miércoles, 20 de octubre de 2010

Lucideces

cosas que tu psiquiatra nunca me dijo


Había una vez una chica que padecía de lucideces, crónicas, intermitentes o invisibles, según el día. Era su tierra especial en fenómenos telúricos, de forma que fantaseó muy pronto con decicarse al turismo cultural, geografía e historia de las principales penínsulas rodeadas de mar por todas partes menos por una que venía siendo el viento. Arrebatósela por el camino la literatura en su empeño fantástico de contar el mundo con pocos nombres y apellidos que no lo fueran o fuesen, o, al menos, fantasmagóricos. Y quedó pendulada de Rayuela en medio de un tren. Casi se muere del susto.

Si no llega a ser por la chamana supermana, hubiera permanecido multiproblematizada por el concepto de familia, pero no. Resistiendo resistiendo se fue acostumbrando a la idea de hacer habitualmente lo que le viniese en gana, tan habitualmente como su férrea voluntad le viniese permitiendo, cayendo en desgracia cuantas veces fueran necesarias para alcanzar lo inalcanzable, que nunca era igual a sí mismo.

Tal panorama no podía salir gratis, ni pagando. Pero no era la morosidad, tampoco, su punto fuerte. Tonteó con el delito y ahí se le dió la vuelta el mundo, qué sudores fríos para una nena de colegio de monjas, y por qué tontería tan fácil de reparar se hubo de quedar para el arrastre y no de barcos. Y tampoco fue eso lo que la había de llevar a conocer no tanto el hielo como el infierno en una noche de miedo serio, tan serio e indeseable, o más, que el peor enemigo de cualquiera.

Los que habían de salvarla usaron también el miedo, entretejiéndoselo en el cuerpo con hilo blanco industrial y primorosamente bordado a máquina. Acuarelar las consecuencias no fue del todo mala idea, teniendo en cuenta las pocas personas que comprenden sus extraños cuadros. Ahora bien, toda la vida pintando miedos acaba con la paciencia de cualquiera, mejor le hubiera ido con buenos amuletos de los que venden en todo a cien.

Qué importa ahora que la buena música le baila las lucideces. Y más que hubiera.

5 comentarios:

  1. Almudena y Raúl, aún no os había dicho que me encanta vuestro blog. Gracias por pasaros por aquí a celebrar.Besos.

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  2. De nada etiquetada, un placer pasarnos por aquí, que por algo somos del mismo gremio.

    Besos!!

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