Con todo lo que me queda por disfrutar, la menor de mis preocupaciones debería ser que una relación tóxica me haya hecho estancarme alguna que otra vez. Puesto que resulta enormemente difícil encontrar personas hombres que se comprometan con el cuidado de los otros como base ética, y puesto que esa falta de cuidados saca lo peor de mí, quizás ahora toca mucho mucho pero mucho autocuidado.
A partir de ahora, vendrán una serie de entradas en las que profundizaré sobre ese tema. Me desperté esta mañana con un artículo de Coral Herrera a propósito del difícil arte de querernos a nosotras mismas dentro de una sociedad que no nos quiere, y que por lo tanto nos aboca a consumir para estar "guapas", a rivalizar entre nosotras y a dejarnos atrapar en relaciones de dependencia que poco consuelo pueden ofrecer, precisamente porque es la solución propuesta por el mismo sistema que nos odia sistemáticamente (se llama pariarcado, y nos tiene hartas).
Afortunadamente, existe el feminismo. En los últimos tiempos bálsamo, consuelo y refugio, y también fuerza, creatividad, alegría y valor. El feminismo siempre está ahí, encarnado en los abrazos de mis amigas, en su escucha generosa, en los cuidados como principio y en la lucidez de llamar a las cosas por su nombre. Porque no solo duelen los golpes, y porque no solo duele el daño recibido. También duele mucho, y agota, el desgaste de defenderse una y otra vez, de comprobar cómo, ante una relación que es como una serpiente oscura y pegajosa, yo también me vuelvo serpiente, y enveneno. Es un precio muy alto para el ridículo tamaño de las migajas de lo que sale bien.
.....
(Es la primera vez que hago esto, pero he decidido eliminar el último párrafo, y sustituirlo por este, por respeto a una persona que vale mucho la pena aunque no sea perfecta. Que vale mucho la pena precisamente por eso. A la que siempre le he deseado lo mejor, aunque no coincidiese con lo que deseaba yo)
domingo, 29 de octubre de 2017
sábado, 28 de octubre de 2017
Las niñas prodigio
Ante la duda y la zozobra, la biblioteca. Las mujeres que leen son peligrosas, y yo necesito armas por si se declara una guerra. Encuentro, o el libro me encuentra a mí, "Las niñas prodigio", de Sabina Urraca (ante la duda y la zozobra, en vena y sin anestesia).
Sabina Urraca me abraza con su escritura feminista autoparódica, y mientras cuenta cómo se sintió de todo menos poética el día que la invitaron a presenciar un parto natural, con su sangre, su caca y su susto... rompo a reír a carcajadas, sin freno, sin mañana, sin tiempo y sin espacio. Me río con la generosidad que regala Sabina compartiendo conmigo el reírse de sí misma, me río con ella en un acto de agradecimiento infinito, a ella y a todas las mujeres que con su ejemplo nos invitan a ser nosotras mismas. Una risa peligrosa, sin permiso ni perdón (en Halloween me disfrazo de escritora, que al parecer da muchísimo miedo)
Ese día empecé a dejar de quererlo. Estaba a mi lado y le molestó mi risa. "Histriónica", dijo. Luego vinieron los silencios violentos, esos con los que los hombres perfectos castigan a las niñas malas, a las que se ríen fuerte, a las que eructan en cualquier sitio, a las que tienen cuerpo y lo disfrutan. Mi cuerpo que ríe, que gime, que se enfada, que teclea con furia guasaps de autodefensa, que sabe hacer de todo menos olvidar a tiempo a quien le hace perder el tiempo. Mi cuerpo que se encariña y se pierde por esos senderos de escondrijo y matorral, de montañas rusas, de despertares tristes y euforias tan efímeras como el valor de sus palabras de amor.
Esta vez no hay grandes decisiones, no quiero decepcionarme a mí misma confundiendo marañas con etapas vitales. Hay un continuo de inestabilidad emocional que se circunscribe al otro como ilusión erótica. Fuera de ahí, todo lo demás es llevadero, agradable incluso. Hemos construido relaciones bonitas con amigas y amigos, playas paradisíacas donde nada ni nadie puede hacerme daño de verdad. Esa es mi fuerza, y esa fuerza siempre ha estado ahí. Aprendí de mis amigos gays primero, y de otras tantas amigas del activismo en salud mental y feminista después, la importancia de la amistad como resistencia, como espacio de vidas que importan. (Que mi vida no te importe dice mucho más de ti que de mí). Aprendí el valor del drama para desdramatizar, ahí es nada.
Esta vez no voy a enfadarme conmigo misma, ni con nadie. Me deslizaré tranquila por lo cotidiano, por lo intrascendente. Desde esta orilla contemplo la intensidad como algo que le pasa a los demás, mientras voy reuniendo motivos y razones que justifiquen abrirle la puerta de nuevo a cierta clase de vértigo, con menos prisa que un oso panda masticando una hoja de bambú a la hora de la siesta.
Sabina Urraca me abraza con su escritura feminista autoparódica, y mientras cuenta cómo se sintió de todo menos poética el día que la invitaron a presenciar un parto natural, con su sangre, su caca y su susto... rompo a reír a carcajadas, sin freno, sin mañana, sin tiempo y sin espacio. Me río con la generosidad que regala Sabina compartiendo conmigo el reírse de sí misma, me río con ella en un acto de agradecimiento infinito, a ella y a todas las mujeres que con su ejemplo nos invitan a ser nosotras mismas. Una risa peligrosa, sin permiso ni perdón (en Halloween me disfrazo de escritora, que al parecer da muchísimo miedo)
Ese día empecé a dejar de quererlo. Estaba a mi lado y le molestó mi risa. "Histriónica", dijo. Luego vinieron los silencios violentos, esos con los que los hombres perfectos castigan a las niñas malas, a las que se ríen fuerte, a las que eructan en cualquier sitio, a las que tienen cuerpo y lo disfrutan. Mi cuerpo que ríe, que gime, que se enfada, que teclea con furia guasaps de autodefensa, que sabe hacer de todo menos olvidar a tiempo a quien le hace perder el tiempo. Mi cuerpo que se encariña y se pierde por esos senderos de escondrijo y matorral, de montañas rusas, de despertares tristes y euforias tan efímeras como el valor de sus palabras de amor.
Esta vez no hay grandes decisiones, no quiero decepcionarme a mí misma confundiendo marañas con etapas vitales. Hay un continuo de inestabilidad emocional que se circunscribe al otro como ilusión erótica. Fuera de ahí, todo lo demás es llevadero, agradable incluso. Hemos construido relaciones bonitas con amigas y amigos, playas paradisíacas donde nada ni nadie puede hacerme daño de verdad. Esa es mi fuerza, y esa fuerza siempre ha estado ahí. Aprendí de mis amigos gays primero, y de otras tantas amigas del activismo en salud mental y feminista después, la importancia de la amistad como resistencia, como espacio de vidas que importan. (Que mi vida no te importe dice mucho más de ti que de mí). Aprendí el valor del drama para desdramatizar, ahí es nada.
Esta vez no voy a enfadarme conmigo misma, ni con nadie. Me deslizaré tranquila por lo cotidiano, por lo intrascendente. Desde esta orilla contemplo la intensidad como algo que le pasa a los demás, mientras voy reuniendo motivos y razones que justifiquen abrirle la puerta de nuevo a cierta clase de vértigo, con menos prisa que un oso panda masticando una hoja de bambú a la hora de la siesta.
viernes, 8 de septiembre de 2017
Taller literario
Metáforas del sufrimiento:
Caída, recaída, pozo, ciénaga, insectos, vacío, ira, desierto, páramo, vómito, persecución, ridículo, túnel, palpitaciones, terquedad, explosión, derrumbe, silencio, balbuceo, sequedad, acero, diagnóstico, tormenta, resquebrajamiento, tragedia, estrago, cuervos, burla, absurdo, nubes, hielo, sombra, arañazo, gemido, desgarro, infierno, amenaza, huida, despilfarro, sacrificio, anhelo, trance, sangre, oscuridad, autolesión, púas, ortigas, espectros, veneno, escrúpulos, grieta, ombligo, náusea, sacudida, peligro, extrañamiento, despersonalización, feroz,
Metáforas de la alegría:
Abrazo, amigas, justicia, horizonte, complicidad, transparencia, feminismo, rebeldía, generosidad, creación, romero, fresas, placer, inspiración, brillante, celebrar, maullido, revolcón, intimidad, valiente, bosque autóctono, pactos de cuidado, llámame a cualquier hora, son cubano, luciérnagas, lasaña, invitación, detalles, cariño, cariño, cariño, cariño, cariño.....
Caída, recaída, pozo, ciénaga, insectos, vacío, ira, desierto, páramo, vómito, persecución, ridículo, túnel, palpitaciones, terquedad, explosión, derrumbe, silencio, balbuceo, sequedad, acero, diagnóstico, tormenta, resquebrajamiento, tragedia, estrago, cuervos, burla, absurdo, nubes, hielo, sombra, arañazo, gemido, desgarro, infierno, amenaza, huida, despilfarro, sacrificio, anhelo, trance, sangre, oscuridad, autolesión, púas, ortigas, espectros, veneno, escrúpulos, grieta, ombligo, náusea, sacudida, peligro, extrañamiento, despersonalización, feroz,
Metáforas de la alegría:
Abrazo, amigas, justicia, horizonte, complicidad, transparencia, feminismo, rebeldía, generosidad, creación, romero, fresas, placer, inspiración, brillante, celebrar, maullido, revolcón, intimidad, valiente, bosque autóctono, pactos de cuidado, llámame a cualquier hora, son cubano, luciérnagas, lasaña, invitación, detalles, cariño, cariño, cariño, cariño, cariño.....
miércoles, 30 de agosto de 2017
Luciérnagas
Qué tristísimo es sentir tristezas ajenas que no se dejan tocar. En el activismo en salud mental, el que se hace a nivel interpersonal, hay una carga de estrés por el dolor del otro que va implícita. Hay también un grado alto de desobediencia al imperativo psicológico neoliberal de que cada palo aguante su vela, y el precio de esta desobediencia puede ser alto.
He dejado tantas veces que el dolor ajeno se hiciese uno con el mío propio desde hace tantos años, que parece como si se hubiera convertido en mi naturaleza. También lo he confundido hasta el punto de creer que lo que me ayuda a mí le puede ayudar a los demás, lo cual es peligroso porque tiendo a ser dura conmigo misma, a elegir los caminos más punkis para que la luz se haga más rápido, la luz que me deja hacer el análisis correcto. Y eso puede ser demasiado para algunas personas. Para otras no tanto, quizá más parecidas a mí. Así que seguro que me equivoco más veces de las que acierto, y eso también duele, y se suma al precio doloroso de la desobediencia.
Lo más importante es poder hacer entender, a las personas que lo pasan mal, que son luciérnagas, porque aunque muchas veces no vean su propia luz (quizá porque alumbra a partir de sus espaldas, es decir, a posteriori), los demás sí la vemos, y vaya si la vemos. Dicho de otra manera, la influencia bonita de la luz de las personas es algo completamente intangible, que se expresa en forma de alegría, reconforto, aprendizaje, experiencias compartidas, inspiración, caminos que empiezan, o recuerdos bonitos. Así que lo mejor será decirlo. No vamos por ahí diciendo "eres una luciérnaga", tendemos a expresarlo con otras palabras más comunes, pero que significan lo mismo: Te quiero. Eso queremos decir cuando decimos que queremos a alguien, le estamos reconociendo su estatuto inalienable de luciérnaga. Aunque todas las personas tengamos zonas oscuras, brillamos aún sin ser del todo conscientes.
Brillamos mientras vivimos. Si somos zombis por temporadas, bueno será darse cuenta pronto, y hacer algo contra esa inercia de la pseudovida. Encontrar sus causas, analizar las consecuencias de quedarse inmóvil, empezar a moverse, por ejemplo pidiendo ayuda, o aceptando, de la manera que sea, la que se nos ofrece aunque no la hayamos pedido (aunque depende de quién venga, claro, eso también es valorable) Y si es con amigxs, debería ser más fácil. A mi los amigxs me han ayudado tantísimo, siempre, que si estoy viva y no zombi, es gracias a ellxs, por encima de cualquier otra consideración en lo que a cuidados se refiere.
He dejado tantas veces que el dolor ajeno se hiciese uno con el mío propio desde hace tantos años, que parece como si se hubiera convertido en mi naturaleza. También lo he confundido hasta el punto de creer que lo que me ayuda a mí le puede ayudar a los demás, lo cual es peligroso porque tiendo a ser dura conmigo misma, a elegir los caminos más punkis para que la luz se haga más rápido, la luz que me deja hacer el análisis correcto. Y eso puede ser demasiado para algunas personas. Para otras no tanto, quizá más parecidas a mí. Así que seguro que me equivoco más veces de las que acierto, y eso también duele, y se suma al precio doloroso de la desobediencia.
Lo más importante es poder hacer entender, a las personas que lo pasan mal, que son luciérnagas, porque aunque muchas veces no vean su propia luz (quizá porque alumbra a partir de sus espaldas, es decir, a posteriori), los demás sí la vemos, y vaya si la vemos. Dicho de otra manera, la influencia bonita de la luz de las personas es algo completamente intangible, que se expresa en forma de alegría, reconforto, aprendizaje, experiencias compartidas, inspiración, caminos que empiezan, o recuerdos bonitos. Así que lo mejor será decirlo. No vamos por ahí diciendo "eres una luciérnaga", tendemos a expresarlo con otras palabras más comunes, pero que significan lo mismo: Te quiero. Eso queremos decir cuando decimos que queremos a alguien, le estamos reconociendo su estatuto inalienable de luciérnaga. Aunque todas las personas tengamos zonas oscuras, brillamos aún sin ser del todo conscientes.
Brillamos mientras vivimos. Si somos zombis por temporadas, bueno será darse cuenta pronto, y hacer algo contra esa inercia de la pseudovida. Encontrar sus causas, analizar las consecuencias de quedarse inmóvil, empezar a moverse, por ejemplo pidiendo ayuda, o aceptando, de la manera que sea, la que se nos ofrece aunque no la hayamos pedido (aunque depende de quién venga, claro, eso también es valorable) Y si es con amigxs, debería ser más fácil. A mi los amigxs me han ayudado tantísimo, siempre, que si estoy viva y no zombi, es gracias a ellxs, por encima de cualquier otra consideración en lo que a cuidados se refiere.
lunes, 28 de agosto de 2017
Cuesta arriba
Un año, dos años, tres, décadas incluso. Las malas épocas pueden instalarse en la vida de una, literalmente como un cáncer. Algo pegajoso, como de que nada encaja y de que tampoco nosotros encajamos. Cualquier contratiempo es agonía, o señal agorera de que nos marca un destino fatal. Dramas aparte, funciona mirar hacia atrás, no para regodearse, sino para encontrar narrativas propias de que podíamos, y pudimos. No nos engañemos, muchas otras veces pudimos, casi con todo.
Quizás ahora pensamos que todo es culpa nuestra o, peor aún, que todo es culpa de los demás: porque no nos quieren lo suficiente, porque no nos entienden lo suficiente o por lo contrario, porque nos conocen casi mejor que nosotros mismos y nos calan, y señalan justo aquello que no queremos ver, mirar, encarar. Nos señalan tareas que nos parecen heroicas, en momentos en los que nos sentimos de todo menos héroes, o heroínas. Así que quizás rechazamos a esas personas, agresivamente incluso. Las rechazamos porque rechazamos eso de nosotros que nos señalan, y que no soportamos. No nos soportamos, y no soportamos que alguien quiera abrir la puerta que queremos mantener cerrada a cal y canto, aunque tenerla cerrada sea, paradójicamente, una de las causas posibles del mal que no cesa de subir, arriba y arriba. Cuesta arriba.
Evidentemente, no todo es culpa nuestra. Esa lectura es propia de la new age, digo del neoliberalismo, tanto monta monta tanto. "Te sucede lo que atraes" (sea la barbaridad que sea). Iros a limpiar el aura y dejadnos en paz con vuestro psicomárketing de sonríe o muere.
Evidentemente no todo es culpa nuestra, y mucho menos de los demás. Al césar lo que es del césar, y mejor vayamos por partes:
- Vamos con las narrativas propias de épocas pasadas, cuando sentíamos que teníamos cierto control sobre la relación entre esfuerzo y recompensa, cierto equilibrio al conseguir distinguir lo propio de lo ajeno, y sobre todo, las responsabilidades de cada cual en cualquier asunto. Quizás ni siquiera éramos conscientes de esa capacidad, como si fuese algo natural. Pero ahí estaba. Estudiábamos, obteníamos calificaciones, expectativas, resultados, se convertían en profesiones, negocios, o alejamiento consciente de todo ello, pero con el halo romántico de quien está fuera del sistema por decisión propia. Desarrollábamos nuestros talentos, se nos reconocía, el ambiente era más de celebración, admiración y curiosidad que de envidia y desconfianza. Eran otros tiempos, y los tiempos cambian.
- En esas narrativas de nosotros mismos, había unos valores, había prioridades y proyecciones, había un ambiente determinado. Social, económico, político. Probablemente no lo veíamos, no pensábamos mucho en ello, pero estaba ahí. Estaba la economía familiar, estaban los amigos de nuestra edad, estaban sus valores, que se parecían a los nuestros, lo cual proporcionaba infinitas experiencias y temas de conversación, daba complicidad, y en conjunto, los amigos de nuestra edad con valores parecidos a los nuestros daban calor. (¿Qué están haciendo ahora? ¿Por qué los vemos tan poco? ¿Por qué no los vemos nunca?) Estaba también la música, y los productos culturales en general.
- En esas narrativas de nosotros mismos, había también una autoimagen, que nos creábamos con la propia narrativa: soy buena en esto, se me da fatal aquello, me gusta salir, me gusta bailar, me llevo bien con todo el mundo, me caen mal los pijos, yo que sé, cada una tenía lo suyo. Había identidades, lecturas, ambientes, actividades, formas de estar con la gente, fuera en conciertos, clases, trabajo, asociaciones...Todo eso nos hacía ser como éramos, aunque no lo pensásemos conscientemente.
- En esas narrativas no hacía falta pensar conscientemente en lo que nos conformaba como personas, fundamentalmente porque entonces no se nos hacía todo cuesta arriba. Ahora tampoco lo pensamos conscientemente porque pensar también se nos hace cuesta arriba. Antes no lo necesitábamos, ahora es que no podemos.
- Ahora también hay valores, productos culturales, factores socioeconómicos, narrativas de nosotros mismos. Quizá la mayoritaria sea que todo se nos hace cuesta arriba. Excepto si abrazas el neoliberalismo como estilo psicológico. No, tampoco. Si abrazas el neoliberalismo, lo que harás será intentar, a toda costa, que nadie sepa que todo se te hace cuesta arriba. La vulnerabilidad, las dificultades, la precariedad, la sensación de soledad y extrañamiento, la necesidad de ser aceptado, comprendido más allá de aquellos momentos en los que puedes mostrarte sonriente y disimular, todo eso está mal visto. Puesto que apenas lo muestran los demás, tú tampoco. Y si alguien lo hace, algo sacará de beneficio, lo hace porque algo oscuro y sospechoso le lleva a hacerlo. Puesto que el neoliberalismo nos enseñó que el altruismo no existe, que la alteridad solo es patrón o cliente, competencia, o pereza, entonces lo más sospechoso es una alteridad que quiere acercarse, porque algo querrá, porque algo sacará, porque alguna intención perversa albergará. Vivimos la era del miedo al otro, y por tanto, la del miedo a aquello de nosotros que puede ser como los otros.
- Búscate una pequeña comunidad de intereses, algo vagamente identitario y lo menos politizado posible. Búscala, encuéntrala, identifícate y quédate ahí. No salgas a ver mundo, porque el mundo está lleno de peligros. Búscate una pareja posesiva y excluyente, búscate un club de lectura, de cocina, un grupo de meditación, alguna cosita que te distraiga, que te de una ilusión de comunidad, y ya, confórmate, compártelo por las redes sociales. Sal de casa para ir al trabajo en el día a día, y sal a pasar tiempo con tu comunidad en los ratos de ocio. No necesitas más. No necesitas más. Aquellos que de verdad se benefician con tu cuesta arriba así te lo aconsejan.
- Todo te parece cuesta arriba y, además, te falta la memoria de cómo eras cuando no eras así. Depresión? Pastillas? Psiquiatras? Ellos no te van a devolver la memoria, porque no trabajan para la memoria, trabajan para las fábricas químicas del olvido. Esto es lo que hay. Tu enfermedad no tiene cura, no se cura con palabras ni con vínculos, ni mucho menos con memoria. "Tu enfermedad es cerebral y se cura con pastillas", que te hacen perder todavía más la memoria...
- Así se construye socialmente una depresión generalizada, entre otros mecanismos socieconómicos, y políticos, y militares. Ahora vamos a ver cómo se deconstruye. Haz memoria. Memoria individual y memoria colectiva. No estás sola, busca a las otras. No estás solo, busca a los otros. No estás solx, busca a lxs otrxs.
- Haciendo memoria, resulta que esa persona que ahora te irrita tanto, y a la que tú también has irritado más de una vez, y a la que has decidido dejar de ver porque se te hace cuesta arriba, antes era tu amiga. Resulta que ese amigo que ahora toma pastillas, antes no las tomaba, y se reía y leía un montón. Resulta también que antes no te cansaba tanto la gente, que llegaba el fin de semana y apetecía salir, a ver a gente conocida, a conocer a gente nueva. Cada vez hay menos gente alrededor, porque cada vez más gente se nos hace cuesta arriba. "Aléjate de las personas tóxicas", dice la propaganda psicopolítica que vela por tu bienestar de falsa sonrisa infinita. De acuerdo, te alejas de las personas tóxicas, hasta que descubres que empiezan a alejarse de ti porque también te has convertido, para otra gente que sonríe más que tú, en una persona tóxica. Sonríe o muere.
- Haciendo memoria, resulta que antes no estaba mal visto implicarte en los problemas de los demás. Lo que estaba mal visto era lo contrario, se llamaba dejar tirados a los colegas. Poco a poco empezaste a escuchar voces que decían: cada palo que aguante de su vela, que yo ya tengo bastante con lo mío. De estar mal visto dejar a la gente tirada, empezó a estar mal visto seguir relacionándote con la gente llamada tóxica. Pero, ¿qué se considera realmente una persona tóxica? ¿Cómo se construyó esa demonización tan gratuita de cualquiera que no sonría lo suficiente? Quizás la clave está en que antes los problemas mentales no estaban tan generalizados como ahora. No estaba tan generalizada la depresión, y por lo tanto no había a tu alrededor tanta gente triste, irritada e irritante como antes. La depresión es larga y pesada. Si en una pandilla de amigos una persona tiene una depresión y las demás no, puede ser mucho más llevadero que si son tres, o cuatro, o casi todos, los que están en ese estado de crisis existencial y confusión de valores.
- Haciendo memoria, nunca hubo tanta gente deprimida como ahora. De esta manera, generalizada, sorda, escondida...escondida porque es algo que hay que esconder, puesto que hablamos del territorio tabú de la vulnerabilidad. Escondida porque la tristeza también se esconde y se disfraza, emocionalmente hablando. Esta semana me dio la clave una buena amiga, y no me cansaré de agradecérselo, la clave de cómo la tristeza se disfraza de rabia, de enfado, de irritación permanente, con una, con el mundo, con los demás. Vamos, que la tristeza escondida te convierte en una persona tóxica, vista desde fuera. Desde esa mirada de fuera que juzga el apoyo como sospecha (y el apoyo continuado en el tiempo que puede necesitar una depresión, pues nos lo podemos imaginar: una sospecha continua). Y cuando juzgas el apoyo como sospecha, ni siquiera sabes hasta qué punto eso es un suicidio simbólico, individual y colectivo.
- Nada más lejos de mi intención que la de afirmar que miles de personas necesitan pastillas, previo diagnóstico clínico de depresión. No, evidentemente esa no es la idea. La idea es entender, para poder ir más allá. La madeja está bien enredada, pero la paciencia es un valor, hoy algo denostado, con el que se puede llegar bien lejos. La solidaridad es otro valor denostado, denostadísimo, sobre el que más vale volver si de verdad queremos girar el timón. Porque es necesario, y porque es urgente. Hasta aquí un intento parcial, apresurado (porque es urgente), y muy mejorable, de coger este asunto por los cuernos. De aquí en adelante, y como reza el título de las próximas charlas en las que participará Radio Prometea: "Mal de muchos, tarea de todos". Supongo que seguiré dándole vueltas, que la psicosis y el amor romántico ya los tengo muy vistos.
-
Quizás ahora pensamos que todo es culpa nuestra o, peor aún, que todo es culpa de los demás: porque no nos quieren lo suficiente, porque no nos entienden lo suficiente o por lo contrario, porque nos conocen casi mejor que nosotros mismos y nos calan, y señalan justo aquello que no queremos ver, mirar, encarar. Nos señalan tareas que nos parecen heroicas, en momentos en los que nos sentimos de todo menos héroes, o heroínas. Así que quizás rechazamos a esas personas, agresivamente incluso. Las rechazamos porque rechazamos eso de nosotros que nos señalan, y que no soportamos. No nos soportamos, y no soportamos que alguien quiera abrir la puerta que queremos mantener cerrada a cal y canto, aunque tenerla cerrada sea, paradójicamente, una de las causas posibles del mal que no cesa de subir, arriba y arriba. Cuesta arriba.
Evidentemente, no todo es culpa nuestra. Esa lectura es propia de la new age, digo del neoliberalismo, tanto monta monta tanto. "Te sucede lo que atraes" (sea la barbaridad que sea). Iros a limpiar el aura y dejadnos en paz con vuestro psicomárketing de sonríe o muere.
Evidentemente no todo es culpa nuestra, y mucho menos de los demás. Al césar lo que es del césar, y mejor vayamos por partes:
- Vamos con las narrativas propias de épocas pasadas, cuando sentíamos que teníamos cierto control sobre la relación entre esfuerzo y recompensa, cierto equilibrio al conseguir distinguir lo propio de lo ajeno, y sobre todo, las responsabilidades de cada cual en cualquier asunto. Quizás ni siquiera éramos conscientes de esa capacidad, como si fuese algo natural. Pero ahí estaba. Estudiábamos, obteníamos calificaciones, expectativas, resultados, se convertían en profesiones, negocios, o alejamiento consciente de todo ello, pero con el halo romántico de quien está fuera del sistema por decisión propia. Desarrollábamos nuestros talentos, se nos reconocía, el ambiente era más de celebración, admiración y curiosidad que de envidia y desconfianza. Eran otros tiempos, y los tiempos cambian.
- En esas narrativas de nosotros mismos, había unos valores, había prioridades y proyecciones, había un ambiente determinado. Social, económico, político. Probablemente no lo veíamos, no pensábamos mucho en ello, pero estaba ahí. Estaba la economía familiar, estaban los amigos de nuestra edad, estaban sus valores, que se parecían a los nuestros, lo cual proporcionaba infinitas experiencias y temas de conversación, daba complicidad, y en conjunto, los amigos de nuestra edad con valores parecidos a los nuestros daban calor. (¿Qué están haciendo ahora? ¿Por qué los vemos tan poco? ¿Por qué no los vemos nunca?) Estaba también la música, y los productos culturales en general.
- En esas narrativas de nosotros mismos, había también una autoimagen, que nos creábamos con la propia narrativa: soy buena en esto, se me da fatal aquello, me gusta salir, me gusta bailar, me llevo bien con todo el mundo, me caen mal los pijos, yo que sé, cada una tenía lo suyo. Había identidades, lecturas, ambientes, actividades, formas de estar con la gente, fuera en conciertos, clases, trabajo, asociaciones...Todo eso nos hacía ser como éramos, aunque no lo pensásemos conscientemente.
- En esas narrativas no hacía falta pensar conscientemente en lo que nos conformaba como personas, fundamentalmente porque entonces no se nos hacía todo cuesta arriba. Ahora tampoco lo pensamos conscientemente porque pensar también se nos hace cuesta arriba. Antes no lo necesitábamos, ahora es que no podemos.
- Ahora también hay valores, productos culturales, factores socioeconómicos, narrativas de nosotros mismos. Quizá la mayoritaria sea que todo se nos hace cuesta arriba. Excepto si abrazas el neoliberalismo como estilo psicológico. No, tampoco. Si abrazas el neoliberalismo, lo que harás será intentar, a toda costa, que nadie sepa que todo se te hace cuesta arriba. La vulnerabilidad, las dificultades, la precariedad, la sensación de soledad y extrañamiento, la necesidad de ser aceptado, comprendido más allá de aquellos momentos en los que puedes mostrarte sonriente y disimular, todo eso está mal visto. Puesto que apenas lo muestran los demás, tú tampoco. Y si alguien lo hace, algo sacará de beneficio, lo hace porque algo oscuro y sospechoso le lleva a hacerlo. Puesto que el neoliberalismo nos enseñó que el altruismo no existe, que la alteridad solo es patrón o cliente, competencia, o pereza, entonces lo más sospechoso es una alteridad que quiere acercarse, porque algo querrá, porque algo sacará, porque alguna intención perversa albergará. Vivimos la era del miedo al otro, y por tanto, la del miedo a aquello de nosotros que puede ser como los otros.
- Búscate una pequeña comunidad de intereses, algo vagamente identitario y lo menos politizado posible. Búscala, encuéntrala, identifícate y quédate ahí. No salgas a ver mundo, porque el mundo está lleno de peligros. Búscate una pareja posesiva y excluyente, búscate un club de lectura, de cocina, un grupo de meditación, alguna cosita que te distraiga, que te de una ilusión de comunidad, y ya, confórmate, compártelo por las redes sociales. Sal de casa para ir al trabajo en el día a día, y sal a pasar tiempo con tu comunidad en los ratos de ocio. No necesitas más. No necesitas más. Aquellos que de verdad se benefician con tu cuesta arriba así te lo aconsejan.
- Todo te parece cuesta arriba y, además, te falta la memoria de cómo eras cuando no eras así. Depresión? Pastillas? Psiquiatras? Ellos no te van a devolver la memoria, porque no trabajan para la memoria, trabajan para las fábricas químicas del olvido. Esto es lo que hay. Tu enfermedad no tiene cura, no se cura con palabras ni con vínculos, ni mucho menos con memoria. "Tu enfermedad es cerebral y se cura con pastillas", que te hacen perder todavía más la memoria...
- Así se construye socialmente una depresión generalizada, entre otros mecanismos socieconómicos, y políticos, y militares. Ahora vamos a ver cómo se deconstruye. Haz memoria. Memoria individual y memoria colectiva. No estás sola, busca a las otras. No estás solo, busca a los otros. No estás solx, busca a lxs otrxs.
- Haciendo memoria, resulta que esa persona que ahora te irrita tanto, y a la que tú también has irritado más de una vez, y a la que has decidido dejar de ver porque se te hace cuesta arriba, antes era tu amiga. Resulta que ese amigo que ahora toma pastillas, antes no las tomaba, y se reía y leía un montón. Resulta también que antes no te cansaba tanto la gente, que llegaba el fin de semana y apetecía salir, a ver a gente conocida, a conocer a gente nueva. Cada vez hay menos gente alrededor, porque cada vez más gente se nos hace cuesta arriba. "Aléjate de las personas tóxicas", dice la propaganda psicopolítica que vela por tu bienestar de falsa sonrisa infinita. De acuerdo, te alejas de las personas tóxicas, hasta que descubres que empiezan a alejarse de ti porque también te has convertido, para otra gente que sonríe más que tú, en una persona tóxica. Sonríe o muere.
- Haciendo memoria, resulta que antes no estaba mal visto implicarte en los problemas de los demás. Lo que estaba mal visto era lo contrario, se llamaba dejar tirados a los colegas. Poco a poco empezaste a escuchar voces que decían: cada palo que aguante de su vela, que yo ya tengo bastante con lo mío. De estar mal visto dejar a la gente tirada, empezó a estar mal visto seguir relacionándote con la gente llamada tóxica. Pero, ¿qué se considera realmente una persona tóxica? ¿Cómo se construyó esa demonización tan gratuita de cualquiera que no sonría lo suficiente? Quizás la clave está en que antes los problemas mentales no estaban tan generalizados como ahora. No estaba tan generalizada la depresión, y por lo tanto no había a tu alrededor tanta gente triste, irritada e irritante como antes. La depresión es larga y pesada. Si en una pandilla de amigos una persona tiene una depresión y las demás no, puede ser mucho más llevadero que si son tres, o cuatro, o casi todos, los que están en ese estado de crisis existencial y confusión de valores.
- Haciendo memoria, nunca hubo tanta gente deprimida como ahora. De esta manera, generalizada, sorda, escondida...escondida porque es algo que hay que esconder, puesto que hablamos del territorio tabú de la vulnerabilidad. Escondida porque la tristeza también se esconde y se disfraza, emocionalmente hablando. Esta semana me dio la clave una buena amiga, y no me cansaré de agradecérselo, la clave de cómo la tristeza se disfraza de rabia, de enfado, de irritación permanente, con una, con el mundo, con los demás. Vamos, que la tristeza escondida te convierte en una persona tóxica, vista desde fuera. Desde esa mirada de fuera que juzga el apoyo como sospecha (y el apoyo continuado en el tiempo que puede necesitar una depresión, pues nos lo podemos imaginar: una sospecha continua). Y cuando juzgas el apoyo como sospecha, ni siquiera sabes hasta qué punto eso es un suicidio simbólico, individual y colectivo.
- Nada más lejos de mi intención que la de afirmar que miles de personas necesitan pastillas, previo diagnóstico clínico de depresión. No, evidentemente esa no es la idea. La idea es entender, para poder ir más allá. La madeja está bien enredada, pero la paciencia es un valor, hoy algo denostado, con el que se puede llegar bien lejos. La solidaridad es otro valor denostado, denostadísimo, sobre el que más vale volver si de verdad queremos girar el timón. Porque es necesario, y porque es urgente. Hasta aquí un intento parcial, apresurado (porque es urgente), y muy mejorable, de coger este asunto por los cuernos. De aquí en adelante, y como reza el título de las próximas charlas en las que participará Radio Prometea: "Mal de muchos, tarea de todos". Supongo que seguiré dándole vueltas, que la psicosis y el amor romántico ya los tengo muy vistos.
-
jueves, 17 de agosto de 2017
Transparencia y opacidad
Se le ve venir
No hay quien le toque la fibra porque no se deja
Los relatos incluyen contextos, los contextos están llenos de personas
Cada cual es cada cual y su circunstancia (así en singular)
Se desahoga para no ahogarse
Se ahoga porque no se desahoga
Redes afectivas
Reclusión y ensimismamiento
Apoyo mutuo
Vergüenza y orgullo
Confianza fácil
Paranoia
Disposición a la resolución de conflictos
No dar la cara
Generosidad
Avaricia emocional
A otra cosa mariposa
Rencor
Comedia
Drama
Cultura libre
....
Redes afectivas
Soledad
Cuidados
Muros
Interdependencia
Individualismo
Activismo
"Apolítica"
Feminismo
"Ni machismo ni feminismo"
Autocrítica
Heterocrítica
Transfeminismo
Heteropatriascazo
No hay quien le toque la fibra porque no se deja
Los relatos incluyen contextos, los contextos están llenos de personas
Cada cual es cada cual y su circunstancia (así en singular)
Se desahoga para no ahogarse
Se ahoga porque no se desahoga
Redes afectivas
Reclusión y ensimismamiento
Apoyo mutuo
Vergüenza y orgullo
Confianza fácil
Paranoia
Disposición a la resolución de conflictos
No dar la cara
Generosidad
Avaricia emocional
A otra cosa mariposa
Rencor
Comedia
Drama
Cultura libre
....
Redes afectivas
Soledad
Cuidados
Muros
Interdependencia
Individualismo
Activismo
"Apolítica"
Feminismo
"Ni machismo ni feminismo"
Autocrítica
Heterocrítica
Transfeminismo
Heteropatriascazo
domingo, 13 de agosto de 2017
Por ejemplo un pájaro
Arco de minorías, dame calor y puntería
Una sana melancolía maldice los relatos de almas
Sé colgar medallas como las chicas sonrientes de los podios deportivos,
Sé cuidar hasta la náusea las pesadillas ajenas
hasta que son las mías las que chillan y entonces
Por ejemplo un pájaro.
O derivar.
Ni puentes sobre aguas turbulentas ni vuelos a ningún sitio
porque el vuelo está dentro y no lo dejo salir
¡¡¡¡¡¡AHHHHHHH!!!!!
la causa humanitaria de los falsos corazones ardientes
(mujer bonita es la que lucha, en ella hay océanos)
pececitos
estar cerca, estar lejos
pero si yo estaba de vacaciones
pincelada número uno
me sobra corazón hasta para meter la pata, una maldición como otra cualquiera
pincelada número dos
hay pasiones propias que curan como besos entre lágrimas
pincelada número tres
adelante
Una sana melancolía maldice los relatos de almas
Sé colgar medallas como las chicas sonrientes de los podios deportivos,
Sé cuidar hasta la náusea las pesadillas ajenas
hasta que son las mías las que chillan y entonces
Por ejemplo un pájaro.
O derivar.
Ni puentes sobre aguas turbulentas ni vuelos a ningún sitio
porque el vuelo está dentro y no lo dejo salir
¡¡¡¡¡¡AHHHHHHH!!!!!
la causa humanitaria de los falsos corazones ardientes
(mujer bonita es la que lucha, en ella hay océanos)
pececitos
estar cerca, estar lejos
pero si yo estaba de vacaciones
pincelada número uno
me sobra corazón hasta para meter la pata, una maldición como otra cualquiera
pincelada número dos
hay pasiones propias que curan como besos entre lágrimas
pincelada número tres
adelante
Suscribirse a:
Entradas (Atom)