domingo, 29 de enero de 2012

Salud mental y libertad de expresión

Estoy enfadada. Hoy me han acusado de coacción, vía telefónica, y me han dicho que "firmemente esto se tiene que acabar". ¿Queréis saber de qué iba la película?

La acusadora es una madre.
El "coaccionado" es su hijo, amigo mío, con diagnóstico de esquizofrenia.

Las tácticas de coacción, que es lo que se tiene que acabar, según ella, consisten en:

- Hablar abiertamente de mi diagnóstico.
- Hablar abiertamente de mi forma de llevarlo.
- Criticar el modelo biologicista con argumentos de modelos más enfocados en aspectos socioculturales y basados en el empoderamiento.
- Querer hacer un programa de radio.
- Contar mi proyecto de programa de radio.
- Quedar para intentar hacer el programa de radio.
- Llamar para poder quedar.



Bueeeeno, pues entonces ahora me ha entrado la prisa por hacer ese programa de radio, viendo la falta que hace para evitar este tipo de acosos intimidatorios. No hay mal que por bien no venga. Me quedé con ganas de charlar de tantas cosas...

miércoles, 25 de enero de 2012

Empoderamiento para usuarios de salud mental (OMS Europa)

Lectura recomendada para todo dios (humanos incluídos)
Se recomienda, además, interiorizar el contenido, por si acaso.


http://www.msps.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/Declaracion_Empoderamiento_OMS.pdf

sábado, 21 de enero de 2012

Paranoias cool

Hace unas décadas, unas cuantas, la paranoia más estereotipada era creerse Napoleón. El colmo de la megalomanía, que es un tipo de paranoia, entre tantas otras. Sin embargo, hoy en día creerse Napoleón es de locos, hasta para los locos. Lo que se lleva ahora son los espionajes panópticos, que dicho en corto viene siendo "Me vigilan", ya un poco más angustioso "Controlan mi pensamiento". Eso para la gente más o menos atea, más o menos sensible a manipulaciones mediáticas y conspiranoias de diversos estilos. En cuanto a la gente religiosa, con ellos me pierdo, no puedorr. Sus argumentos delirantes me resultan jeroglíficos indescifrables, escritos en otro idioma. Supongo que tiene que ver con la imagen de la trascendencia y de lo Otro que explica lo uno, o lo poco uno que nos sentimos en determinados momentos. Entonces, lo mejor es "ZAS", algo que explique por qué no acabo de ser, por qué no acabo de ser libre, el existencialismo hecho puré por obra y gracia de dios, vete tú a saber cuál de ellos, que haberlos haylos para todos los gustos.

Paranoias cool, ¿moda en paranoias? no puede ser, oiga, eso de lo cool es algo social, mutable, dependiente de cambios ambientales...en cambio la realidad delirante o paranoica es una, grande, y biológica, muy biológica. Tiene que ver con sustancias autónomas, determinadas fisiológicamente, sin conexión alguna con la realidad social, tratables con pastillas axiológicamente neutras y científicamene comprobadas. Déjese de locuras y no hable de lo que no sabe. Ya, bueno, pero es que de paranoias, precisamente, algo sé, ya me gustaría no haber sabido ¿eh? no se crea, tampoco es como para estar orgullosa, pero bueno...ya que toca, vamos a ver si aprendemos algo¿no?

Napoleón, pues sí que estamos bien... a día de hoy, creerse Napoleón debería ser como un diagnóstico aparte, por desfasado. ¿Paranoia anticuaria? ¿Megalomanía anacrónica? Donde esté un buen gorro de aluminio para protegerse de los extraterrestres, que se quiten los libros de Historia. Si total, lo peor de la historia es que, se mire desde el punto de visto paranoico o desde el otro (¿académico?), sólo sirve para aquello contrario al motivo por el que nos invitan a estudiarla, para repetirla. Contra eso, todavía habrá a quien le extrañe lo del gorro de aluminio. Al fin y al cabo, una invasión extraterrestre no deja de ser una novedad en este páramo, una fantasía de algo nuevo, aunque no se sepa muy bien si es bueno conocido, o malo por conocer...lo de por aquí tampoco inspira mucho, que digamos.

Seguiremos al tanto de novedades en delirio, se agradecen aportaciones y actualizaciones.

domingo, 8 de enero de 2012

Construyendo significados

Que la psicosis es metáfora lo sabe todo el mundo. Que la gente anda fatal en literatura es un lamento antiguo, una queja típica de intelectual quejoso. Que se sepa leer tan bien un viaje psicótico como un libro de Dostoievski es una utopía como otra cualquiera. ¿Y si la psicosis fuese el Dostoievski de hoy en día? ¿La persona buscándose en las palabras y los hechos, en el espejo de los otros? ¿Con todas sus identidades en atropello? ¿atropello cubista?

A lo mejor es tiempo de mirar más lo performático, lo que se hace al decirse,lo que sucede y se hace mientras sucede, una sola vez aquí y ahora, sin enlatar, sin emisión en diferido, sin soporte material ni virtual, o con todos a la vez, como meras herramientas de composición. No hablo del loco creativo, no hablo de los productos plásticos, literarios o musicales del loco, o de la loca. Hablo del estar de viaje como viaje al que asomarse con asombro, con ese todo por aprender que empieza cuando se detiene la urgencia "médica" de reducir. Porque la urgencia, cuando se entiende como médica, atropella el significado, todo significado se entrega a la ciencia, dejando las humanidades acomplejadas con el culo al aire, acongojadas en la sala de espera, decididas a decir a todo que sí por educación y desconocimiento, con más motivo por hallarse en casa ajena.

Shakespeare ya hablaba de héroes y villanos ocultos en cada personaje, como posibilidad siempre acechante de cada uno, con la tensión dramática perfecta de no saber quién era quién hasta el final, de no saber si ser o no ser por más sangre real que se tuviese. Y no eran locos los personajes de Shakespeare, no hacía ninguna falta. El loco de ahora es la nostalgia de cualquier personaje suyo. Se nos llama imprevisibles como defecto, asumiendo por demás que lo correctísimo es estar socialmente preparado para no dar sorpresas, excepto en cumpleaños, citas románticas y fiestas de guardar (el bolso a buen recaudo, que con la borrachera ya se sabe). Se nos llama raros cuando es una redundancia, ¿quién se definiría a sí mismo como normal y previsible, sin cierto tono de hastío impotente en el decir? ¿quién diría eso de sí mismo sin nostalgia y con orgullo, fuera del puesto de trabajo y del perosnaje que toca asumir en él? No conozco a nadie.

Me acuerdo ahora del título de un libro de Erich Fromm, El miedo a la libertad, que no he leído, pero que da para pensar sobre este tema. ¿Tienen ellos miedo a nuestra libertad? Qué solemne tontería. ¿Acaso se puede ser libre con esta carga? ¿Cargando sobre los hombros la metáfora, permanentemente acechada por la ciencia de los números? Número de pastillas, número de habitación, número de días de hospitalización, número de pacientes por día...

La metáfora se queda huérfana cuando nadie la interpreta, o peor aún, cuando se dicta una interpretación oficial, externa, ignorante, consensuada, única. Cuando se roba impunemente, y con cómplices. De eso van las conspiraciones: todo el mundo habla de mí, nadie habla conmigo, nadie me escucha si no es con esos filtros que detecto enseguida: paternalismo, miedo, desesperanza, incredulidad.

En la metáfora que se va haciendo buscamos constantemente héroes amables, héroes de la escucha, al tiempo que nos protegemos de los villanos que surgen en el camino inhóspito que durante días transitamos sin comprender del todo lo que siempre ha estado ahí, o buscando comprenderlo de otra forma porque estamos de otra forma. Nosotros cambiamos a las personas sobre la marcha ¿nosotros? ¿quiénes somos nosotros? ¿quiénes son ellos? ¿por qué es todo tan difícil de repente? ¿por qué no me fío de quien me ofrece ayuda? ¿qué clase de ayuda? ¿para qué exactamente? y sobre todo, ¿en qué consiste? ¿cómo es el proceso de esa ayuda que se me ofrece? ¿quién lo dirige? ¿quién lo paga? ¿a quién se entregan los informes sobre resultados?

Yo sólo quería comprender, atravesar esa metáfora que era como niebla, sabiendo que no hay niebla que cien años dure. Y salir airosa de la prueba, como en los libros de aventuras, como en las películas donde ganan los buenos, como en las historias románticas en las que las dificultades tienen recompensa. ¿No eran esas las metáforas con las que crecí? ¿No son esas las historias que el mundo siempre cuenta, hasta el hastío? ¿una y otra y otra vez? ¿cuál es el problema? Que debes aprender a distinguir la realidad de la ficción, escucho a mi alrededor. ¡Mi metáfora es ficción y realidad al mismo tiempo!¡Lo sé perfectamente! ¿O acaso te crees que vivo en la ignorancia? ¿Es que nadie más se ha dado cuenta?

Psicosis sin medicación en Finlandia

Bueno, pues tampoco soy tan friki con mis teorías, la ciencia (finlandesa, de Laponia) me da la razón.

http://www.overstream.net/view.php?oid=lnthivt7n0aj

Siento no haber sabido compartirlo directamente. Es un trailer de seis minutos sobre un documental de más de media hora. Al final del trailer os dicen cómo verlo entero, y también andan los trozos por youtube, pero en inglés. Los subtítulos de esta versión son de nuestro amigo Antonio, a petición de unos cuantos y cuantas ignorantes en el inglis pitinglis. Espero que lo veáis con mucha atención, sobre todo los que no me creen.

jueves, 5 de enero de 2012

Poesía de aguacate

Un cuarto de queso blandito (4 euros)
Un aguacate (1,10 euros)
Un pan rico rico (1,50)

De aquí salen cuatro bocadillos, cada uno resuelve una cena ligera. 6,60 euros/4 bocadillos... sale a 1,50 cada uno. Sin carne, pero pringoso, y bastante fisno, casi gourmet. Para mayor abundancia en el despilfarro, se puede añadir aceite de oliva, o un tomate. Ahí ya pasamos a mayores, para un día especial. Que aproveche.

lunes, 2 de enero de 2012

Negra sombra

Cando penso que te fuches
negra sombra que me asombras
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa

Cando maxino que es ida
no mesmo sol te me amostras
i eres a estrela que brila
i eres o vento que zoa

Si cantan, es ti que cantas
si choran es ti que choras
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora

En todo estás e ti es todo
pra min i en min mesma moras
nin me abandonarás nunca
sombra que sempre me asombras

Rosalía de Castro, Follas Novas, 1880


Negra sombra que siempre me asombras, ni objeto ni ausencia, gracias por todo lo que de ti siempre aprendo, aún cuando consigo olvidarte. O cuando me preocupas como la sombra de otra, a la que también te muestras sin nada que pueda hacer para evitarlo. Negra sombra compañera, quién te encontrara sólo cuando haces falta y no dueles. Quién supiera leerte sin angustia sobrevenida, sólo como poema y estrella. Sólo como murmullo de adivinanzas, libre como la mente que no es cuerpo, ni puede dejar de serlo.