, el veneno, para dar forma al grito estrepitoso de lo que no funciona bien, que probablemente no sea culpa de nadie, ni siquiera tuya. Porque la culpa es una construcción social que lleva demasiados años ahogándonos en piscinas absurdas, imponiéndose y retorciéndonos los nervios hasta que los perdemos. No te quiero ni contar si eres una mujer, y la culpa tiene que ver con no saber manejar tus propios sentimientos, nada más, y nada menos. Con no conocer tus deseos, o no saber comunicarlos de una forma...¿tranquila? ¿razonable? Con suponer que los demás son adivinos, y que entonces deberían saber cuándo necesitamos un abrazo, o no dejarnos solas cuando no nos conocemos, no importa si dura una hora, o un día.

Decía Andrea Nicki que necesitamos una teoría liberadora para las personas diagnosticadas que lo sea también para las personas que no lo están. Que avance hacia un paradigma de humanidad menos rígido, menos autocontrolado, menos obligado a la sonrisa perpetua y la alegría contagiosa, o la eficiencia sin fisuras, o la fortaleza a prueba de dolores antiguos, o recientes. Una propuesta  e invitación a una vida psíquica, y expresión de las emociones, menos dependiente del ideal burgués de respetabilidad y mesura, asociado al buen desempeño profesional, impecable, de quién no tiene de qué quejarse. O si tuviera o tuviese la tentación de hacerlo, que sea en un espacio privado, invisible, donde pueda ocultarse la vergüenza de no haber sabido estar a la altura. Porque no estar a la altura es imperdonable, mostrarse pequeña y vulnerable es imperdonable. "Háztelo mirar, ahora hay unas pastillitas que..."

Pero somos una mezcla desequilibrada de cultura, animal y cuentas pendientes, a veces a favor, otras en débito. Y para soportar todo cuando no encajan las partes sólo se ha  inventado, y ganando terreno cada vez más, una pseudociencia pseudomédica que no alcanza más que a proporcionar drogas para sustituir unos dolores por otros, unos que hacen ruido y piden a gritos espacio y explicaciones, y abrazos, por otros que reclaman "compensaciones" al abrigo de la bata blanca. Alguna razón tiene la química en todo esto: siete horas sin fumar, unas hormonas tocapelotas, unas ganas enormes de despistarlas con alguna otra sustancia, una copa de vino, una pastilla para dormir... me pone los pelos de punta cuando le cuento a alguna persona diagnosticada y medicada que yo no tomo antipsicóticos, ni voy al psiquiatra, y me mira con preocupación, y me pregunta ¿y no te descompensas? ¡Claro que me descompenso!, la vida es una descompensación desde que empieza, demasiadas veces se tiene la sensación de que nada funciona, de que nos engañaron en todo, de que como decía una viñeta en las redes sociales: "La paz social son los padres". Lo extraño es que haya calado esa ideología de la compensación para definir cierta apatía mental producida por las pastillas que sólo con muchísimo miedo en el cuerpo puede confundirse con "estar compensado" ¿Compensado de qué? ¿Compensado por quién? ¿Compensado con qué? Es importante notar la resonancia económica de la palabrita, originada en el mundo de los negocios y la economía, el único que existe y que nombra todo aquello que merece ser nombrado, perdón, que COMPENSA ser nombrado.

Escribir es una rebeldía muy accesible, de andar por casa, y, en el ámbito estricto de la economía doméstica, compensa mucho más. Tiene peligros también, porque aquí nada es gratis, y hay que andarse con cuidado si no queremos caer, y quedarnos, en el discurso de la confesión, para el que hay toda una tradición literaria, y para el que Foucault tenía una teoría: la confesión, explica, es el sustituto biopolítico de la  represión, es la represión interiorizada que reclama exposición al juicio, orientada a la absolución, o el castigo, o el diagnóstico, o los buenos consejos. Interiorizada como el patriarcado, que no deja de enfermarnos con exigencias, sospechas, estereotipos, y en sus peores caras, violencia, que no necesita ser física para que nos haga gritar que nos dejen en paz con sus puñeteros rollos de los roles de género, del cerebro masculino y femenino, los mapas y los cazadores y la épica y las princesas y el desconocido que te regala flores (qué miedo, ¿no?) Interiorizada como la culpa. Llevamos dentro nuestras propias cadenas, nuestro autocontrol, nuestro peor juez y parte. Porque tenemos pareja o porque no la tenemos, porque tenemos hijos o porque no los tenemos, porque nos depilamos o porque no, porque

límpiate los dientes
lávate los pies
cósete el jersei
píntate las uñas
cámbiale las pilas
cómete los mocos
bébete la espuma
cásate con ella
cásate con ella
cásate con ella
toma precauciones

van a por nosotros

piensa en tu futuro

van a por nosotros

las hordas internacionales de madres, y delegados, y funcionarios, y chinchillas, y hurones moralistas que desean llevarte cogiditos de la mano a la jubilación

bébete el jarabe
cómprate un buen coche
deja de fumar
no juegues a eso
cambia de trabajo
méjora tu imagen
vete a por las gafas
cósete la manga
cósete la manga

van a por nosotros

con sus pies de rey, y sus escuadras, y sus cartabones, y sus reglas, y sus compases, y sus trajes de domingo

péinate los pelos
limpia tus zapatos
huele a gasolina
di que sí a tu jefe
mira las noticias
no duermas la siesta
deja esa sonrisa
siéntete culpable
acábate la sopa
acábate la sopa
acábate la sopa
hazte responsable

van a por nosotros

se acabó la juventud, basta de holgazanear, hay que concienciarse, viva el complejo de edipo
¡viva! ¡yo tengo la culpa!

paga tus facturas
traje con chaleco
duerme con pijama
santifica el lunes
funda una familia
por qué no adelgazas
vaya facha traes
lávate las manos
píntate los labios
¿pórque dices eso?
¿pórque dices eso?
¿pórque dices eso?

todo está ya escrito

van a por nosotros

édison
y wásington
y énstein
y freud
y humer
y kénedy
y lluis llach
y newton
y copérnico
y von brown
y don santiago ramón y cajal...van a por nosotros

por nuestros pecados
por nuestros pecados
por nuestros pecados
por nuestros pecados
van a por nosotros

cada año más cerca, cada día más claro, cada sorbo más, cada recuerdo más lejos, van a por nosotros, van a por nosotros, van a por nosotros, van a por nosotros...a por nosotros TODOS.

(Accidents Polipoétics, Van a por nosotros, 1995
http://www.youtube.com/watch?v=RBLOs93IJbw)

¿Compensada, dices?





16 comentarios:

  1. Me encanta!! Al carajo con todo

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  2. Uno de estos días leí en la prensa que podemos encontrar en el mercado pastillas para borrar de la memoria los malos recuerdos. Lo que seguro que no nos dicen es que tal vez, también borren los buenos, y entonces, ¿qué seremos? Es posible que además nos inyecten otros recuerdos y de pronto, seamos más obedientes, nada violentos, y absolutamente serviles a las órdenes del Sistema.

    La solución no está en la pastilla, debemos encontrarla nosotros mismos. Una persona obesa no resuelve su problema de exceso de peso tomando 'pastillitas', tiene que plantearse un cambio en su vida, no solo en la dieta.
    Cuánta gente fracasa con las dietas milagrosas porque al dejarlas vuelven a cometer los mismos errores que le llevaron al sobrepeso, y, si han adelgazado algún kilo, lo recuperan inmediatamente en muy poco tiempo. Tanto esfuerzo abandonado en la cuneta.

    Paula, yo también tengo días horribles que quisiera borrar de mi mente, no somos las únicas. A todo el mundo debe pasarle en mayor o menor medida, es verdad.

    A veces, sin razón aparente un día con sol radiente se convierte en una noche sin estrellas, sin luna, y el cielo se torna negro. La ira llama a mi puerta y me secuestra, me conduce a lugares inhóspitos, tan difíciles de explicar como de controlar y hasta que no se va, arrasa con todo aquél que me rodea, como si de un huracán se tratase. Luego, cuando llega la calma, me desprecio, porque me de nuevo me he transformado en un volcán en erupción, cubriendo de lodo a todo el que está a mi alrededor.

    Después, recibo la visita del llanto como si de un día lluvioso a punto de diluviar se tratase. Hasta que pasa la tormenta, cesa la lluvia y entonces, me detesto con todas mis fuerzas una vez más, y me arrepiento. De nuevo me hago el propósito de no volver a repetirlo, de ser capaz de controlarlo, hasta que llega sin avisar: 'la cosa'.

    Hace tiempo que dejé de explicar a la gente mi experiencia, y sobre todo, qué hospitales tuve la desgracia de visitar. Al escucharme, se horrorizaban. Así, que me tomé la libertad de omitir ese pequeño apartado de mi salud. Desde entonces, nadie me dice si debo tomar una pastilla para ésto o aquéllo, porque no tomo ningún tipo de medicamentos. Y jamás creo a pies juntillas lo que alguien con bata blanca dice que debo tomar o no. Intento cuidar mi salud yo misma para no tener que depender de nuestro mal llamado 'Sistema' de salud, que es realmente el 'Sistema de la Enfermedad' porque les interesamos enfermos, a ser posible crónicos, pues somos más rentables para la industria farmacéutica.

    En esa lucha diaria en la que queremos ser y la sociedad nos dice qué debemos hacer, se produce un choque fuerzas del que a veces salimos ilesos y otras no.

    No sé si habrás visto este vídeo, he aprendido mucho de él:

    http://www.youtube.com/watch?v=ak8EjMszkVg

    Un abrazo,
    Lola

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  3. gracias Paula, vaya reflexiones, para trabajar en ellas un buen rato , que bien escribes ;)
    bicos, pablo

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  4. Hola Diana, la verdad es que el día que escribí esto me subía por las paredes, y logré calmarme bastante escribiéndolo. Sí es cierto que dan ganas, algunas veces, de mandarlo todo al carajo, jaja.
    Un abrazo grande!!

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  5. Hola Lola, me encantan tus comentarios, siempre tan llenos de experiencia y sensibilidad, y apoyo.Y en este caso te apoyo yo a ti, en relación a los momentos de ira, con un consejo: no te desprecies a ti misma, no vale la pena flagelarnos sólo porque no somos siempre fuertes, o correctas, o dulces, o lo quesea, en tal caso siempre se puede explicar a quien haya podido "sufrir" tu momento de ira, cómo te sentías, y cómo te sientes después, y cómo podría echarte un cable si te vuelve a ver así. Aunque seguro que ya lo haces ;)

    Y otra cosa, creo que podríamos escribirnos en privado, me apetece contarte un montón de cosas que estoy haciendo y que quizás quisieras compartir, colaborar, etc... Yo vivo en A Coruña, y este es mi email: magapepa@gmail.com.

    Un abrazo fuerte, Lola.

    Paula

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  6. Hola Pablo, qué ilusión verte por aquí. Gracias por el piropo, pero sobre todo por hacerme saber que lo que escribo, mejor o peor, te da para mucha reflexión. Ahí estamos, hasta pronto! Muchos bicos!!

    Paula

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  7. Aunque yo debuté en esto de la psicosis tirándome de una ventana, siempre consideraron que tendría buen pronostico. Mis episodios eran muy breves y me recuperaba bien. En los primeros 3 años no tuve recidivas, y por supuesto, apoyado en prescripción facultativa, no tomaba fármacos. Más tarde, fue cuando empecé a tener síntomas afectivos. Y recaídas psicóticas, pero que nunca me mantenían más de 15 días en agudo. Sí me dejaban después distinto, sutilmente, aunque permanecía, en líneas generales, en píe. ¿Las grietas?, no parecían evidentes. Súbitamente, sin embargo, sufrí de una depresión mayor, que se alargó casi tres años. Deje de trabajar, de estudiar y de competir en bicicleta. Entonces tomaba 60mg de fluoxetina y 3mg de risperidona (nada). Por ver que pasa, dejé esa medicación (la risperidona) y volví a trabajar. Bien. Pero la vida tranquila que llevaba al empezar la facultad se había partido, entré en una vorágine de recaídas (siempre breves aún), y, también, todo hay que decirlo, en inconscientes y maratonianas jornadas laborales (estaba disponible 24 horas al día, no tenía días libres y sufría a veces horarios de 16 horas continúas sin descanso. ¡Pero estaba intacto! Tenía las pruebas (yo era quien estaba eligiendo consciente mi vida, presumiblemente). Pero la realidad era bien distinta. Con 33 años, mi enfermedad, volaba frenéticamente sin límite, mi ánimo oscilaba descontrolado incapaz de predecirse, mis síntomas psicóticos eran cada vez más frecuentes, y la prueba del algodón era que inexorablemente acababa con más frecuencia ingresado en urgencias, e irremediablemente metido en líos. A los 10 días recibía el alta, pero prevaleciendo cada vez más en mí la convicción de que me las arreglaría, yo no aceptaría medicación de por vida.

    Así, cada vez menos lúcido, el día a día poco a poco se hacía cada vez más insostenible. Seguir trabajando y procurarme un poco de tranquilidad, al menos, se hacía difícil. Seguía en pié, era lo importante. Tampoco me cortaba racionalizando. La prescripción, sin embargo, orientaba hacia algo mucho más siniestro. Dosis altas de Olanzapina y litio, que por supuesto no conseguían impresionarme.

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  8. Mi familia, con buen criterio, decidió arrancarme de mi entorno. Fueron más o menos 6 años, en otra comunidad autónoma; allí es donde me gradué en enfermedad. Tanto era un día que se me daba por arrojarme, de pasajero, de un coche en plena autopista, como que en otro me desnudaba a las 11 de la mañana en medio de un polígono industrial. Siempre sin medicación, obviamente. Menos espectacular, pero más habitual, eran los conflictos con desconocidos o mi familia. Al final sin consecuencias graves, es cierto, pero entonces ya era la policía quien me llevaba regularmente a urgencias. Ejercí de superviviente. Y desde luego, en ser una caricatura de quien fui.

    Me recetaron antipsicótico depot, y para variar acabé poniéndomelo yo. Perfecto (tercio medio, vasto externo). Lo malo, que fue decidiendo bajar las dosis, abandonándolo... . Las crisis, otrora breves, duraban meses, se volvierón tórpidas y al final concluyeron dejándome un árido e insufrible déficit cognitivo (hasta olvidarme algunas mañanas de nombrar, George Clooney, por ejemplo, y de organizarme en lo más básico). Fue mi señal de STOP. El vagar por las calles solo, inerme y con una angustia cósmica; caí en la cuenta de que no había vuelta atrás: yo era frágil. Y lo peor, era dueño de mi propio destino. Me había destruido porque yo mismo me lo había buscado, en virtud de una única y obstinada ayuda: la mía. Ahora, podía empezar a emprender y recuperarme.

    Se puede disfrutar teniendo una hipomanía esquizo, y siendo el más carismático de la clase. Pero terminar por tener que reaprender a hablar. Lo he vivido y pasa demasiadas veces, cómo para bordear esa realidad sin pánico.

    Veo a esquizoqué con problemas. En aprietos lívidos, más o menos. Expresándose bonito aunque libre e ingenua. Pero ciertamente preocupada, de adónde puede llevar todo eso. Qué menos.... De lo de 'sin fármacos', sin embargo, no trago. Lo de las hierbas y la dieta... me parece una tomadura de pelo. Cuesta creer que haya SUFRIDO, el peligro.

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  9. Ancr, no vengo aquí a tomar el pelo a nadie, ni pongo en duda lo que cada uno cuenta en este blog, pues considero este espacio muy serio. Todo lo contrario, leo con mucha atención la experiencia de los demás, siempre aprendo algo.

    Por supuesto, tú eliges lo que debes creer o no y cómo decides cuidar tu salud. El peligro para mí, el enemigo, es la industria farmacéutica, y eso de las hierbas y la dieta, a lo que te refieres como tomadura de pelo está curando muchas enfermedades: cáncer, diabetes, depresión, etc. Tienes mucha información en internet con testimonios incluidos; médicos que se han atrevido a criticar el protocolo establecido para curar enfermedades en nuestro sistema de salud y están practicando otro tipo de medicina.

    He tenido la suerte de conocer gente que se ha curado de enfermedades crónicas, esas llamadas incurables, por la medicina convencional, poniendo en práctica eso que a ti te parece una tomadura de pelo. Podría contarte, pero no me creerías y mi intención no es convencer a nadie, sólo compartir mi experiencia por si a alguien puede serle de utilidad.

    En cuánto a haber sufrido o no, puedo decirte que en un principio el mayor peligro, fui yo misma, por no querer escucharme y atreverme a hacer lo que pensaba que era mejor para mí alejándome del entorno más inmediato y el causante de todo mi sufrimiento: mi familia.

    "No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma". Krishnamurti.

    Un saludo,
    Lola

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  10. Hola:

    Más que comentar sobre el post, lo que me gustaría es agradecer a quienes comentan, posible que Paula se curra al habilitar y alimentar este espacio.
    Es impresionante la honestidad con la que habláis, en este caso ancr y sin fármacos. Ancr, yo entiendo perfectamente tu punto de vista, pero me gustaría comentar algo, por supuesto, también en base a mi experiencia y teniendo en cuenta que no hay dos caminos iguales.
    Lo veo últimamente, observo las experiencias de otras personas, de una psiquiatría sensible que intenta medicar poco, y retirar los antipsicóticos lo antes posible. Desde mi punto de vista, a muchas personas, de poco les sirve.
    Se zanja el brote, la representación se aborta y una vez en tierra, hala, vamos bajando y vuelve a la selva del resto, y a la tuya propia.
    Me siento muy cercana a tu relato, en cuanto a la baja tolerancia a vivir, en definitiva-la piel fina, me reprochaban una vez- nos pegue por donde nos pegue a cada persona: explotación laboral, stress, prisas, competitividad, dificultad para afrontar algunas emociones, las relaciones, como bien dice sin fármacos, las relaciones en la familia (ahí me puse a aplaudir con las orejas, sin fármacos... la familia, ufff).
    Y es que. ¿De qué sirve volver así a lo cotidiano? Quizá haya quien no repita, pero así a ojo, mi estadística no es esa. Yo he pasado por muchas etapas, como tú, incluso una que me mantuvo lejos de la unidad de agudos por 10 años, una gran parte medicada, y la otra sin medicar. Cuando las cosas van bien, o yo diría, van humanas, parece que vamos mejor, que nos mantenemos.
    Y es que creo que esto no podemos decir que no, a nada que le haya supuesto una ayuda al otr@. Sin ir más lejos, yo digo que el sol, bañarse en el mar entre peces de colores, pisar la hierba, la arena, la piedra... andar desnud@s, bailar, escuchar historias, cantar, hacer cosas guapas con gente, sacar cosas que duelen a través de algo que te mole, la música, cuidar una huerta, disfrutar con l@s animales... son todas ellas, remedios naturales. Es que son todas ellas cosas humanas, de la tribu, pero de la tribu que dedica menos tiempo del día a matarse currando para poder vivir, y un mucho del día al bienestar propio, al de la tribu... En fin, a mi todas esas me viene de perlas, y creo que viviendo en un cayo del caribe(por decir algo), con unos mangos, trabajo el justo y que me guste, algo de lectura y una buena tribu, pa poder jugar a hacer cosas y eso, estaría mucho más sana.
    Vale, bajándonos del guindo, y como esto está tan mal repartido, y nos duele por todas partes, como tu dices, somos frágiles, creo que tenemos que conocer cuáles son esos puntos débiles, que nos pasa, sobre todo, creo yo, qué nos pasó, y como podemos fortalecernos. Cómo podemos demandar apoyo exterior, a esa familia, a esa tribu, para que también aprenda, qué es lo que nos hace daño... no deja de ser exigir esa "adaptación" que se facilita a los espacios, en torno a otr@s problemáticas. El mundo está hecho a la medida de la media, y negarnos a aceptar, por ejemplo, que un superior no nos maltrate en un trabajo, lo cual muchas personas aceptan hoy en día por miedo, no me parece tanto pedir... hay quien no enferma, pero hay quien sí.
    O decidir de qué entornos, actividades, o relaciones, nos conviene cuidarnos.

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  11. Dejar los antipsicóticos, y volver a la selva sin una buena caja de herramientas, sin comprendernos un poco, entender a l@s demás... no lo veo.
    Por eso estos espacios se agradecen tanto, porque si a sin sin fármacos le sirve, y a ti no te convence, siempre puede haber a quien sí...
    Muy escéptica yo también, y muy sensible a charlatanerías. Pero hay buena intención en compartirlas y debatirlas, quedarnos con lo que nos sirva y eso...
    Dejo aquí un vídeo, hecho por una persona curiosa, sobre todo que se pregunta, que busca, que indaga, sobre esta experiencia nuestra, porque más allá de otras cuestiones habla de alimentación. Me parece muy interesante, porque habla de aquellos componentes necesarios para que todo vaya lo mejor posible en la testa, algo que apenas se difunde, por mucho que se incida en cuidar la alimentación para el cuerpo. Se habla del cuerpo y se olvida la mente...
    Yo estoy en ello, y con bastante dolor, la verdad. Porque la vida pega virajes, y cuando crees que aquello que habías super superado no volvería a convertirse en un monstruo, regresa y te la vuelve a jugar... Mucho cuidado, confiar en algunas personas que no te fallen, estar consciente de lo que vives, de alguna forma observarte o detenerte antes de actuar en los momentos complicados, no abandonarte al caramelo del subidón, o enchufarte un dormidoll pq has ido demasiado lejos... A veces lo conseguiste durante un par de años, y vuelve la tormenta, pero igual puede servir para hacerte aún más expert@... mientras tanto... ese tiempo que le quitas a los paraísos del antipsicótico.
    A mi modo de ver, es preferible sufrir, luchar, tratar de mantenerte, apasionarte por saber, de ti, del resto, ver qué puede servir de ayuda, encarando de frente y con el menor miedo y el máximo apoyo, eso que te hace un poco diferente, en definitiva, vivir, que renunciar a aquello que te hace human@, a esa parte de ti tan importante que desaparece secuestrada por lassss moleeeeculas :D

    El docu:

    http://www.youtube.com/watch?v=zCLdIHmbazc

    Un abrazo y gracias por la compañía.

    (AntiDra. Pauliña, hoy un dormidoll y vamos a por las 8... ainsss)














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  12. Me pillais muy baja hoy para contestaros. Yo voy a darle también al dormidoll ;), hay días así, y no pasa nada. La tecnología está a nuestro servicio, no al revés. Hay que empoderarse también en relación a la tecnología farmacéutica, si no, nos comen, entre beneficios, mentiras, y efectos secundarios.

    Estoy cansada porque vuelve el fantasma del tratamiento ambulatorio involuntario, porque se nos quiere considerar peligro para la salud pública, porque se nos quiere convertir en presos perpetuos si cometiésemos cualquier delito, porque, como dice el poema, van a por nosotros. No me caigo, sólo me repliego un poco, me cuido y me doy descanso pensando en cómo articular luchas que se nos quedan enormes, a las que hay que enfrentarse con toda la poca fuerza que nos queda, entre fragilidad y fragilidad. Lo saben, por eso se ceban con nosotros, y no puede ser más mezquino y miserable, más indigno ni más fascista, por mucho que lo disfracen de biopolítica, que, en principio, es más benévola, más paternalista, más por nuestro bien, en nombre de la salud.

    En nombre de la "salud de la nación", y de la pureza de la raza, se asesinaron millones de personas, en todas partes. Sigue pasando aunque sea lentamente, a largo plazo. Es mucha memoria histórica la nuestra, muy dolorosa, y hoy me hace llorar.

    ancr, gracias por contar tu historia, ahora te respeto lo mismo, pero te entiendo mejor, gracias por seguir viniendo, es importantísimo. Sí te pediría por favor que no juzgases a la ligera, que no comparases dolores, no es justo, y además hace daño, ya lo has visto. No es una competición sobre quién está más roto, ni más recompuesto, cada persona hace lo que puede, en el dolor y contra el dolor, y el dolor, dure lo que dure o sea cual sea su intensidad, se debe respetar. Si no, este espacio no tendría sentido.

    Lola, gracias a ti también, como siempre, ánimo compañera, me gustó mucho que me escribieses tan pronto, espero que sea el principio de muchas conversaciones. Me está haciendo efecto la pastilla para dormir, así que lo voy dejando por hoy.

    Anónimo, (no tan anónima ;)), gracias a ti, ven cuando quieras a verme. Yo también voy a por las ocho horas, incluso diez!

    Un abrazo muy fuerte para todx y cada unx, y que de todas las cosas ayudadoras que se mencionaron aquí tengamos siempre de sobra, que para joder ya está el mundo de ahí fuera, y tanto... a ver si, por lo menos, por dentro nos buscamos playas y bicicletas.



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  13. Suscribo lo que dice Paula, ya se encargan unos pocos de hacernos la vida más difícil. Insisto, son pocos pero con mucho poder, nuestra fuerza está en que somos mayoría, pero estamos dispersos, ya sea en la manera de pensar o actuar. Ahí tenemos mucho que hacer, unir criterios, experiencia, caminar juntos, pero en todos los ámbitos. ¡Claro, es muy difícil! Bien lo saben los que nos controlan.

    El comentario sobre tu experiencia ancr no me sorprendió, sí lo hizo tu manera de expresarte, por cierto, te felicito por lo bien que escribes y por tener la valentía de contarlo. Si no fuera porque he vivido algo parecido no podría creerte, parece el guión de una película.

    Por lo que cuentas estabas exigiéndote mucho, y eso tiene consecuencias. El cuerpo tiene un límite, si lo sobrepasas, te pasa factura. Seguro que no es así de simple, pero estoy convencida que hay una causa que desencadena esa reacción de alarma, un aviso, de que hay algo que no funciona correctamente, o por lo menos debes revisar. Parece simple, pero no lo es, no puedes pisar el acelerador de un coche al máximo durante mucho tiempo y pretender tener el motor en perfectas condiciones.

    Tras un desequilibrio siempre hay una causa que desencadena una reacción, no se produce de repente, hay una serie de avisos, cada vez más importantes. Y, si no le prestamos atención, algo estalla, no es más que una alarma para indicarnos que el camino que hemos tomado, no nos va bien, que deberíamos cambiar de ruta. O, por lo menos, intentarlo, porque el miedo a veces nos impide avanzar.

    En mi caso, siendo adolescente ya sabía que algo no iba bien. Pero pensé que era normal a mi edad, no atendí los avisos que me indicaban que debía hacer algo. Iba aguantando la rabia día tras día, llena de odio e incertidumbres avanzaba torpemente por la vida, sorteando con flaqueza las zancadillas que me iba encontrando.

    Ya era alguien con dificultades para relacionarme, con problemas a la hora de confiar lo que me estaba pasando incluso con la única amiga que tenía, porque notaba que le costaba entenderme, aunque lo intentaba. No contaba con el apoyo de la familia, ese refugio imprescindible para poder crecer fuerte y sortear las tormentas, o ciclones, a las que nos vamos a enfrentar. Y, llegó el momento en el que mi vida pesaba enormemente, moverme resultaba difícil. Lo peor, hacia dónde, ¿qué dirección debía tomar? ¿cómo salir del atolladero en el que me había metido? ¿qué me llevó hasta allí? Demasiadas preguntas sin respuestas.

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  14. Mientras mis compañeros de clase en el insituto se iban de viaje de fin de curso, algo que jamás hice, yo me fui a pasar unas vacaciones en el mismo pueblo donde vivía, un hospital psiquiátrico de acusado renombre. Bueno, para qué entrar en detalles, sólo uno, si no te pasa nada acabará ocurriendote, es decir, si no estabas loco, terminarías estándolo. Al ver el panorama mi único objetivo fue salir cuanto antes de ahí, antes de que fuese demasiado tarde y acabase formando parte del paisaje como tantos otros desgraciados. Curiosamente algo bueno tuvo, podía comunicar con cualquiera, algo que fuera de ese recinto no me ocurría. Y, ¿sabéis por qué? Porque existían otras reglas, para los de la bata blanca y para algunos, tu opinión no tenía ningún valor, entre nosotros los huéspedes no nos juzgábamos del mismo modo tras el muro que separaba la vida 'normal' de la nuestra. Todos teníamos algo en común, estábamos del mismo lado de la verja.

    Tras el final de la estancia, los de la bata blanca me propusieron además de gotas y pastillas, terapia de grupo. Rechacé la popuesta, sólo hice una pregunta. Y ahora, además de los problemas que tenía que seguían sin resolver y los que me habían creado, ¿podían ofrecerme un trabajo y devolverme de nuevo a la 'sociedad'?

    Un curso sin finalizar, una familia 'desestructurada' que dirían ahora, un cuerpo atiborrado de medicamentos con importantes secuelas y millones de preguntas esperando respuesta. Todo eso, no iba a resolverlo unas cuantas pastillas, y lo peor, había perdido fuerzas y esperanza por el camino. Me tomaba religiosamente las pastillas, y aparecían contraindicaciones, me recetaban otra para contrarrestar los efectos secundarios y así, sucesivamente. Un horror, vaya!

    Un día, dije basta. Tiré las pastillas, me quería morir pero tampoco lo conseguía, hasta que pensé que si había conseguido tras dos meses de vivir en el infierno salir a flote, el resto no sería tana difícil, debía intentarlo. Y, hasta ahora. No ha sido fácil, pero aprendí a luchar y a caerme de nuevo, y a levantarme. Bueno, así es la vida, el ejercicio es necesario.

    Estoy de acuerdo con lo que dice Anónimo, sentirse bien es fácil si se dan las condiciones para ello, no lo es tanto reunirlas todas. En ese caso, vayamos por partes, primero la que tenemos a nuestro alcance, luego ya veremos.

    Perdonad el tocho. Paula si crees que me he pasado, haces un poco de limpieza, a veces, es necesario.

    Feliz día a todos.
    Lola

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