jueves, 14 de diciembre de 2017

Electrónica

Bailar durante horas, sin más preocupación que la consciencia completa de mi propio cuerpo hablando con la música. Mejor si es electrónica, compuesta y mezclada exactamente con esta finalidad. Imaginativa y viajera, abstracta, repetitiva solo en su punto justo. Quiero celebrar la tregua navideña a unos meses de muchísimo trabajo. En esas horas me reinvento y cierro heridas, me canso con gusto, me reinicio y me acompaño sin asomo de angustia. Me cuido por dentro y por fuera, me recuerdo como era antes de tantas tristezas, vuelvo hacia atrás en el tiempo, y voy también hacia adelante, me proyecto en las mejores versiones de mí, si las hubiera. Juego, juego muchísimo, salto, me desplazo hacia atrás, camino por todos los mapas, pero sobre todo me hago territorio, me hago consciente de límites y de fuerzas. Y ejerzo mi libertad de movimiento, que en ese trance es todo menos una frase hecha. Seguro que al día siguiente tendré la claridad mental perfecta para resolverlo casi todo, al menos en mi pequeño mundo, que no es poco.

Arroz de fado

O arroz se pode fazer de mil maneiras. Eu adoro aquel que tem aire de rissotto, com tres partes de auga e sempre a remover, a fogo médio, por vinte minutos. Os ingredientes, boms e simples: cogumelos, presunto, tomate natural, um bocado de tomilho, sua cebolinha e ja vai. Aqui está a receita para un arroz independente, como o coraçao de Amalia Rodrigues.

por ter pasado
mesmo ao meu lado
certo fadista
de ollar troçista

Tudo isto existe
tudo isto é triste
tudo isto é fado

cinzas e lume


Máis se o arroz quer ser partilhado, será. Para ja, a minha alma fadista fica a espera de mudar de estilo. A tristeza intensa e complexa do fado tem aqui data de validade. Mais olha que a sua catarse era até certo ponto necessária.

lunes, 11 de diciembre de 2017

domingo, 10 de diciembre de 2017

Romanticismo

Fantasías decadentes de almas que se tocan, así es el consuelo residual al que se puede aspirar en tiempos de lluvia sucia y tristezas cada vez más absurdas. Una pequeña droga de andar por dentro, una estrella estereotipada que nos señala como fugaces desde su altura burlona y milenaria.

La dulce boca que a gustar convida
Un humor entre perlas distilado,
Y a no invidiar aquel licor sagrado
Que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

Amantes, no toquéis, si queréis vida;
Porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
Cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas que a la Aurora
Diréis que, aljofaradas y olorosas
Se le cayeron del purpúreo seno;

Manzanas son de Tántalo, y no rosas,
Que pronto huyen del que incitan hora
Y sólo del Amor queda el veneno.


Así seguimos siglos después, sin que la amistad termine de ser digna sustituta de semejantes gilipolleces. No está el problema en la boca, ni en los labios, ni en las rosas. Está la oscuridad en los corazones cerrados como puños a la emoción desnuda en el frío del invierno. Hay que pararse y contemplarnos como un paisaje que, lejos de reflejar los sentimientos, se interpone como distancia. Un horizonte expandido donde solo se escucha una voz más quebrada que alegre, más inquieta que fuerte, y sin embargo valiente a su manera. No hay nada en la vulnerabilidad de lo que haya que avergonzarse, la cuenta pendiente con ella es reconocerla y mimarla, hacerla brillar más que las cenizas que la ahogan. O hacerle sitio, y punto. Las rosas siempre vuelven, está en su naturaleza cíclica florecer una y otra vez.


 

 

sábado, 9 de diciembre de 2017

Fuegos

Yo me quedo a la orilla de ríos metafísicos, ella los nada. Incalculables paisajes humanos se acomodaron a esta frase de Rayuela con la naturalidad furiosa de la literatura. No había nada en el mundo más feminista que estas palabras, nada mejor que hacer que inventar el tiempo cada noche. Si hubiera una multiplicación más importante que las otras, serían todas las noches de todas las ciudades en las que viví en los años noventa. Gracias al veneno psicotrópico de lo interminable sucedieron viajes más allá de cualquier mapa. El vértigo iniciático no acababa de ayudar a comprenderlos, tuvieron que pasar años y pinceladas para acompasar mi caótica respiración a la sencillez de la curiosidad, a la naturalización de la inconsciencia como fuente de conocimiento. Los frutos, como las frutas, a salvo en una cesta. Para abrazar el tiempo que aún no te pertenece, espero en calma a que me duelan las nubes. De las nubes ya solo se espera que den agua, y quien dejó de doler, finalmente, fui yo misma, a salvo de quedarme contigo.

Desde la calma y mi querida soledad, los viajes son otros. Se hacen con pasitos cortos y palabras amistosas, con cuidados y solidaridades que, ahora sí, atraviesan océanos de tiempo sin que nadie resulte vampirizado. Los ríos metafísicos se recorren con poemas, ritmos, silencios y noches de hospital. El barroco ya no le interesa a nadie, y por eso es fascinante sumergirse en su contemporánea marginalidad para acabar de construirse un cuarto propio que sea al mismo tiempo refugio y espejo.
No te quiero como piensas que te quiero, te quiero mucho mejor. Te quiero tanto que prefiero la distancia para que puedas impulsarte en lo imposible, y desde ahí reconocerte en cada viaje que no hiciste. No me haces falta, me haces brillante en cada tutibeo, en cada beso pendiente, en cada miedo inconfesable. Me haces crecer y creer que tu ilusión es infinita, que así tiene que ser para que no te acabes nunca, ni te aburras ni te engañes más allá de lo cotidiano. Estoy lejos y te encanta, por eso nunca me llamas, ni me prendes ni me apagas.

Si hubiera algo de mí que te resulta fascinante, guárdalo como un tesoro, para encender fuegos artificiales en las fiestas. Acarícialo en tu memoria de pez, porque te va a hacer compañía en todos los intervalos. Y mientras vivas, brilla.

Somos tan complicados, nosotros, tan llenos de misteriosos resortes, de resonancias secretas, de alianzas y hostilidades, de encuentros y desencuentros...jugamos un ajedrez casi demoníaco y maravilloso  (Cortázar, claro)


 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Notas a pie

por la memoria del cuerpo pasea un silencio entre poemas y arrebatos,
quería, en la próxima nota, volverme radiante y encender gotas imperceptibles 
desde las penas hasta los gatos, sin darse demasiada importancia
honrarme y respetarme como una oración para los años venideros
recolectando mimos y orgullos en una cesta bajo el brazo
llueva o truene 
a cualquier hora
si hubiera un plan mejor
hacédmelo saber antes de que mi plan se vuelva consistente y contagioso
lleno de puntos de sutura y aún así vibrante como un látigo de nubes

por la oscuridad de las pesadillas ajenas
venía agonizando la alegre cocinera que vive dentro de mí
por suerte o por las gracias a la vida
anidó una luciérnaga a la hora exacta de los reconocimientos
y la nota decía: "soy silencio y no me importa"

 

domingo, 3 de diciembre de 2017

Estudio y salud mental

Estudiar siempre ha sido, para mí, estímulo y evasión. Sobre todo cuando soy capaz de emocionarme estudiando, de disfrutar tanto de la dificultad de comprender o recordar, como del placer de redactar o de establecer asociaciones nuevas entre diferentes ideas o conceptos. Entonces sé que estoy protegida de la inestabilidad. En diferentes momentos de mi vida, zambullirme en algún proyecto a largo plazo relacionado con el estudio (oposiciones, máster, ahora de nuevo oposiciones) me rescató de profecías psiquiátricas, de duelos por desamor, o de preocupaciones exageradas por asuntos o personas que tampoco lo merecían tanto.

Estudiar algo tan humano y artístico como es la literatura permite una mezcla de concentración y vuelo. Concentración porque hay que leer, resumir, esquematizar, relacionar, redactar. El vuelo viene de la fascinación de conectar con escritorxs de diferentes épocas, intentar empatizar con su particular relación entre vida, contexto y escritura, leer en sus obras claves humanas, emocionales, históricas, sociales, económicas, políticas. Viajar con ellxs a sus conflictos, a sus valores, a sus contradicciones y genialidades.

Mientras me evado hacia otras épocas, desconecto de decepciones muy contemporáneas, de esfuerzos inútiles por comprender a personas que no desean ser comprendidas, sino solo que estés ahí a merced de sus caprichos. Eso, y poco más, he llegado a comprender por ese lado. No es bonito, no permite crecer. Era tan fácil como estudiar. Lo bueno de estudiar es que es interminable. Entre estudio y trabajo, el tesoro de la amistad. No se qué más se puede pedir.

(El amor romántico se ve ahora como una pesadilla borrosa del pasado)