miércoles, 20 de febrero de 2013

Carta abierta al Servei Català de la Salut


RESIDENTE DE “CAN ZARIQUEY” A LA FUGA

Extracto del escrito dirigido al Servei Catala de Salut a propósito de un ingreso y fuga en CAN ZARIQUIEY


      "El motivo de este escrito es poner en conocimiento de la autoridad competente hechos que pueden requerir medidas correctoras. Tengo el convencimiento de que los comportamientos a los que me referiré en este escrito no son propios del Servei Català de la Salut ni de quienes lo representa. Hablo del trato recibido por parte del personal de la Comunidad Terapéutica “Can Zariquey” en Arenys de Munt, con ocasión del ingreso de mi hijo en dicho centro en febrero de 2013. El ingreso acabó con una fuga del centro al cabo de cuatro días, circunstancia que he puesto en conocimiento de los “mossos d’esquadra” a través de una denuncia.
A continuación describiré la cronología del ingreso de mi hijo y los hechos motivo de mi reclamación:
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      Primer día de ingreso: Después de hablar por teléfono con la psiquiatra que recibe a mi hijo, entiendo que seguirá la pauta de medicación instaurada en la unidad de Agudos desde la que le han derivado.
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    Segundo día de ingreso: Hago uso del horario de visita (de 4:30 a 8:00) para llevar ropa, neceser, tabaco, etc. Al inicio de la visita la señora a la que entrego la bolsa con las pertenencias, comenta que no podemos salir del recinto, pues es el protocolo para cualquier nuevo ingreso: los primeros 8 días no pueden salir.

     De entrada me sorprende pues en el Hospital del que procede ya tenía permiso de sábados, domingos y tardes en los días laborables, y entendía que, viniendo de una unidad de agudos a otra de subagudos, los permisos serían más laxos, no al contrario. Acepto, a pesar de todo, esa “norma” y pido salir al jardín de delante del edificio para permitir fumar a mi hijo durante la visita, pues la alternativa es que él vaya entrando y saliendo de las dependencias de los residentes cada vez que necesite fumar, mientras yo me quedo en el vestíbulo de entrada, obligando a algún cuidador a abrir la puerta cada vez que quiere acceder al vestíbulo. Cabe decir que esa petición la acompaño de una asunción de responsabilidad por mi parte de lo que pase fuera del recinto. Antes de salir al jardín mi hijo saca un café en la máquina del vestíbulo y al ir a tomárselo la señora que me ha atendido hasta el momento le conmina a entregármelo porque dice que esa máquina es para uso exclusivo de las visitas y no de los internos.

    Al salir al jardín, mi hijo me comenta que le están dando más medicación de la pautada pues le han añadido dos antipsicóticos más, pasando de 2 a 4 antipsicóticos. No quiero extenderme sobre lo que hablan las guías psiquiátricas respecto a la polifarmacia, solo resumir que no aporta mejoras sustanciales y sí más efectos secundarios, por la interacción medicamentosa y porque se incrementan las DDD’s (dosis diarias definidas). Ante esta circunstancia me dirijo a la señora que me ha atendido al llegar (desconozco su cualificación) y hago demanda de hablar con un psiquiatra para saber el porqué de este cambio de pauta la primera noche en el centro. Me responde que no hay ningún psiquiatra y que espere hasta el lunes para hablar con la psiquiatra que llevará a mi hijo, o al martes para hablar con la que le atendió en el ingreso que es quien ha establecido la pauta. Insisto en hablar con un psiquiatra pues entiendo que si es un centro socio-sanitario donde los residentes están medicados es obligado tener un equipo médico de forma continuada. Ante mi insistencia me refieren a la enfermera que al requerírselo me informa verbalmente de la pauta (con las dosis correspondientes) pero se niega a dármela por escrito. En este momento me hacen entrega de las normas “escritas” del centro y yo pido una hoja de reclamaciones para manifestar mi desacuerdo con la actuación.
    
   A partir de este momento interviene el señor xxxx (del que tampoco conozco su cualificación) y sostenemos una conversación un tanto tensa y con cierto tono  autoritario hacia mí.
Durante mi estancia en el vestíbulo con mi hijo, una de las residentes, que está con su visita, intenta tomar un café de la máquina y ante mi comentario de que solo es para las visitas, como me habían indicado, el Sr. xxxx con tono autoritario dice que él decide quién puede utilizar la máquina y quién no y en este caso es que puede utilizarla. Cabe decir que en las normas “escritas” no se hace referencia al uso de la máquina del vestíbulo.
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       Tercer día de ingreso: vuelvo a hacer uso del derecho de visita en las horas convenidas.
Durante mi permanencia en el centro observo la llegada de dos familiares, en momentos diferentes, con el objetivo de visitar a dos residentes, y la persona que los recibe (yyyy) después de desaparecer del vestíbulo, regresa al mismo indicando la imposibilidad de que reciban visita en ese momento. Desconozco los motivos para eso, que por otra parte pueden ser perfectamente justificables, pero me sorprende que en ambos casos los desconociera la persona que recibe a los familiares en el momento de atenderla en el vestíbulo y que no se pudiera avisar a los familiares de esta circunstancia con tiempo suficiente para no presentarse en el centro y poder evitar esa desplazamiento. Cabe decir que según mi hijo ese día en el centro permanecían solo 5 ingresados.
A la vista de todas estas observaciones ya había decidido pedir el alta voluntaria el lunes, de manera formal y cumpliendo todos los protocolos (básicamente la presencia de un médico).
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       Cuarto día de ingreso: es el padre de mi hijo quien le visita. Su padre abandona el centro hacia las 18:45. Hacia las 19:15 de la tarde yo realizo una llamada para hablar con mi hijo y me indican que le van a buscar. Después de una espera de aprox. 5 minutos me piden que llame más tarde porque debe estar en su habitación. Realizo dos llamadas más, una a las 19:45 y la última a las 19:55.  Es con ocasión de esta última llamada que me informan de que no le encuentran en el centro, pero no saben responderme desde que hora ha desaparecido ni quien ha sido la última persona que le ha visto (trabajador del centro o residente del mismo), ni si falta alguien más. Pregunto que hay que hacer en estos casos y responden que lo van a hablar ellos y me llamarán en media hora. A las 20:20 aproximadamente mi hijo aparece en casa. Al recibir la llamada del centro les informo de la situación de Adrián y les comento que se quedará en casa y yo pasaré al día siguiente a buscar sus pertenencias.
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       Primer día después de la fuga: Después de poner la denuncia correspondiente en mossos d’esquadra, llego al Centro hacia las 19:15 a buscar las pertenencias de mi hijo. Me recibe la enfermera que me atendió el viernes y me indica que me espere para hablar con el médico. Comenta también que la Dra. zzzz ha estado esperando, hasta las 19:00, mi llamada y que ya se había ido. Respondo que la llamada también la hubiera podido realizar ella y más dadas las circunstancias del domingo.
En ese momento aparece el médico, que para mi sorpresa es un señor al que había visto hablando con xxxx el viernes y que había presenciado nuestra tensa conversación. Le recuerdo el hecho de que yo pidiera un psiquiatra el viernes y nadie me informó de que él lo fuera. Justifica que él no era el de referencia y le respondo que de hecho no lo era ninguno, puesto que la Dra. Pppp solo le trató en el ingreso y la Dra. zzzz no le iba a tratar hasta el lunes, e insisto en que precisamente porque era conocedora de estas circunstancias pedí “un psiquiatra”, no el “psiquiatra de referencia”. Finalmente me entregaron las pertenencias pero no me hicieron entrega de ningún documento de alta voluntaria o que describiera las circunstancias de abandono del centro por parte de mi hijo.
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        Quinto día después de la fuga: el padre de mi hijo va a recoger el informe de alta, con la pertinente autorización de él, como me han pedido desde el Centro. En el informe observo con sorpresa un diagnóstico en el Eje IV que nunca antes le habían hecho y que hace referencia a “problemas económicos” y “en el grupo primario de soporte”. Busco el significado de esas leyendas en ese eje y encuentro:

   -  Problemas relativos al grupo primario de apoyo: por ejemplo, fallecimiento de un miembro de la familia, problemas de salud en la familia, perturbación familiar por separación, divorcio o abandono, cambio de hogar, nuevo matrimonio de uno de los padres, abuso sexual o físico, sobreprotección de los padres, abandono del niño, disciplina inadecuada, conflictos con los hermanos; nacimiento de un hermano.
 - Problemas económicos: por ejemplo, pobreza extrema, economía insuficiente, ayudas socioeconómicas insuficientes.

   Desconozco porque vía ha llegado la Dra. pppp a esa conclusión, pues es evidente que no se corresponden con la situación real de mi hijo, lo que me confirma una vez más la falta de rigor y profesionalidad del personal de “Can Zariquey”. A la luz de los hechos referidos pueden concluir ustedes mismos que es lo que interpreto como trato insatisfactorio, al margen del hecho de la fuga, que no tiene consideración de queja sino de denuncia por negligencia, como así lo he cursado, pero resumiendo, respecto al trato:
·         - Actuación prepotente por parte del personal del centro, sin considerar el derecho del paciente, y el de la familia, por delegación expresa de mi hijo, a conocer la medicación pautada y el porqué.
·         - Salvo en el caso de la enfermera en  ningún momento el personal del Centro se presenta con la cualificación pertinente. De hecho desconozco hasta el primer día después de la fuga que una de las personas que estaba en el Centro cuando requería la presencia de un psiquiatra lo era.
·          -  Arbitrariedad en las “normas no escritas” (ejemplo: uso de la máquina del café del vestíbulo)
·         -  Atención poco respetuosa: El diálogo con el médico, el día que voy a recoger las pertenecías, es de pie y en el vestíbulo. En ningún momento hay una invitación a sentarse o conversar en un despacho.
·          - Ninguna información sobre las actividades del Centro
·           - Poco rigor en los profesionales médicos del Centro

     Por otra parte, ha llegado a mis oídos que las fugas son habituales en el centro, por eso pretendo con mi exposición de los hechos que, como responsables de los recursos de salud mental en el Maresme, velen por la protección de nuestros seres queridos que por sus circunstancias ya presentan una vulnerabilidad superior a otro tipo de pacientes. Desde este post quiero hacer un llamamiento a las personas que han tenido experiencias con este Centro y que las aporten a través de comentarios. 

   Marisa Campos Gutiérrez. Esquizomadre nikosiana"

  

domingo, 17 de febrero de 2013

Cursos, discursos y recursos

  Desde que me muestro progresiva y públicamente como loca, me parece raro recordar un sólo día en el que no haya reflexionado, de alguna forma, sobre lo que este hecho significa. Las reflexiones derivadas son, como mínimo, amplias, y como máximo, variopintas. ¿Cómo máximo? A ver que me explico:

  Peleo desde hace tres años, en este blog primero, y allí donde se me permite después, por un discurso que se enfrente (que se ponga enfrente) a aquellos que, sin considerarme del todo persona, sobreentienden de mi, por el hecho de haber recibido un diagnóstico psiquiátrico, una serie de cosas con las que no estoy de acuerdo en absoluto. Entre ellas, que necesito tutela, que decidan por mi, que me adhiera al tratamiento como mantra, que puedo ser un peligro para mi misma o para los demás, que no soy lógica, o coherente, que mis "síntomas" son crónicos, y que mi lugar en la sociedad es marginal, silencioso a ser posible, oculto. Sobreentienden también que ciertos estudios que algunas personas han realizado, en connivencia con una buena parte de la sociedad, les AUTORIZAN a sobreentender, y actuar en consecuencia.

  Aquellos que sobreentienden tales cosas no son ni siquiera una mayoría de personas que han realizado tales estudios (lo cual, por otra parte, a muchxs no les impide que, aún no creyéndolo del todo, actúen como si en realidad sí lo creyesen). De todxs esas personas que terminaron su licenciatura de psiquiatría, algunxs tienen la suficiente lucidez y capacidad como para querer escuchar otro discurso, este otro discurso. Llámese de igualdad ante la ley, de igualdad de oportunidades, de dignidad, o de derechos humanos, escuchar este discurso y dejar que te atraviese, que te cale, que te llegue como persona además de como profesional, implica ceder una parte de la autoridad que te ha sido concedida, implica reorganizar tus responsabilidades como ¿médico? en el conjunto de tus responsabilidades como ciudadano, como sujeto de derechos que disfruta y que, justamente, permite disfrutar a otrxs. También implica reorganizar tus responsabilidades para compartirlas y re-partirlas con aquellxs SOBRE las que se dirigían de forma unilateral. Como parte de un proyecto colectivo que va más allá, mucho más allá, del día a día en el lugar de trabajo, pero que también atraviesa ese lugar de trabajo, con más razón si pensamos que es ahí, más que en cualquier otro sitio, donde nos encontramos los unxs con los otrxs, donde los discursos se enfrentan, o se acercan, y donde hace falta muchísimo más que una autoridad unidireccional para seguir construyendo ese proyecto.

  Proyecto que, por otra parte, no es tanto una invención o sueño imposible mío, como una Convención Internacional de Derechos Humanos (esta misma, por ejemplo), y que suena solemne porque lo es, o porque debería serlo. Pensar que por el hecho de que exista va a respetarse es tan ingenuo como obvio, por otra parte, y es que ya nos vamos acostumbrando a que lo obvio nos parezca, como mínimo, ingenuo y utópico. Pero creo que hay esperanza, sólo si entendemos su cumplimiento como una tarea de todxs, y su existencia como un punto de partida, más que como un punto de llegada. Así nos quejaremos menos y trabajaremos más (esto es un chiste... o no)

  Visto así, más vale arremangarse. porque quejarse del estado porque no pone los recursos es sólo una parte del asunto, necesaria por supuesto, pero solo una parte. Hay días en que me despierto pensando que el estado no existe (como garante de nuestros derechos, quiero decir), otras que el estado somxs todxs, y que por eso mismo, a veces funciona bien, y otras es una mierda. Eso que llaman esquizofrenia me ha enseñado a no quedarme nunca con una sóla interpretación, por si acaso. Así que quejarse, repito, es sólo una parte. La otra es hacer que exista, que se adelante a las leyes que han de modificarse para que exista del todo en el plano legal, porque somos mucho más que las leyes que rigen nuestra sociedad, que por cierto no siempre parecen sociales, sino más bien destinadas a aniquilarnos como grupo, si como grupo entendemos ponernos de acuerdo para mejorar nuestras condiciones de vida, y las de los demás.

  La parte que me toca en este embrollo es escribir sobre el embrollo, usar todos los altavoces que tenga, que me presten, o que me invente, para esto. También me toca vivir como si realmente tuviese derechos, dejando para otrxs (si se animan a mostrarse como carentes absolutos de ética), el recordarme o hacerme ver que no los tengo, o no del todo. Me toca incluso preferir la compañía de aquellxs que piensan como yo, porque lxs que piensan lo contrario no me dan muy buena espina, (otra cosa que me aporta eso que llaman esquizofrenia es el dejarme llevar por la intuición, sobre todo cuando parecemos movernos en una eterna selva peligrosa). Y al preferir estas compañías, los alta-voces se multiplican como pájaros en época migratoria. Y lo que parecía imposible, empieza a no serlo tanto.

domingo, 10 de febrero de 2013

Esquizofobia


Esquizofobia: "Dícese del trastorno cuya manifestación más evidente es el miedo paranoico hacia las personas que sufren, o han sufrido, algún tipo de paranoia". Expertos en psicopatología afirman estar muy impresionados con el descubrimiento de esta nueva y extraña fobia, detectada por el colectivo PTV (paranoicos de toda la vida), cuyos miembros se encuentran a menudo cautivos de una confusión insólita entre locura, cordura y loquer@s.

 PTV envía el siguiente manifiesto, que difundo:

 MANIFIESTO

Si nosotros, últimos monos de la pirámide social, pocas veces invitados a las fiestas de la democracia, decidimos manifestarnos, no les quepa duda de que la manifestación será clínica. De momento. Clínicamente reportamos la existencia (comprobable por observación empírica y continuada, según métodos cualitativos de última generación), de un extraño fenómeno psicosocial: La reacción paranoica a la paranoia. Creemos que puede ser un esperanzador caso de empatía, una modalidad desconocida hasta ahora de ponerse en la piel del otro. Comprobamos en el sedado transcurrir de nuestras vidas interiores que la empatía es escasa, y por tanto patológica. Puesto que nos resulta difícil dejar de aspirar a que las personas humanas lleguen a comprendernos, todo aquello que tenga que ver con la empatía nos agrada.

Es por eso que anunciamos públicamente el descubrimiento de este trastorno, con júbilo y felicidad de saber que, en el fondo, el estigma no existe, sería absurdo seguir creyendo en él sabiendo como sabemos ahora que el mundo se divide entre esquizofrénicos y esquizofóbicos, no entrando a permitir que minuciosos análisis epistémico-sintomatológicos nos enzarcen en estériles discusiones sobre quién es más esquizo. Por ahí sí que no, no presumiremos de competitivos. Faltaría más.

FDO: PTV (Paranoicos de Toda la Vida)

Reflexión personal: se aprende un montón durante las paranoias. Mientras los demás andan a sus cosas, tú estás preparándote mentalmente para todo tipo de catástrofes (entre otras vivencias varias), viviéndolas en dosis homeopática en el plano de lo tangible, pero en sobredosis en el plano de lo posible. La idea es que, si se materializan, de alguna forma ya estás de vuelta, quedándote el consuelo de poder decir aquello de "ya lo decía yo, ¿ves como era cierto?" Los paranoicos de toda la vida tenemos un cierto don adivinatorio, que no tiene ciencia ni misterio alguno. Consiste en tener muy presente aquello de que la Historia se repite, con lo que cualquier asunto turbio que ya haya sucedido, puede volver a suceder, y te puede pasar a ti. La memoria histórica de nuestro colectivo no da para muchas alegrías.  Con este esquema simple, problematizamos la realidad de forma tirando a compleja, pues nunca estamos del todo seguros de cuál es la información más relevante, cuando todo parece serlo. Ahora bien, no es cierto que tengamos varias personalidades, ni que nos sobrevenga amnesia después de un viaje, eso son chorradas peliculeras.

jueves, 31 de enero de 2013

R. D. Laing, of course (Documental)

Atención a este documental:

 Asylum, documental dirigido por Peter Robinson en 1972

"La película resultante, Asylum, registra su estadía de siete semanas en la controversial Comunidad Archway, fundada por el psiquiatra radical R. D. Laing: una casa-asilo en Londres que es literalmente dirigida por los pacientes. La convicción de Laing de que los esquizofrénicos sólo pueden curar su destrozado "yo" donde sean libres y todavía responsables de sus acciones, retó a pacientes, doctores y, en este increíble documento, al equipo de filmación, a vivir comunitaria y pacíficamente." [The New York Times]"

Documental

sábado, 26 de enero de 2013

Delirios cognitivos

    Delirar, lo que se dice delirar, ya hace tiempo que no. Como siempre, el estudio me mantiene en el lado de aquí, pero el estudio no es inocente ni inofensivo. La pelea de la mente consigo misma, y con las otras, para ordenar las ideas que tan fácil salen en las conversaciones de licor café es tan estimulante como agotadora. Hay que citar a gente seria, y leer sus trabajos, claro, buscar en el océano de cabezas pensantes aquella de la que más amiga te puedes hacer, aquella con la que tendrías conversaciones interminables. Y luego, además, ser crítica con ella, traerla a lo contemporáneo cuando está muerta, devolverle la vida y ponerle  al día de lo que pasó desde que se fue. Algo así.

  Mola cuando te asalta con nocturnidad y alevosía, para llevarte la cabeza de marcha cuando menos te lo esperas. "Pero...¿ahora? Si mañana tengo que madrugar..." O al revés, cuando la esperas y no viene, y en su lugar viene una sensación pesada y circular de estar borracha de conceptos desordenados, y te dan ganas de salir corriendo y gritar "¡¡¡¿Quién me mandaría meterme en esto?!!!" Hoy es uno de esos días, me apunto a la borrachera clásica, que es sábado y ya son horas. Salud.

 En conjunto mola, lo recomiendo mucho, no hay quién se aburra.

domingo, 20 de enero de 2013

Bioética para loc@s

     Más allá del concepto más que controvertido de enfermedad, cuando se habla del mundo de la mente, la locura y el sufrimiento psíquico, emocional, o simplemente existencial, la palabra cuidados adquiere vida propia. ¿qué significa cuidar a una persona cuyas percepciones o interpretaciones de la realidad están lejos de coincidir con las de su círculo más cercano? ¿Cómo entender y ayudar a alguien  a quién queremos, cuando le vemos encerrada en si misma, pensando en el suicidio, autolesionándose, o emitiendo un discurso aparentemente sin sentido alguno?

  En bioética, los principios fundamentales son estos:

 - Autonomía:  Es la capacidad de las personas de deliberar sobre sus
finalidades personales y de actuar bajo  la dirección de las decisiones que
pueda tomar. Todos los individuos deben ser tratados como seres autónomos y
las personas que tienen la autonomía mermada tienen derecho a la protección

 - Beneficencia: “Hacer el bien”, la obligación moral de actuar en beneficio de los
demás. Curar el daño y promover el bien  o el bienestar. Es un principio de
ámbito privado y su no-cumplimiento no está penado legalmente.

 - No-maleficencia: Es el  primum non nocere. No producir daño y prevenirlo.
Incluye no matar, no provocar dolor ni sufrimiento, no producir incapacidades.
No hacer daño. Es un principio de ámbito público y su incumplimiento está
penado por la ley.

 - Justicia: Equidad en la distribución de cargas y beneficios.  El criterio para
saber si una actuación es o no ética, desde el punto de vista de la justicia, es
valorar si la actuación es equitativa. Debe ser posible para todos aquellos que
la necesiten. Incluye el rechazo a la  discriminación por cualquier motivo. Es
también un principio de carácter público y legislado.

  Sin ser del todo conscientes, los dilemas bioéticos se nos presentan, a las personas diagnosticadas y a nuestras personas queridas, con bastante frecuencia. Cada vez que alguien mínimamente informado sospecha que otra persona puede estar delirando, la tendencia a ponerla en manos de un psiquiatra (¿beneficencia?) choca frontalmente con las consecuencias para la vida de esa persona que tendrá esa acción, consecuencias como el diagnóstico, la medicación, las profecías de cronicidad, los posibles malos tratos en el hospital en forma de contenciones mecánicas, medicación forzosa, alienación, falta de comprensión a su proceso delirante (lo primero... ¿no hacer daño?).

Es triste pensar que el dilema anterior se produce sólamente porque sabemos que, en tal hospital, no se va a respetar otro de los principios, el da la autonomía. Me paro a reflexionar sobre una de las frases de la explicación de este principio: "Todos los individuos deben ser tratados como seres autónomos y
las personas que tienen la autonomía mermada tienen derecho a la protección"

Autonomía mermada...: A menudo, y según la ideología más o menos biologicista del psiquiatra de turno, o más o menos libertaria en cuanto al peso relativo de la balanza riesgo-seguridad (como diría el psiquiatra Guillermo Rendueles, o más recientemente, el psicólogo Rufus May) el concepto de autonomía mermada va ligado a un determinado diagnóstico. Para los psiquiatras biologicistas, la mera "existencia" ("sentencia" sería más preciso) de determinados diagnósticos supone, como por arte de la magia nombradora, una merma automática de la autonomía. Así, la autonomía, y con ella el derecho de esa persona a que se le respete ese principio, queda fuera de cuestión, pasando a aplicarse, como sustituto, el principio de la protección.

Protección....: Como acabo de decir, la protección es el pariente pobre de la autonomía, en cuestiones de justicia. Allí donde no eres plenamente humano, plenamente individuo, plenamente sujeto según los principios liberales, allí estará quien sí lo es (El psiquiatra, el juez, el estado...para protegerte, para desposeerte de tu autonomía por una buena causa) La protección es, pues, la legalización del paternalismo, ese enemigo secular de la autonomía. Que se lo digan a las mujeres, a los niños, a las personas de piel no clara a lo largo de la historia, y por supuesto, a nosotras, las locas.

Ahora bien, ¿no choca la protección con el principio de Justicia? Este principio de la justicia incluye "el rechazo a la discriminación por cualquier motivo". Y hablando de justicia...y de leyes...¿no hay una Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 2006) vinculante, que establece el principio de no-discriminación y de igualdad ante la ley? Esta Convención equipara en derechos a las personas con y sin discapacidad, así como a las personas con discapacidad entre sí, independientemente del tipo de discapacidad (física, psíquica, sensorial...)

Así que me pregunto, ¿en qué medida afecta esta Convención a los presentes y futuros dilemas bioéticos en salud mental? Como detalle complementario, unos párrafos del informe de la ONU dedicado a la observancia y cumplimiento de esta Convención en España (Comité para España, Conclusiones)

   "Preocupa al Comité que no se hayan tomado medidas para reemplazar la sustitución en la adopción de decisiones por la asistencia para la toma de decisiones en el ejercicio de la capacidad jurídica.

      34. El Comité recomienda al Estado parte que revise las leyes que regulan la guarda y la tutela y que tome medidas para adoptar leyes y políticas por las que se reemplacen los regímenes de sustitución en la adopción de decisiones por una asistencia para la toma de decisiones que respete la autonomía, la voluntad y las preferencias de la persona. Se recomienda, además, que se proporcione formación sobre esta cuestión a todos los funcionarios públicos y otros interesados pertinentes.

Libertad y seguridad de la persona (artículo 14)

35. El Comité toma nota del régimen jurídico que permite el internamiento de las personas con discapacidad, incluidas las personas con discapacidad intelectual y psicosocial ("enfermedad mental"), en establecimientos especiales. Le preocupa que, según se informa, se tienda a recurrir a medidas urgentes de internamiento que contienen solo salvaguardias ex post facto para las personas afectadas. Le inquietan igualmente los malos tratos de que, según se informa, son objeto las personas con discapacidad internadas en centros residenciales o en hospitales psiquiátricos.

36. El Comité recomienda al Estado parte que revise sus disposiciones legislativas que autorizan la privación de libertad por motivos de discapacidad, incluidas las discapacidades mentales, psicológicas o intelectuales; que derogue las disposiciones que autorizan el internamiento forzoso a causa de una incapacidad manifiesta o diagnosticada, y que adopte medidas para que los servicios médicos, incluyendo todos los servicios relacionados con la salud mental, se basen en el consentimiento otorgado con conocimiento de causa por el interesado."


 

domingo, 6 de enero de 2013

Elecciones

O me quedo como estoy o cambio. Esa es la cuestión. ¿Esa es la cuestión? El problema es que la disyuntiva es falsa, ambas opciones son imposibles hasta cierto punto. Habría que matizar, pero es demasiado complejo. Sería una historia de vida, llevará años encontrarme. Pero se mueve, y es importante. Voy a volver a Deleuze, entre otros planes inmediatos (ahí me había quedado cuando todo empezó) La revolución no está en ningún sitio ni tiempo concreto, se lleva puesta aunque los retrocesos duelan. Hoy tocó pastilla para dormir, que todos los males sean esos, y mañana ya veremos. Buenas noches.