Como bien afirmó Deleuze en Capitalismo y Esquizofrenia, una característica de la deriva esquizo es que se resiste a la "edipización", esto es, a la reducción del tinglado mental a un asunto familiar. Así pues, la familia esquizógena, como cuna e inspiración de los viajes mentales, a tomar viento fresco.
Algo de eso hay, si es que es cierto que el viaje comienza, para muchos viajeros, al filo de la adolescencia, lugar temporal de lo que se conoce comunmente como ver mundo y empezar a tropezar con el mismísimo. Amores, amistades, cositas pa probar (no precisamente en familia), granos, cuerpos mutantes, tribus urbanas, acampadas, mami los ojos rojos son de estudiar, noches en blanco para salvar alguna asignatura, otra vez noches en blanco para las que no se salvaron, noches en blanco de festivales, noches en blanco estudiando el kamasutra... y ya se sabe que la unión de muchos estímulos y poco sueño...hacer flotar un poco, a veces.
Ya puestos(es un decir), depende de con quién estés. Insisto en que no suele ser la familia la compañía más habitual en estos lances, que es donde se cuece la filosofía pura y dura (la de los libros es en diferido). Si la compañía es solidaria, se puede experimentar mucho con cierto control del riesgo (alguien que te lleve a casa, que te diga que te estás pasando un pelo, o que vea también bob esponjas en lugar de nubes corrientes y molientes). Si dos personas ven bob esponjas a la vez, es complicado hablar de paranoias y no de cachondeo autoinducido. Es broma.
Todos somos diferentes, y algunos más diferentes que otros. Se puede flipar por presencia de todo lo que acabo de narrar, o por ausencia: de amigos, de fiestas, de amores, de familia, de posibilidades de estudiar, de posibilidades de trabajar... (volvemos a este triste espacio temporal). Se puede flipar por compañías no gratas, que generan desconfianza, por no hablar de cosas peores. En estos casos la caja de los truenos y terrores puede abrirse a hostias, desatando una explosión de terrores reales y ficticios. A los primeros les llamarán problemas, a los segundos, esquizofrenia. Si los terrores ficticios cobran surrealista apariencia de realidad (me está pasando, me va a pasar, escucho voces, todos están confabulados, no hay escapatoria), es probable que sucedan cosas desagradables. Quizá comparecer ante un psiquiatra no sea, de buenas a primeras, de las peores opciones, si bien tiene el riesgo de que lo incluyamos dentro, y no fuera, de la conspiración. Esa es la causa número uno de la incomunicación con el psiquiatra, de la negativa a hablar, del repliegue ensimismado y temeroso que caracteriza a muchas personas en su primer brote psicótico.
(Nadie puede ayudarme porque nadie está conmigo).
Y es que el riesgo de percibir un encierro psiquiátrico como un campo de concentración, y al psiquiatra como un frío y exigente interrogador forma parte muchas veces del argumento coherente de la psicosis, que crea un mundo paralelo, a modo de dimensión cuántica, absolutamente hostil. ¿Disminuirr la percepción de hostilidad? Complicado, pero no imposible. Hace falta algo más que una licenciatura en psiquiatría, y algo más también que una dosis de antipsicóticos. Recuerdo perfectamente que mi remisión de la primera y más fuerte psicosis, llevando ya tres días medicada y hospitalizada, fue un fogonazo, un antes y un después simbólico, un nombre de un hospital bordado en una bata, el hospital de mi ciudad, el de toda la vida, un chispazo de confianza, de familiaridad suficiente para que yo misma me asumiera, momentáneamente, como sobreviviente a una pesadilla mental.( En aquel momento no hizo falta que nadie pronunciase ninguna palabra mágica, que nadie mencionase ninguna palabra técnica, todo eso vino después, y yo estaba ya perfectamente receptiva para comprenderlo).
Todos somos diferentes, incluso de nosotros mismos según va pasando el tiempo. El fogonazo que funciona con una, no funciona con otro, o no funciona conmigo en otra ocasión. Pero la búsqueda del fogonazo ha de estar, en nosotros y/o en el entorno, da igual quien llegue antes, todos ganan.(Esta reflexión me vino con la lectura del estupendo artículo que publicó esta semana el estupendo blog "Sobre esquizofrenies y altres trastornes", cito de memoria el nombre del blog y pido perdón por los errores en catalán)
Luego, todo es memoria, memoria perceptiva, entre otras muchas. Memoria selectiva también. Memoria de lo aprendido, de lo practicado, memoria del amor y memoria del miedo también. Memoria del inconsciente para transitar el miedo, y memoria del consciente para salir de él (No estoy en guerra del todo con el psicoanálisis, aunque me guste leer a Deleuze). Con la memoria, queda explicada la repetición de los episopdios, y también su no repetición (la memoria es caprichosa). Queda explicada la repetición, pero no su frecuencia, ni sus argumentos. La genética tampoco puede hacerlo, ni podrá. Sin medicación en los últimos diez años, queda explicada la ausencia de agarrotamiento muscular, de anhedonia, de disquinesia, de embotamiento emocional e intelectual (bueno, esto último es discutible, como todo por otra parte).
Esquizoanálisis: El mundo es complejo y caótico, por más que se empeñen en darle apariencia de orden (¿la letra con sangre entra?). La capacidad y variedad humanas para aprenhender(nos)lo, y aprender(nos)lo, es ilimitada, pero la vida no, lo que provoca una mezcla de vértigo y prisa en unos casos, de parálisis en otros. Lo que viene siendo una angustia difusa, descodificada y desterritorializada le pese a quien le pese (psiquiatras incluídos), contra la que sólo queda una voluntad de evasión que debe ser tan férrea como constante, misión imposible. Así que, cuando ataca, ataca al gusto del consumidor. Consumidores de depresión, de delirios, de pastillas, de otras pastillas, de parejas, de religiones...
Amistad, alegría, autonomía. La tarea y vocación primera de todo profesional de lo que se llama ahora salud mental (como a la guerra se le llama paz), si realmente es esa, ahora sin ironía, la aspiración profesional, la de aliviar el sufrimiento de saber que nos morimos, debería empezar por estudiar, con muchas clases prácticas, la manera de potenciar esas tres As, verdaderos ases de la evasión necesaria, aunque nunca suficiente.
martes, 10 de mayo de 2011
jueves, 5 de mayo de 2011
Autogestionando las voces
¿Sabíais que hay grupos internacionales de escuchadores de voces, como grupos de autoapoyo? Yo me acabo de enterar, y me alegro muchísimo.
http://primeravocal.org/?p=139
http://primeravocal.org/?p=139
miércoles, 4 de mayo de 2011
Guillermo Rendueles, otra vez.
Entrevista de este año 2011 al psiquiatra Guillermo Rendueles.
Antipsiquiatría, manicomios, fármacos, cárceles, vínculos sociales, ética del egoísmo, grupos de autoapoyo, drogas, creación del DSM, fibromialgia.... no se le olvida nada. Tan larga como interesante.
http://www.vientosur.info/documentos/El_estado_de_malestar.pdf
Antipsiquiatría, manicomios, fármacos, cárceles, vínculos sociales, ética del egoísmo, grupos de autoapoyo, drogas, creación del DSM, fibromialgia.... no se le olvida nada. Tan larga como interesante.
http://www.vientosur.info/documentos/El_estado_de_malestar.pdf
martes, 3 de mayo de 2011
Capitalismo y Esquizofrenia
Fragmento de una entrevista a Gilles Deleuze (filósofo) y Félix Guatari (psicoanalista), coautores de Capitalismo y Esquizofrenia
(me da que su sentido del humor está muy infravalorado)
G. D.- F. G.- Sí, una escuela de esquizofrenia sería una buena idea. Liberar los flujos, ir siempre un poco más lejos en el artificio: el esquizo es el que está descodificado, desterritorializado. Dicho esto, no se nos puede responsabilizar de los disparates: siempre hay gente dispuesta a esgrimirlos (véanse los ataque contra Laing y la anti-psiquiatría), Hace poco se publicó en el Observateur un artículo cuyo autor (un psiquiatra) decía: doy muestras de mi valor al denunciar las corrientes modernas de la psiquiatría y la antipsiquiatría. Nada de eso. Lo que él hacía más bien era escoger el momento adecuado en el que la reacción política se atrinchera contra toda tentativa de cambio en el hospital psiquiátrico y la industria del medicamento, Siempre hay una política tras los disparates. Nosotros planteamos un problema muy sencillo, similar al de Burroughs frente a la droga: ¿se puede alcanzar la potencia de las drogas sin drogarse, sin autoproducirse como un loco drogado? Con la esquizofrenia pasa lo mismo. Por nuestra parte, diferenciamos, de un lado, la esquizofrenia como proceso y, de otro, la producción del esquizofrénico como entidad clínica apropiada al hospital: ambos están en proporción inversa, El esquizofrénico del hospital es alguien que ha intentado algo y ha fracasado, que se ha derrumbado. No decimos que el revolucionario sea esquizofrénico. Decimos que hay un proceso esquizofrénico de descodificación y desterritorialización cuya conversión en producción de esquizofrenia clínica sólo puede ser evitada por la actividad revolucionaria, Planteamos un problema que concierne a la estrecha relación que existe entre el capitalismo y el psicoanálisis, por una parte, y entre los movimientos revolucionarios y el esquizoanálisis, por otra. Paranoia capitalista y esquizofrenia revolucionaria, por así decirlo, pero no en el sentido psiquiátrico de estos términos sino, al contrario, a partir de sus determinaciones sociales y políticas, de las que sólo bajo ciertas condiciones se deriva su aplicación psiquiátrica. El esquizoanálisis tiene un solo objetivo, que la máquina revolucionaria, la máquina artística y la máquina analítica se conviertan en piezas y engranajes unas de otras. Si, una vez más, consideramos el caso del delirio, nos parece que tiene dos polos, un polo paranoico fascista y un polo esquizo-revolucionario. No deja de oscilar entre ambos polos. Esto es lo que nos interesa: la esquizia revolucionaria por contraposición al significante despótico. Por otra parte, no merece la pena contestar de antemano a los disparates, ya que son imprevisibles, como tampoco la merece luchar contra ellos cuando se producen. Es mejor hacer otras cosas, trabajar con quienes van en el mismo sentido. En cuanto a la responsabilidad o la irresponsabilidad, nada sabemos de tales nociones: se las dejamos a la policía y a los psiquiatras de los tribunales.
http://www.nodo50.org/dado/textosteoria/deleuze.rtf. (texto extraído del excelente blog Una vista propia)
(me da que su sentido del humor está muy infravalorado)
G. D.- F. G.- Sí, una escuela de esquizofrenia sería una buena idea. Liberar los flujos, ir siempre un poco más lejos en el artificio: el esquizo es el que está descodificado, desterritorializado. Dicho esto, no se nos puede responsabilizar de los disparates: siempre hay gente dispuesta a esgrimirlos (véanse los ataque contra Laing y la anti-psiquiatría), Hace poco se publicó en el Observateur un artículo cuyo autor (un psiquiatra) decía: doy muestras de mi valor al denunciar las corrientes modernas de la psiquiatría y la antipsiquiatría. Nada de eso. Lo que él hacía más bien era escoger el momento adecuado en el que la reacción política se atrinchera contra toda tentativa de cambio en el hospital psiquiátrico y la industria del medicamento, Siempre hay una política tras los disparates. Nosotros planteamos un problema muy sencillo, similar al de Burroughs frente a la droga: ¿se puede alcanzar la potencia de las drogas sin drogarse, sin autoproducirse como un loco drogado? Con la esquizofrenia pasa lo mismo. Por nuestra parte, diferenciamos, de un lado, la esquizofrenia como proceso y, de otro, la producción del esquizofrénico como entidad clínica apropiada al hospital: ambos están en proporción inversa, El esquizofrénico del hospital es alguien que ha intentado algo y ha fracasado, que se ha derrumbado. No decimos que el revolucionario sea esquizofrénico. Decimos que hay un proceso esquizofrénico de descodificación y desterritorialización cuya conversión en producción de esquizofrenia clínica sólo puede ser evitada por la actividad revolucionaria, Planteamos un problema que concierne a la estrecha relación que existe entre el capitalismo y el psicoanálisis, por una parte, y entre los movimientos revolucionarios y el esquizoanálisis, por otra. Paranoia capitalista y esquizofrenia revolucionaria, por así decirlo, pero no en el sentido psiquiátrico de estos términos sino, al contrario, a partir de sus determinaciones sociales y políticas, de las que sólo bajo ciertas condiciones se deriva su aplicación psiquiátrica. El esquizoanálisis tiene un solo objetivo, que la máquina revolucionaria, la máquina artística y la máquina analítica se conviertan en piezas y engranajes unas de otras. Si, una vez más, consideramos el caso del delirio, nos parece que tiene dos polos, un polo paranoico fascista y un polo esquizo-revolucionario. No deja de oscilar entre ambos polos. Esto es lo que nos interesa: la esquizia revolucionaria por contraposición al significante despótico. Por otra parte, no merece la pena contestar de antemano a los disparates, ya que son imprevisibles, como tampoco la merece luchar contra ellos cuando se producen. Es mejor hacer otras cosas, trabajar con quienes van en el mismo sentido. En cuanto a la responsabilidad o la irresponsabilidad, nada sabemos de tales nociones: se las dejamos a la policía y a los psiquiatras de los tribunales.
http://www.nodo50.org/dado/textosteoria/deleuze.rtf. (texto extraído del excelente blog Una vista propia)
Ravi Shankar
...a correr...
circulando lo que no ocurre
ocurriendo que es gerundio y esperando
recurrencias juguetonas
sin reverso
sed de ser sed
sin signo ni sentido ni horizonte
y sin embargo extendido
como línea y discontinua
alegría tanto más idiota cuanto más inexplicable
que sean las palabras capaces de tanto
de lado a costado de cada punteo
de cada dedo de cada toque de cada raga
de la estupidez abstracta (no se ofende la abstracción)
grande y pequeña en ofrecer consuelo y sin deseo
aparente, mente que piensa que no piensa,
coherente con medidas aquí tan desconocidas
chacras como chapoteos
y suspensión del tiempo
si tal cosa existe, el tiempo
que tardo en ponerle palabras como juegos
insolentes
bailes de tango del cuerpo con la mente
el sonido de una mano (primera aprensión de un Koan)
comentario definitivo al estructuralismo
todavía no sabemos si a favor o en contra
si es cierto que nos duele el corazón cuando nos duele la cabeza y viceversa
o que no hemos aprendido a beber agua y sólo la consumimos
si me paro a ver el mundo al lado de una fuente...
también puede suceder que todo se llene de flautas
y me quede dormida a la orilla del sueño
de esos que resuelven delirios y amenazas
como cuando escuché en directo al violinista Subramanian
y fue la mejor siesta del mundo.
Nada hay de realidad en esta página, nada que perturbe su viaje.
circulando lo que no ocurre
ocurriendo que es gerundio y esperando
recurrencias juguetonas
sin reverso
sed de ser sed
sin signo ni sentido ni horizonte
y sin embargo extendido
como línea y discontinua
alegría tanto más idiota cuanto más inexplicable
que sean las palabras capaces de tanto
de lado a costado de cada punteo
de cada dedo de cada toque de cada raga
de la estupidez abstracta (no se ofende la abstracción)
grande y pequeña en ofrecer consuelo y sin deseo
aparente, mente que piensa que no piensa,
coherente con medidas aquí tan desconocidas
chacras como chapoteos
y suspensión del tiempo
si tal cosa existe, el tiempo
que tardo en ponerle palabras como juegos
insolentes
bailes de tango del cuerpo con la mente
el sonido de una mano (primera aprensión de un Koan)
comentario definitivo al estructuralismo
todavía no sabemos si a favor o en contra
si es cierto que nos duele el corazón cuando nos duele la cabeza y viceversa
o que no hemos aprendido a beber agua y sólo la consumimos
si me paro a ver el mundo al lado de una fuente...
también puede suceder que todo se llene de flautas
y me quede dormida a la orilla del sueño
de esos que resuelven delirios y amenazas
como cuando escuché en directo al violinista Subramanian
y fue la mejor siesta del mundo.
Nada hay de realidad en esta página, nada que perturbe su viaje.
lunes, 2 de mayo de 2011
Memoria
Los delirios y psicosis se repiten por una cuestión de memoria perceptiva. La misma memoria que nos permite repetir la experiencia (aunque se active de forma inconsciente y aparentemente involuntaria), nos permite también identificarla como experiencia conocida.
La identificación de la repetición de la experiencia puede ser absolutamente paralizante si la contemplasmos como algo que nos "sobreviene", algo externo que viene a dañarnos, de lo que somos víctimas. Para esa consideración, la rama biologicista de la psiquiatría nos ofrece un gran alivio en forma de pastillas y desresponsabilización, si bien el precio que hay que pagar, así considerado, puede resultar, al menos para mí, ligeramente alto. Cada cual que pague en la medida de su conciencia de consumidor (de productos, de versiones, de visiones, de actuaciones).
En el momento en que, de una forma distinta, asumimos la repetición de tales experiencias en su dimensión de experiencia conocida por uno, y por lo tanto propia, se nos pone en la mano un timón, o un volante, una posibilidad de conducir. Otra cosa es que sepamos hacerlo, con la complicación añadida de que no hay autoescuelas.
Uno quiere viajar en su propio coche sin saber conducir. No hay autoescuelas, o no están homologadas. Lo más parecido es una agencia de viajes, digamos una consulta psiquiátrica:
- Buenos días
- Buenos días
- Querría hacer un buen viaje
- ¿A dónde desea ir?
- A buen puerto
- Tenemos varios vehículos a su disposición, unos más clásicos, otros de nueva generación, clase turista, clase "bisnes", especial tercera edad...
- Pero yo querría usar mi propio coche
- Ah, ¿sabe usted conducir?
- No, pero tengo coche y querría hacer un viaje, querría aprender a conducir
- Aquí no enseñamos a conducir
- ¿No es parte del viaje?
- Le repito que aquí no enseñamos a conducir, si quiere contratar uno de nuestros viajes organizados...
- No, sólo que pensé que podrían enseñarme a conducir mi propio coche, a hacer mi viaje, yo podría pagarles por ello...
- No es una cuestión de dinero...
- Ah ¿no? Entonces, ¿qué me aconseja?
- Vaya a una autoescuela
- No hay ninguna en esta ciudad, la más cercana está muy lejos, en otro país
- Pues váyase allí
- Pero ¿cómo voy?
- Contrate uno de nuestros viajes
- Me he fijado que no viajan allí, no es un destino turístico.
- Ah, pues será que no tenemos convenio.
- ¿Convenio?
- Relación comercial.
- Ah, vaya, ¿y entonces?
- Le repito que si quiere contratar uno de nuestro destinos...
- No, gracias.
- En ese caso buenos días.
- Eran mejores hace un rato.
(.....)
¿Y si me subo a un coche en un lugar tranquilo, poco peligroso, sin mucho tráfico, y voy probando, despacito, para qué sirven los mandos?
Así quizás sepas conducir, pero no tendrás el carnet.
Ah, el carnet...¿qué pasa si no tengo carnet?
Puede ser peligroso
¿Y deja de serlo con el carnet?
Con carnet o sin él, digamos que se puede aprender a conducir. No es difícil imaginar el mundo con pocos coches, cien años atrás, anterior a su regularización administrativa en forma de carnet. Ahora imaginemos un mundo lleno de coches, lleno de carnets, pero sin autoescuelas, ya no. No se sabe por qué, pero una tiene la memoria, la memoria de querer conducir, pese a todo.
La identificación de la repetición de la experiencia puede ser absolutamente paralizante si la contemplasmos como algo que nos "sobreviene", algo externo que viene a dañarnos, de lo que somos víctimas. Para esa consideración, la rama biologicista de la psiquiatría nos ofrece un gran alivio en forma de pastillas y desresponsabilización, si bien el precio que hay que pagar, así considerado, puede resultar, al menos para mí, ligeramente alto. Cada cual que pague en la medida de su conciencia de consumidor (de productos, de versiones, de visiones, de actuaciones).
En el momento en que, de una forma distinta, asumimos la repetición de tales experiencias en su dimensión de experiencia conocida por uno, y por lo tanto propia, se nos pone en la mano un timón, o un volante, una posibilidad de conducir. Otra cosa es que sepamos hacerlo, con la complicación añadida de que no hay autoescuelas.
Uno quiere viajar en su propio coche sin saber conducir. No hay autoescuelas, o no están homologadas. Lo más parecido es una agencia de viajes, digamos una consulta psiquiátrica:
- Buenos días
- Buenos días
- Querría hacer un buen viaje
- ¿A dónde desea ir?
- A buen puerto
- Tenemos varios vehículos a su disposición, unos más clásicos, otros de nueva generación, clase turista, clase "bisnes", especial tercera edad...
- Pero yo querría usar mi propio coche
- Ah, ¿sabe usted conducir?
- No, pero tengo coche y querría hacer un viaje, querría aprender a conducir
- Aquí no enseñamos a conducir
- ¿No es parte del viaje?
- Le repito que aquí no enseñamos a conducir, si quiere contratar uno de nuestros viajes organizados...
- No, sólo que pensé que podrían enseñarme a conducir mi propio coche, a hacer mi viaje, yo podría pagarles por ello...
- No es una cuestión de dinero...
- Ah ¿no? Entonces, ¿qué me aconseja?
- Vaya a una autoescuela
- No hay ninguna en esta ciudad, la más cercana está muy lejos, en otro país
- Pues váyase allí
- Pero ¿cómo voy?
- Contrate uno de nuestros viajes
- Me he fijado que no viajan allí, no es un destino turístico.
- Ah, pues será que no tenemos convenio.
- ¿Convenio?
- Relación comercial.
- Ah, vaya, ¿y entonces?
- Le repito que si quiere contratar uno de nuestro destinos...
- No, gracias.
- En ese caso buenos días.
- Eran mejores hace un rato.
(.....)
¿Y si me subo a un coche en un lugar tranquilo, poco peligroso, sin mucho tráfico, y voy probando, despacito, para qué sirven los mandos?
Así quizás sepas conducir, pero no tendrás el carnet.
Ah, el carnet...¿qué pasa si no tengo carnet?
Puede ser peligroso
¿Y deja de serlo con el carnet?
Con carnet o sin él, digamos que se puede aprender a conducir. No es difícil imaginar el mundo con pocos coches, cien años atrás, anterior a su regularización administrativa en forma de carnet. Ahora imaginemos un mundo lleno de coches, lleno de carnets, pero sin autoescuelas, ya no. No se sabe por qué, pero una tiene la memoria, la memoria de querer conducir, pese a todo.
Rebeca Beceiredo.
"O modo de vida actual resulta difícil incluso para quen máis rexamente se reprega no eu (psico-social). Aquí atopamos que tanto neuróticos como esquizos precisan drogas -legais ou ilegais- para sobrevivir a existencia en Occidente. O individuo contemporáneo, cada vez máis longamente adolescente, carece dos recursos psicolóxicos e emocionais para tolerar a vida."
" El modo de vida actual resulta difícil incluso para quien más reciamente se replega en el yo (psico-social). Aquí encontramos que tanto neuróticos como esquizos necesitan drogas -legales o ilegales- para sobrevivir la existencia en Occidente. El individuo contemporáneo, cada vez más largamente adolescente, carece de los recursos psicológicos y emocionales para tolerar la vida."
" El modo de vida actual resulta difícil incluso para quien más reciamente se replega en el yo (psico-social). Aquí encontramos que tanto neuróticos como esquizos necesitan drogas -legales o ilegales- para sobrevivir la existencia en Occidente. El individuo contemporáneo, cada vez más largamente adolescente, carece de los recursos psicológicos y emocionales para tolerar la vida."
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