(O también: psicólogos vs psiquiatras.)
El título de esta entrada es también el de un libro escrito por Marino Pérez y Héctor González Pardo, catedrático y profesor titular, respectivamente, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo. El título del libro es lo bastante elocuente como para no necesitar presentación.
El enlace que os adjunto a continuación es de un periódico asturiano, y contiene dos artículos. En el primero, un psiquiatra llamado Marcos Huerta, como portavoz de la Sociedad Asturiana de Psiquiatría, se defiende a capa y espada de lo que parecen ser terribles atentados contra su profesión, contenidos en ese libro. En el segundo, los autores del libro responden aclarando que la histeria desatada puede deberse, en primer lugar, a no haber leído el libro. Pasen y vean el debate, a mi me ha dado ganas de leer el libro, publicado por Alianza Editorial en 2007.
http://www.telefonica.net/web2/ayuda/pol%C3%A9mica.pdf
Luego si queréis votamos.
martes, 11 de mayo de 2010
lunes, 10 de mayo de 2010
jueves, 6 de mayo de 2010
Delirio sostenible, qué bonito.
Me he tomado la libertad de transcribir literalmente las conclusiones de un artículo de neurociencia que habla sobre la relación íntima y personal entre racismo y racionalidad. Al final adjunto dirrección electrónica para que, por favor, os lo leáis enterito.
"La racionalidad delirante: el racismo científico en la segunda mitad del siglo XIX"
Juan Manuel Sánchez Arteaga
"En cualquier caso, el delirio científico colectivo sobre nuestra especie, como hecho histórico, no tiene por que ser negativo ni positivo de un modo absoluto. Quizá alguna nueva forma de delirio sostenible sea la mejor terapia de urgencia que podamos aplicar a una sociedad tecnocientífica regida, en tantas ocasiones, por paradigmas lógico-afectivos conducentes a la autodestrucción. Sólo el fomento incesante de una educación para la crítica frente a la tecnociencia contemporánea puede capacitar a la sociedad para ejercer un uso justo y responsable, verdaderamente democrático, del conocimiento. Si pensamos en la ciencia desde una perspectiva histórica comprobaremos que el horizonte de comprensión contemporáneo del orden de la naturaleza humana es tan limitado como cualquier otro en términos lógicos, metodológicos e históricos, pero su capacidad tecnológica para ejercer la destrucción ha adquirido unos caracteres inauditos, como señala U. Beck en La sociedad del riesgo. De ahí que, en este periodo ultratecnificado de retorno al más oscuro espíritu de las cruzadas no puede obviarse la enorme responsabilidad social de la tecnociencia contemporánea. La significación amplia (socioemocional) de las teorías científicas sobre lo Humano -y con ellas, de las nuevas prácticas colectivas a las que esas teorías otorgan una racionalización- no puede captarse si el análisis hermenéutico de la ciencia no alcanza a ver más allá de la dimensión literal del discurso técnico especializado. En definitiva, ninguna forma de investigación científica sobre la naturaleza humana puede presentarse, bajo la coartada de la objetividad enunciativa-descriptiva o del rigor metodológico, como una necesidad inexcusable de la lógica (¿de quiénes?). La lógica y la racionalidad de la ciencia y la tecnología no pueden servir como excusa para ninguna forma de dominación violenta"
http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0211-57352007000200011&script=sci_arttext
"La racionalidad delirante: el racismo científico en la segunda mitad del siglo XIX"
Juan Manuel Sánchez Arteaga
"En cualquier caso, el delirio científico colectivo sobre nuestra especie, como hecho histórico, no tiene por que ser negativo ni positivo de un modo absoluto. Quizá alguna nueva forma de delirio sostenible sea la mejor terapia de urgencia que podamos aplicar a una sociedad tecnocientífica regida, en tantas ocasiones, por paradigmas lógico-afectivos conducentes a la autodestrucción. Sólo el fomento incesante de una educación para la crítica frente a la tecnociencia contemporánea puede capacitar a la sociedad para ejercer un uso justo y responsable, verdaderamente democrático, del conocimiento. Si pensamos en la ciencia desde una perspectiva histórica comprobaremos que el horizonte de comprensión contemporáneo del orden de la naturaleza humana es tan limitado como cualquier otro en términos lógicos, metodológicos e históricos, pero su capacidad tecnológica para ejercer la destrucción ha adquirido unos caracteres inauditos, como señala U. Beck en La sociedad del riesgo. De ahí que, en este periodo ultratecnificado de retorno al más oscuro espíritu de las cruzadas no puede obviarse la enorme responsabilidad social de la tecnociencia contemporánea. La significación amplia (socioemocional) de las teorías científicas sobre lo Humano -y con ellas, de las nuevas prácticas colectivas a las que esas teorías otorgan una racionalización- no puede captarse si el análisis hermenéutico de la ciencia no alcanza a ver más allá de la dimensión literal del discurso técnico especializado. En definitiva, ninguna forma de investigación científica sobre la naturaleza humana puede presentarse, bajo la coartada de la objetividad enunciativa-descriptiva o del rigor metodológico, como una necesidad inexcusable de la lógica (¿de quiénes?). La lógica y la racionalidad de la ciencia y la tecnología no pueden servir como excusa para ninguna forma de dominación violenta"
http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0211-57352007000200011&script=sci_arttext
martes, 4 de mayo de 2010
Antropología del delirio
Para apoyar mi "Teoría de las flores escondidas" he encontrado este artículo, lo he leído por encima pero ha sido suficiente (para querer leerlo con calma por lo menos) Va a ser que mi lado indígena goza de una estupenda salud, así como mi lado racional. Se puede decir que tengo doble culturalidad en lo que se refiere a la conciencia, lo cual no quita que una culturalidad me sea más útil que otra en según qué mundo vivo, tipo este, por ejemplo. Así que de enfermita nada.
http://transdisciplinaria.com.ar/transpersonal/?p=44#more-44
¡Viva la antropología cultural y sus amplísimas visiones del ser humano!
http://transdisciplinaria.com.ar/transpersonal/?p=44#more-44
¡Viva la antropología cultural y sus amplísimas visiones del ser humano!
Buscando a Eric, de Ken Loach
¡Ken Loach ha hecho una comedia!
La noticia, en realidad, no es reciente, aunque sí para mí que la acabo de ver. De esta tiernísima película me quedo con la visión del sufrimiento mental como viaje de búsqueda, con la fuerza indestructible de la amistad, y también con la fuerza de la creatividad para afrontar los pequeños y grandes conflictos. Ken Loach también piensa que "delirar" puede ser muy constructivo, y yo estoy encantada de que lo haya compartido con nosotros en esta película.
Ken Loach es un señor muy sabio.
La noticia, en realidad, no es reciente, aunque sí para mí que la acabo de ver. De esta tiernísima película me quedo con la visión del sufrimiento mental como viaje de búsqueda, con la fuerza indestructible de la amistad, y también con la fuerza de la creatividad para afrontar los pequeños y grandes conflictos. Ken Loach también piensa que "delirar" puede ser muy constructivo, y yo estoy encantada de que lo haya compartido con nosotros en esta película.
Ken Loach es un señor muy sabio.
lunes, 3 de mayo de 2010
Tonterías
De vez en cuando, se me ve repetida e inmóvil, absorta en actividades que duran ya demasiados años. Que no avanzan...hacia arriba, hacia lo alto, la cima, el éxito, la realización ¿?
¿Qué es todo esto? ¿una idea de trayectoria, quizá? ¿acaso ver la vida y el tiempo como una escalera? ¿cuántos peldaños? ¿dónde tengo el pie derecho y dónde el izquierdo? ¿adónde no he llegado a estas alturas?
Qué fatalidad tendría que sentir, qué injusticia, qué mala suerte, o qué dejadez por mi parte. Debería lamentar la falta de ambición que sólo me condena a la pobreza, no, a una llevadera austeridad. Y en cambio no lamento abrir los ojos después de haberlos cerrado, todas las noches antes y después de todos los días. No lamento que haya tanta luz donde hubo tanta sombra, tantas y tan diferentes.
Pero hay que estar aquí dentro y nadie más lo está. ¿Alguna vez alguién te invitó a sus pensamientos? No importa, casi nadie ha tenido ese honor, aunque sí quizá, y muchas veces, se hayan recibido palabras como regalo, todo tipo de palabras. Se regalan y se venden todos los días en todas partes. Se venden caras, son muy útiles. Su utilidad se mide en lágrimas, acciones, mudanzas, secretos, palizas, mejillas sonrosadas, suspiros, promesas. Y qué bueno cuando arrancan carcajadas. Por ellas me volvería ambiciosa, por ellas quizá sí.
¿Qué es todo esto? ¿una idea de trayectoria, quizá? ¿acaso ver la vida y el tiempo como una escalera? ¿cuántos peldaños? ¿dónde tengo el pie derecho y dónde el izquierdo? ¿adónde no he llegado a estas alturas?
Qué fatalidad tendría que sentir, qué injusticia, qué mala suerte, o qué dejadez por mi parte. Debería lamentar la falta de ambición que sólo me condena a la pobreza, no, a una llevadera austeridad. Y en cambio no lamento abrir los ojos después de haberlos cerrado, todas las noches antes y después de todos los días. No lamento que haya tanta luz donde hubo tanta sombra, tantas y tan diferentes.
Pero hay que estar aquí dentro y nadie más lo está. ¿Alguna vez alguién te invitó a sus pensamientos? No importa, casi nadie ha tenido ese honor, aunque sí quizá, y muchas veces, se hayan recibido palabras como regalo, todo tipo de palabras. Se regalan y se venden todos los días en todas partes. Se venden caras, son muy útiles. Su utilidad se mide en lágrimas, acciones, mudanzas, secretos, palizas, mejillas sonrosadas, suspiros, promesas. Y qué bueno cuando arrancan carcajadas. Por ellas me volvería ambiciosa, por ellas quizá sí.
sábado, 1 de mayo de 2010
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