domingo, 24 de junio de 2012

¿Esquizoqué?

Nunca he visto una esquizofrénica, ni un esquizofrénico, en mi vida. Sí he visto a personas infladas a pastillas, lentas, con sobrepeso, con la mirada acuosa y dificultades para hablar, personas sobremedicadas, todas estas características como efectos secundarios de la medicación, no como parte de su "personalidad" (otra buena, la de la personalidad, que a saber de qué va eso). También he visto a personas delirando, o inmersas en una psicosis, asustadísimas, desconfiadas de todo lo que se mueve, con el ceño fruncido y la mirada alerta, desconcertadas, buscando abrirse camino entre el abanico caótico de sus pensamientos, buscando agarrarse a lo que sea que no les engañe, aunque dure poco tiempo.
También he escuchado, y leído, discursos inconexos, fragmentados, un hablar para si como si los demás pudiéramos entender, como si toda la lógica del mundo estuviese recogida en esa charla, de la forma más natural, y peor para quien no le encuentre esa lógica, porque se quedará a solas con sus prejuicios, su razón, y su ignorancia. He visto a gente llorar de dolor, y de tristeza, y de miedo, y de soledad, y de alegría también.

Pero nunca he visto a un esquizofrénico, ni a una esquizofrénica. Esas palabras ya solo tienen sentido para quienes hemos sido etiquetados, ya sólo tienen sentido para contra-nombrarnos, (re)conocernos, (re)ubicarnos y respetarnos. Una tribu, bastante urbana.

Todo lo demás es humo, y lo que importan ahora son nuestras estrategias, nuestra cultura, nuestra memoria, nuestras quejas y todo el apoyo que podamos darnos. Puesto que no existen l@s esquzofrénic@s, todo el mundo está invitado. Es suficiente con haber dudado algún momento de la realidad, con haberse mudado un tiempo a alguna clase de mundo paralelo donde todo parecía igual pero se sentía distinto. Es suficiente conocer el grado mínimo para ponerse en la piel de niveles altos de intensidad y duración. Estamos en todas partes, no sólo en los hospitales, medicados o no, diagnosticados o no, a gusto o a disgusto con nuestras perspectivas. Cuando Picasso quiso representarlas, algunas de ellas, en un sólo plano, dió un salto cualitativo, rompió gafas, cámaras, y todo tipo de lente. Bueno, digamos que no las rompió, sino que las superpuso, las mostró todas a la vez. Y luego se echó unas risas, con eso de que su firma era arte. Picasso, que yo sepa, no estaba loco. Picasso, que yo sepa, hablaba con la pintura, y hablaba sin parar, sólo hablaba, y la que montó. Independientemente de criterios estéticos, de etiquetas de genialidad o discusiones teóricas, Picasso, de alguna forma, habló de nosotros, utilizando un lenguaje donde "locura" no es un sustantivo, ni un concepto, ni un número, ni mucho menos menos un ente biológico o un desajuste bioquímico. En el lenguaje que usó Picasso, locura es algo que pinta, algo que mira, motor, motivo, movimiento, interrogación, acción, hechizo, dolor, trabajo, sueño, alejamiento, reconstrucción, novedad, salto, caída, ruptura, revelación, tentativa, y alguna más que se me escapa.

Todo lo demás es humo para despistar sobre el origen del fuego.

jueves, 14 de junio de 2012

Promethea en la inmateria

Hace unos días me hablaba un amigo de la magia, con una definición en la que nunca había pensado, pero que tiene toda la lógica. La magia, según él (bueno, según un autor leído por él de cuyo nombre no puedo acordarme), consiste en saber moverse por diferentes sistemas de creencias, saber pasar de uno a otro para tomar aquello que puedan ofrecer para nuestro propósito. Ahora propongo cambiar un poco el concepto creencias, que nos llevaría con demasiada rapidez a los sistemas religiosos, por otro más amplio, como conocimiento, por ejemplo.

A ver, la magia entonces consiste en saber moverse por diferentes sistemas de conocimiento. Sin embargo, hay un elemento del concepto creencias que parece irrenunciable, y es la inmersión, de alguna manera. Un posibilidad de inmersión que aleje de nuevo la reducción a sistemas religiosos puede ser la sugestión, puesto que la sugestión es una acción individual, inducida o no desde el exterior, que puede dirigirse hacia múltiples ámbitos.

El mismo amigo me descubrió un cómic fantástico en todos los sentidos: Promethea, cuyo guión se lo debemos al maestro Allan Moore (El mismo de V de Vendetta). Promethea es la diosa de la imaginación, viaja a través de los siglos y de los cuerpos en los que se encarna. Que Promethea se encarne en ti no es ningún chollo, pues tiene tantos enemigos como problemas van a darte a medida que te los vayas encontrando. De alguna manera, tú provocas que Promethea adopte tu forma humana,invocándola a través de la literatura. Una vez que eres ella, o que ella eres tú, el viaje a la inmateria está garantizado, a partir de ahí, cuidado con tus sueños, y sobre todo, cuidado con tus miedos, pues tus miedos serán sus enemigos, y los tuyos. La inmateria, por descontado, es un sistema de conocimento, y en este no-lugar, la sugestión es garantía de entrada, pero también de salida. La sugestión, o mejor dicho la capacidad de manejarla a tu antojo, es el caduceo por excelencia, el arma más poderosa, propia de dioses, capaz de vencer a todos los entes malignos, sobre todo a los imaginarios. Por ente maligno, para no caer en maniqueísmos fáciles de superhéroes gastados, podemos entender cualquier idea, cualquier complejo, cualquier frustración, cualquier desengaño, cualquier encarnación del futuro, de pasado o del presente. La inmateria está llena de ellos, no todo son setas mágicas o lobos feroces, que también los hay. El truco para salir de la inmateria es imaginar intensamente la realidad, qué contradicción, ¿verdad? Nadie dijo que Allan Moore fuese un tipo fácil.

Volvamos a la magia, redefinámosla ahora que tenemos más información. La magia es la capacidad de moverse por sistemas de conocimiento diferentes, y la imaginación es el arma más poderosa, pero es un arma, como todas, de doble filo. ¿Qué pasa por ejemplo si la usas para entrar en la inmateria, pero no sabes usarla para salir? Pues pasa que tienes un problema gordo, y que las tentaciones de llamar a ese problema esquizofrenia se multiplicarán, y cuidado porque serán otros quien te nombren, y ya se sabe que quien nombra primero golpea más fuerte.

Sistemas de conocimiento, sigo dándole vueltas...¿no es acaso la filosofía el lugar de todos esos sistemas? Siempre pensé que sí. Ahora bien, la filosofía acostumbra, como Promethea, a adoptar diferentes formas, a encarnarse también en humanos y correr aventuras con ellos. Así que de nuevo la sugestión mueve ficha, pero si la sugestión nos instala en un sólo sistema, si no es capaz de moverse con cierta soltura entre varios, de nuevo tenemos problemas, que ahora podemos llamar intransigencia, reduccionismo, fanatismo...Y decía que la filosofía adopta diferentes formas, y no solo humanas, la filosofía es como las espirales, está por todas partes, se encuentra en la naturaleza, pero también en el artificio, en cada creación, diseño o idea que seamos capaces de asimilar, o directamente de producir. Así, la filosofía también es vehículo para transitar la inmateria, y vehículo también, entonces, para abandonarla.

¿Turismo a la inmateria? Muchos viajes empiezan así, con un no sé qué de atracción por sensaciones nuevas, pero con mentalidad turística, de forma que, al mínimo contratiempo, a lloriquear a la agencia de viajes para que nos devuelvan a casa. No hay agencia de viajes, amigos, hay sucedáneos algo estafadores que te dan gato por liebre, esos que te nombran y te recetan no para volver a casa, sino para permanecer en un extraño limbo ni pa ti ni pa mi, en un limbo de no-materia, sin sueños, sin angustia, sin motivación, sin orgasmos, una nada nada hogareña, por más que quienes adoptan este sucedáneo pasen demasiado tiempo en casa. El limbo podría servir de forma transitoria, como la sala de un aeropuerto en la que esperas a que salga tu vuelo de regreso a casa, pero si pasas demasiado tiempo allí llegas a olvidar la razón por al que estabas allí, y te conviertes en un apátrida mendigo de los donuts prefabricados de la cafetería.(Eso si no tienes dinero, si lo tienes...es distinto)

A la inmateria, entonces, mejor no ir como turista. Parece, hasta donde yo sé, que se va mejor como viajero, con esa disposición de ánimo que te permite hacer amigos (en medio de las luchas contra los enemigos, los amigos que se hacen suelen ser de fiar), vivir casi como otra, volver cambiada y saber que has vuelto, distinguir el viaje del estar en casa, aunque no se trate tanto de territorios físicos. Volver como nueva, y seguir aprendiendo.

martes, 29 de mayo de 2012

Terapia original

Entre las alegrías
y la sorpresa
de no sorprenderme
casi me engañas,
qué bueno.

Bueno
rápido
confuso
chamánico por momentos
divertido
confuso
tierno
muy tierno
muy tierno
muy tierno
inteligente
despierto
dormido
dudando


te echo de menos en bonito
que no te rayen
anda






lunes, 28 de mayo de 2012

Locos de atar

Vengo de visitar Saltando Muros, donde un residente se pregunta cosas.

Que los residentes, en un hospital psiquiátrico, se pregunten cosas, es un síntoma de salud mental del residente, probablemente redunde más pronto que tarde en la salud mental de sus pacientes.
Los pacientes de esta persona que se pregunta cosas pueden considerarse afortunados, pueden incluso considerarse pacientes, que es un poco más que cosa a secas.
Pacientes con derechos, quiero decir, no en el sentido, en principio, de personas consideradas, comprensivas, buenas escuchadoras (muchas podrán serlo también, por qué no), de este segundo tipo de pacientes hacían falta al otro lado del paciente con derechos, aunque no sé si fue primero la gallina o el huevo.

Atar: (Del lat. aptāre, ajustar, adaptar).
1. tr. Unir, juntar o sujetar con ligaduras o nudos.
2. tr. Impedir o quitar el movimiento.
3. tr. Juntar, relacionar, conciliar.

Contener: (Del lat. continēre).
1. tr. Dicho de una cosa: Llevar o encerrar dentro de sí a otra.
2. tr. Reprimir o sujetar el movimiento o impulso de un cuerpo.
3. tr. Reprimir o moderar una pasión.

Es que a lo de atar le llaman "contención mecánica", que es mucho más fino, incluso suena remotamente terapéutico, si nos atenemos a la acepción tercera de la definición segunda de la parte correspondiente al diccionario, que es a donde va la gente en busca de las palabras perdidas, la aventura del saber y otras metáforas.

A mi me gustaría saber si existen lugares "terapéuticos" en donde se haya erradicado esta práctica inhumana y degradante, y si conocen otras formas, otros estilos para calmar a las personas que no son capaces, en ese momento, de hacerlo por sí mismas. Me gustaría saberlo para contarlo a los cuatro vientos, hacerlo correr de boca en boca por todos los lugares, celebrarlo con una botella de buen vino y un residente preguntón, por aquello de ayudarle con la respuesta, y quizá con la alegría y el vino, surgiesen muchas más preguntas.

A mi una vez me ataron. No fue por estar alterada. Fue por decir "no". Primero dije no, luego me sujetaron, luego me pincharon y finalmente me ataron, cuando ya estaba inconsciente, (de esto último me di cuenta al despertar, desubicada, en un lugar desconocido, por segunda vez, en plena psicosis). Fueron tres humillaciones, tres angustias, tres recuerdos traumáticos que estrujo y estrujo a base de escribir en este blog, que es mi particular manera de devolverme la dignidad, también como loca, o más cuanto más loca, porque quizá cuando lo estoy es cuando más me acuerdo de cuidarme, para escapar de posibles humillaciones, puesto que al parecer son el pan de cada día de esos sitios que se llaman hospitales (será en el sentido ilustrado de almacén social, rollo Siglo de las Luces).

jueves, 24 de mayo de 2012

Ensalada antipsiquiátrica

Cuando empecé el blog, mi postura era claramente antipsiquiátrica, radical, mi autonomía en relación al sistema de salud mental me hacía desear esa misma autonomía para todas las personas que, bajo mi punto de vista, se encontraban "presas" de ese sistema, presas de la medicación, presas de la opinión del profesional de turno, presas de los diagnósticos y las profecías asociadas a ellos, profecías de cronicidad, incurabilidad, limitaciones y tendencias como la agresisvidad que, asociadas al diagnóstico, se consideraban intrínsecas a estos, haciendo más y más difícil la lucha contra el estigma y por la Igualdad, así con mayúsculas.

Igualdad de Derechos, Respeto a las Diferencias (individuales, culturales, diferencias en los modelos de locura y en las múltiples posibilidades de significarlos con lenguaje propio, más allá de la normativa terapéutica y su pretensión de dominio del lenguaje), Espacios (mentales, físicos, virtuales y relacionales) para visibilizar experiencias como experiencias propias, válidas, subjetivas, constructoras de conocimiento, experiencias que construyen, a la vez, estrategias para asumirlas, comprenderlas, hacerlas comprender a los demás, gestionarlas con inteligencia y autoestima, combatirlas cuando el sufrimiento que causan es excesivo e insoportable.

En toda esta ensalada de lo que no sabía muy bien si era acción social, política, intelectual, terapéutica o todo a la vez, conocí a muchas personas, y a todas ellas sin excepción las conocí a través del diálogo, el debate constructivo, la escucha mutua, y no pocas veces admiración mutua también, que para mí es como el paraíso donde las relaciones crecen, a algunas os conocí, y sigo haciéndolo, en persona, pudiendo miraros a los ojos, escuchar vuestra voz por teléfono, tomarnos unas cañas juntos, escribirnos emails, chatear, y tantas otras cosas. Muchos de vosotros sois profesionales, estáis del lado que yo rechazaba en principio por ser el lado del poder. En cierta forma vuestro lado sigue siendo el lado del poder, pero vosotros sabéis transformar el poder en responsabilidad, y ahí ya empezamos a entendernos. Desde el lado de aquí fui entendiendo también que no todas las personas diagnosticadas quieren ser autónomas en relación al sistema, sea por miedo, comodidad, o simple satisfacción de sus necesidades, o un poco de todo, cada cual sabe de sí mismo más que nadie, aunque nos quieran convencer de lo contrario. Así que progresivamente mi postura fue cambiando, todavía no sé hasta dónde puede hacerlo, pero la relación con el otro lado se vuelve necesaria, aunque en muchos casos haya que inventarla, porque cada relación es un mundo, y si no todas las locas somos iguales (ni falta que nos hace) tampoco lo son todas las terapeutas, ni los enfermeros, ni las teóricas. En mi empeño de hacer paralelismos con el feminismo, la relación con vosotros, terapeutas, es como la relación de las mujeres con los hombres, no se trata de acabar con ellos,evidentemente, sino de evolucionar de la asimetría en las relaciones a la horizontalidad, no se trata de cambiar el poder de sitio o iniciar una guerra, sino de trabajar juntos para que las relaciones no sean de poder. Para el feminismo, el enemigo no son los hombres, sino el machismo, que es distinto. Los hombres son personas, el machismo es una actitud, una forma de andar por el mundo destructiva y autodestructiva. Pues eso, se trata de construir relaciones nuevas entre las personas a uno y otro lado de la mesa, el diván, el sofá o la toalla de la playa ¿por qué no hacer terapia en la playa, en el campo, en la terraza en verano?

Bueno, hablando de playa, yo sigo encerrada estudiando, o casi. Estudiar también es importante para todo este asunto. Seguiré dándole vueltas.

lunes, 21 de mayo de 2012

Desactivando "pingajos de hospital".

Delirar es un lujo que suele acontecer cuando no tienes responsabilidades, o cuando todo está tan roto que todo vale para no mirar a ningún sitio, en ese caso abres las puertas y dejas que las corrientes de aire te agarren con fuerza, vengan de donde vengan los vientos, no importa si son africanos o polares, tú a lo tuyo, y la fantasía de reinterpretar el mundo a varias velocidades va sustituyendo a cualquier otra cosa. A veces, algunas cosas también se arreglan, o quedan pendientes de arreglarse, pero con pistas. Pistas que no entiendes en su momento, pero que luego vuelven cuando todo pasa, y si vuelven en "modo concreto" será por algo, será para que las escuches, que para eso son tuyas y sólo tú valoras su importancia. A veces no eres sólo tú, y ya no es la primera vez que contando un delirio como delirio, casi como un cuento, te sorprende alguien diciendo que no tiene nada de raro, que eso le suena, y bastante, entonces no sabes si relajarte o despatologizarte, cualquiera de ambas cosas puede dar bastante susto, no es para menos, todo esto es muy raro, incluso para mi, no estoy de broma.

A veces avanzo algunas páginas de un libro de José Luis Pardo sobre Gilles Deleuze, El cuerpo sin órganos se llama.
" No, no se trata de predecir sino de estar atentos a lo desconocido que llama a nuestra puerta"
(Esta te la dedico otra vez, si llegas a leerlo)

Y sigue diciendo, "Es como si Deleuze nos dijera: sí, claro que estos desvaríos de la razón indisciplinada son fantasmas, porque sólo mediante el desvarío fantástico (que no mediante el método geométrico, la razón dialéctica o la dialéctica de la historia)puede el pensamiento alcanzar el punto de génesis del concepto que también es su punto de fuga o expresividad, la zona pre-conceptual y pre-discursiva de construcción del concepto en la intuición, el instante intuitivo e intensivo en el cual se dibuja el esquema dinámico que constituye las condiciones de la experiencia real de la cosa singular; sí, claro que la intuición intelectual es una fantasía o, mejor, toda fantasía (siempre que se trabaje adecuadamente sobre ella)es una intuición intelectual, un atisbo desfigurado de lo que sólo puede verse a través de la desfiguración disparatada (la desconocida raíz común), de lo que no existe más que desfiguradamente, una perspectiva de la cosa en sí que sólo puede aparecer como ya originariamente delirada en el fantasma, porque nunca fue ni será actual, nunca fue ni será presente.

Pues ya me siento mucho mejor, la verdad. Yo no sé este señor Deleuze qué desayunaba, pero menos mal que estuvo y que escribió, o incluso siguió escribiendo cuando ya no escribía, y viene el señor Pardo este y sigue escribiendo en su nombre, porque ya me sacó de más de un apuro, ya me despatologizó más de una vez. Me acuerdo con nitidez de una expresión suya, a propósito de las experimentaciones con drogas psicodélicas en los años sesenta. Era una entrevista para un canal francés (aún anda por youtube la entrevista, el Abecedario de Gilles Deleuze se llama), y hablaba de los chicos y chicas estudiantes que, tomando esas drogas, tenían un mal un viaje que podía derivar en brote psicótico. La preocupación más grande de Deleuze en relación a estos chicos era que no acabasen siendo "pingajos de hospital". Ahí estás tú, que para mi, por cierto, sigues estando, como tantas otras personas que no se van nunca por más lejos que estén.


jueves, 10 de mayo de 2012

Terapia musical

El cansancio es terrible, un par de noches durmiendo poco me hacen transitar estados de ánimo de lo más variado a lo largo del día, de la euforia mañanera a la tarde proto-delirante, dejando la tristeza para la noche. Y para acabar el día, mientras escribo para poner todo en su sitio, Manu Chao canta "pase lo que pase, sea lo que sea, próxima estación...esperanza". Este hombre tiene la facultad de ponerme siempre de buen humor, lo cual le agradezco mucho. Por lo demás, nada que no arregle una noche de sueño, largo a poder ser, ocho o nueve horas estarían muy bien. Y ahora toca "enamorao de la vida aunque a veces duela, si tengo frío busco candela" Pues eso, pero casi mejor otro día.
Ahora una ración generosa de valeriana, y mañana ya veremos, está claro que "por el camino, yo me entretengo", (que remedio).
Si llego entera al final de curso me merezco como mínimo una tarde de playa y un fascinante libraco, se admiten sugerencias literarias, algo que no me deje apartar los ojos de las letras durante horas y horas, alegre a la par que interesante, y por supuesto bueno bueno bueno, de calidad y bien gordo. Me da igual a estas alturas realidad que ficción.