viernes, 3 de abril de 2015

Esquizofrenia que estás en los cielos

Esquizofrenia que estás en los celos
perdón en los cielos
y en los chistes internos de toda la tribu
dedícame esta noche un verso travieso
que te echo demonio (quería decir de menos)

Esquizofrenia de todos los tontos
que dibujan neuronas
con sonrisa nerviosa
de semana santa en congresos de grises

Ay, esquizofrenia, líbrame del "malamén"
(amen, amen, que el resto es tontería)
enséñame a ver claro sin mirar a quién

No me esperes despierta, llego tarde y borracha
ni me desesperes, que te quiero bien
Negra sombra que me asombras
serás de colores con la luz del día
anda que no hemos viajado
anda que









domingo, 22 de marzo de 2015

En movimiento

En este movimiento, podríamos estar todas las personas del mundo. Pero nos han acostumbrado a dividir el mundo en dos tipos de personas: las que van al psiquiatra y las que no. A las segundas se les denomina "sanas" o "normales". A las primeras, se les denomina "enfermas mentales".

 Yo estoy en el lugar de las que ya no vamos al psiquiatra, por lo que, en cierta forma, tengo visión de pájaro, perspectiva. Es un lugar extraño, tal y como la psiquiatría entiende el diagnóstico que me ha puesto. Cuando me muevo, lo hago por todas las personas, porque cualquier sufrimiento humano provoca también sufrimiento psíquico. Cualquier mejora en la dignidad y condiciones de vida de cualquiera, es una mejora de su sufrimiento psíquico.

Así que no es, en principio, un movimiento identitario, porque todas las personas que lo formamos, hemos atravesado, y seguimos atravesando,  diferentes identidades en relación a esto. Diferentes intensidades, diferentes etapas, diferentes grados de esperanza, o de su contrario. Es un movimiento que lo atraviesa todo: la clase, el género, el lugar de origen, la identidad sexual.... en todas partes se sufre. En todas partes, la dignidad y la justicia nunca son suficientes.

Pero la gestión clínica, social, farmacológica y económica de tanto sufrimiento la tienen unxs pocxs, Y por eso no sueltan el binomio "sano/enfermo". Si estás "enfermo", estás en sus manos, eres su objeto, de investigación, de psicoeducación, de contención, de privación de derechos civiles, de estigmatización....

No se trata de estar en uno u otro lado, los lados son cambiantes, ambos lados atraviesan la vida de cualquier persona, en diferentes momentos, la vulnerabilidad nos toca a todas las personas: el miedo, el dolor, los pensamientos paralizantes, las angustias, los extrañamientos.... Se trata de caminar hacia una sociedad que acompañe esa vulnerabilidad, que la comprenda, que la haga suya, que la cuide, que no la esconda bajo la alfombra, la consulta del psiquiatra, las pastillas, o la institucionalización.

Este es el movimiento en el que estoy, estos son los zapatos con los que camino.

sábado, 21 de marzo de 2015

Esquizoporqué?

Vengo aceptando, con creciente naturalidad, que, en la realidad compartida por la mayoría (concediendo que tal cosa exista), estoy sólo a veces, y de paso. O sería mejor decir que estoy según para qué. La mayor parte del tiempo estoy, por ejemplo, más en lo cualitativo que en lo cuantitativo. Más en lo emocional que en lo racional. Más en lo subjetivo que en lo objetivo. Más en la física cuántica que en la newtoniana. Más en la locura que en la normalidad, por resumir un poco.
Bueno, nada, que seguimos haciendo cosas, a nuestra bola, y esto no para de crecer. A ver si los normales vamos a ser nosotrxs, (por terminar de alguna forma).

lunes, 9 de marzo de 2015

Próximas charlas

En dos días me voy de viaje.

Este miércoles 11 de marzo por la tarde estaré en Madrid, en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense. Me invita el colectivo Aula Social. Mi participación será en una mesa de experiencias de personas psiquaitrizadas, dentro de las siguientes jornadas:
                     
                          "Desde las jaulas. La cárcel y sus múltiples caras"

Unos días después, el sábado 14 de marzo, daré otra charla en Sevilla, titulada "Desmedicalizando la esquizofrenia: rutas desde el feminismo". Esta vez la invitación proviene de un colectivo feminista. En cuanto tenga el cartel con todos los datos reedito la entrada y lo incluyo.

Espero que podamos encontrarnos...

domingo, 1 de marzo de 2015

Esquizonamiento

No es la primera vez que planteo que eso que llaman "esquizofrenia" no es un problema médico, sino filosófico. Es filosófico porque tiene que ver con la relación entre nuestros pensamientos y el mundo, y cómo estos conforman a aquel, y viceversa y viceversa, y viceversa, cómo el mundo entra en nosotrxs, filtrado por dudas, inseguridades extremas o certezas delirantes. Cómo nos mostramos al mundo a partir de estas experiencias de pensamiento, cómo actuamos en base a ellas, y cómo el mundo nos devuelve, a menudo, una imagen de espejo deformado por prejuicios, incomprensión, paranoias biologicistas y poca convicción acerca de la igualdad, el respeto a la diferencia, y la justicia social.

 En cuanto a esos más que discutibles componentes biológicos, o bioquímicos, de tales pensamientos, quizá la actitud no sea tanto negar correlaciones, sino enfrentar en serio, filosóficamente, epistemológicamente, la naturaleza de esas relaciones. Si nos quedamos con el reduccionismo de la fórmula: Desequilibrio bioquímico como causa, y delirio como consecuencia, reduciremos esa correlación a una relación de causa efecto, unidireccional y, lo que es peor desde el punto de vista epistemológico, no comprobada empíricamente. Lo que se llama un fraude, desde el punto de vista estrictamente científico. Si ampliamos la mirada, actividad siempre recomendable en todos los ámbitos de la vida, podemos dar un paso más allá, y situarnos por ejemplo en una hipótesis de interrelación entre ambos mundos, el bioquímico por un lado (nunca material del todo) y el existencial, o cultural, o psicológico, por otro. En esta hipótesis, lo bioquímico y lo existencial están continuamente hablando, y lo importante no es quien habla primero en cada conversación que inician, (porque estoy convencida de que, al igual que sucede con las conversaciones reales, unas veces las empieza unx, y otras veces otrx, y nadie se va a casa pensando en quien empezó cada conversación, sino en lo que sucedió en ella. Bastante a menudo hablamos todxs a la vez) Lo importante es lo que se dice, el contenido de la conversación.

Con todo lo limitada que puede ser nuestra capacidad para el lenguaje, y consciente de que, en estos trances (a veces, literalmente), la capacidad para el lenguaje hablado (pactado como convencional y central) puede ser aún más limitada, aún así, no estoy de acuerdo con explicaciones psicoanalíticas que ponen esa limitación en el centro para describir a una persona que está atravesando una psicosis. No estoy de acuerdo porque esta explicación es elitista, capacitista, en cuanto a las diferentes lenguas que hablamos todas y cada una de las personas. Y no me refiero solo a idiomas, Esta explicación no recoge el lenguaje corporal, o el lenguaje interior, el lenguaje emocional, o el lenguaje específico de la experiencia delirante (visto desde ese punto de vista capacitista como inconexo, o incoherente) Cualquier terapia, del tipo que sea, está interaccionando con esos lenguajes, está manteniendo una conversación con ellos. Si el "sujeto terapéutico" no reconoce al otro como interlocutor, mal vamos. Una cosa es que no lo entienda, otra muy diferente, que le niegue el lenguaje solo porque le resulte incomprensible desde sus parámetros. Quizá, en este caso, el sujeto terapéutico debería apuntarse a una escuela de lenguajes no capacitistas. (Cuestión difícil, por otra parte, debido a las leyes de la oferta y la demanda)

Tampoco estoy de acuerdo con las clases de "buenos modales positivos" de la terapia cognitivo conductual, una especie de curso acelerado de habilidades sociales done lo importante no es tanto estar bien, como parecerlo. Donde lo importante no es escuchar nuestra propia voz, sino sonar como los otros quieren que sonemos, para mayor tranquilidad de la parroquia (que al fin y al cabo, nos conocemos todos, y eso de delirar da muy mala imagen)

A este esquizonamiento le faltan muchas ramificaciones, para las que ahora no tengo tiempo. Pero no estaría de más ir pensando en ese diálogo entre lo bioquímico y lo existencial (incluyendo interferencias múltiples en la conversación, como por ejemplo las voces de lxs diferentes "sujetxs terapéuticos"), así como en las posibilidades de acuerdos, desacuerdos, consenso, y poesía.

jueves, 12 de febrero de 2015

Desenterrar las palabras, de Clara Valverde

                                    "Lo que no se pudo hablar por el miedo, la represión o el
                              desbordamiento psíquico, fue transmitido de nuestros abuelos a
                              nuestros padres y a nosotros de forma no verbal y en gran parte
                               a través del inconsciente. Hemos heredado, sin darnos cuenta
                               y sin desearlo, aspectos nocivos del impacto emocional de lo
                                       que vivieron nuestros abuelos. Esta es la llamada
                                                       «transmisión generacional»"

En este libro de Clara Valverde, evocadoramente titulado: "Desenterrar las palabras", la autora aborda el trauma de transmisión generacional que supuso, y que todavía supone, la violencia de la Guerra Civil Española, (las heridas sin cerrar, sin hablarlas siquiera, en muchos casos), y cómo impacta, todavía hoy, en la generación actual.

                                         "Ni las valientes asociaciones que trabajan 
                             en la exhumación de las fosas comunes (casi todas aún si abrir), 
                                             ni los profesionales de la salud mental
                                   ni los que luchan por una sociedad más democrática, 
               son conscientes del enorme impacto de la transmisión de la violencia del siglo XX 
                                          en nuestra generación y en las próximas".

Me pregunto si esta idea de la transmisión generacional no se dará de forma similar en otro tipo de traumas....(suicidios, abusos sexuales, etc). La negrita del párrafo anterior es mía, para que a nadie se le pase por alto.

domingo, 8 de febrero de 2015

Locofobia

Las personas con diagnósticos podemos tener dificultades para comunicarnos, y estas dificultades pueden ser tan variadas, y alcanzar tantos grados, como las que experimentan las personas sin diagnósticos. En mi caso particular, las dificultades para comunicarme nunca me han quitado el sueño. Suelo tener más dificultades para llegar a fin de mes, por ejemplo. O para organizarme bien cuando tengo un proyecto gordo entre manos (como mi tesis, con la que me peleo desde hace tiempo) Pero no consideraría las dificultades para comunicarme un obstáculo relevante, y hasta habrá quien diga que no se me da mal comunicarme.

Sin embargo, (por suerte no muy a menudo) a veces pasa, que estos asuntos me quitan el sueño. Asuntos que tienen que ver con el cariño y sus caminos, a veces tortuosos, que incluyen comunicaciones fracasadas. ("Te juro, corazón, que no es falta de amor, pero es mejor así", enorme como siempre Chavela Vargas) Tiene que ver con que el flamenco se entienda y duela como nunca, porque el flamenco, por encima de otras consideraciones musicales, habla sobre todo del dolor y del cariño (a veces junto, a veces por separado)- Sin ser una estadística demasiado fiable, quien conoce cariños dolorosos, suele apreciar el cante.

 Si en esa comunicación fracasada entra el diagnóstico como "argumento" para juzgar duramente manifestaciones emocionales que no coinciden con las propias, que no se entienden, o que no interesan, entonces entramos en un terreno muy pantanoso. Y ese pantano termina por ser lo que engulle todo. Y termina por ser la clave del fracaso de esa comunicación. Es un pantano muy doloroso para quien porta el diagnóstico (y lo ha puesto sobre la mesa, desde el principio, con naturalidad y dignidad). Hace poco, leí una entrada en Primera Vocal, llamada "Pareja y locura" (A la que os remito en el enlace anterior). Viene muy a cuento, y no estaría mal que todxs la leyésemos, independientemente de que la relación sea de pareja o de amistad. Esta entrada comienza con una cita de T. Adorno: “Serás amado el día que puedas mostrar tu debilidad sin que el otro se sirva de ella para afirmar su fuerza”

A afirmar la fuerza sobre la debilidad de una persona que expone su diagnótico yo le llamo locofobia, y puede tener muchas caras, por ejemplo:
- Comparar cualquier actitud o característica tuya con la de otras personas con diagnóstico
- Estar buscando lo que tienes de raro (y sorprenderse de no encontrarlo)
- Tratar a la persona con diagnóstico de chantajista cuando pide ayuda
- Tratar a la persona con diagnóstico de chantajista cuando simplemente expresa con sinceridad lo que siente.
- Degradar a la categoría de peligrosa a la persona con diagnóstico, sin que haya habido nunca pruebas de tal cosa, tomando actitudes puntuales, comprensibles en su contexto (por ejemplo, necesidad de arreglar la frustración comunicativa, en un momento especialmente ansioso), y llevarlas desde ese contexto a aquel otro de las películas más estigmatizantes sobre "locxs acosadorxs" (muy hábiles todas ellas para generar y perpetuar tal estigma en el imaginario colectivo). Esta última, muy al estilo de Gallardón y cía, provoca un dolor especial, por lo injusto, por lo criminalizador, por lo mezquino.
- Sospechar de la persona con diagnóstico, de forma sistemática

Personalmente no es la primera vez que alguien me vomita encima su locofobia, en alguna de las versiones anteriores. La primera vez, hace muchos años, puro cotilleo, puro estigma. La segunda, hace algo menos, al salir del armario con alguien, y solo porque esa persona había tenido una mala experiencia con alguien con un diagnóstico similar al mío, a pesar de no haber tenido nunca ninguna mala experiencia conmigo (y aunque debo decir de esta última que está reconocida y reparada a posteriori, al haber compartido espacio durante un tiempo, no fue muy agradable ver cómo se iba de cada habitación común en la que yo entraba, durante un par de meses). Todas hicieron daño, pero la última la que más. Con el tiempo, el daño se relativiza, se aparta, pero si vuelve a pasar, vuelven a doler, todas juntas, otra vez.. Contra la locofobia solo cabe anteponer la loca dignidad, huir de esa relación, y recordar aquel otro párrafo del texto de Primera Vocal:

   "Si en algún momento experimentas esto de lo que estamos hablando más allá de un reproche puntual o de alguna escaramuza propia de la cotidianidad, huye. No estás siendo amado. Es así de sencillo y así de complicado. Dolerá, pero lo que viene después si te quedas te va a doler muchísimo más. Busca otra gente con la que compartir experiencias, no eres la primera persona a la que le va a pasar y tampoco serás la última.Si la persona a la que amas nunca usa ese resorte, sabrás por qué pienso que en el amor merece la pena correr riesgos"

Por suerte, también conozco el amor.
Por suerte, hace años que vengo descubriendo una forma de amor, muy poderoso, que se genera entre personas que compartimos experiencias de injusticia similares. Una forma de amor que pone en el centro de la relación el apoyo mutuo, la comprensión del sufrimiento del otro, que pone en común estrategias para sobrellevar el sufrimiento, para desdramatizarlo, y para generar vínculos y esperanzas entre personas que han sido desahuciadas de ellos (curiosamente, por otras sin diagnóstico, y a menudo diagnosticadoras).

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